viernes, noviembre 28, 2008

Diarios de bitalaxia – Capítulo 10

La fuerza de cinco deditos


Habíamos quedado unas cuantas milésimas de segundo más tarde pero salí de casa de mi madre antes de tiempo ya que no podía seguir mirando a la cara y no despedirme como debería haberlo hecho.
Aquel día las emociones se habían amontonado en mi cuerpo tuve que intentar buscar una nave, frenar mis deseos de atracción sexual hacia alguien de mi mismo sexo, mirar a la cara a mi madre como si me fuese para volver en unos minutos, programarla para que viviera eternamente en una falsedad y ahora mostrarme como un hombre seguro ante Lisboa.
Me sentía tan inseguro como el primer día que entré a trabajar a Mc´Pildors o cuando por primera vez mantenía relaciones con una chica sin necesitar pastillas generadoras de deseo. De lo único que estaba seguro era de no saber hacia donde nos dirigíamos. ¿Sabíamos a caso por donde se iba a La Tierra?, ¿y salir de Einstein? Yo jamás había salido del planeta pero es que Lisboa lo más lejos que había ido fue a Bell. Sin embargo, Lisboa me transmitía seguridad y confianza. Es cierto que me iba por ella, no habría tomado esa decisión en mi vida por cuenta propia. Durante toda mi vida me había limitado a ser un conectado más que seguía las normas. Pero todo eso cambió desde el día en que conocía a Lisboa.
A la hora exacta allí estaba Lisboa. ¡qué belleza! Cada día me parecía más y más bella pero en aquel momento ella transmitía una energía tal que casi se podía decir que en el Universo acababa de nacer una estrella más: Lisboa, mi estrella.

(suspiró fuertemente)
- Lo sé, yo también siento lo mismo.
- Washington, jamás olvidaré este momento. Me siento tan ... tan ...
- ¿feliz?
- No, esa palabra no abarca todo lo que estoy sintiendo y de hecho creo que no existe palabra aún que lo pueda hacer. Hoy me han venido a mi memoria tantos y tantos sentimientos y momentos del pasado que se agolpan todos en mi cuerpo y el resultado es tan brutal.
- Bueno, yo hoy he tenido también un día un poco movidito.
- Washington sé que vamos a vivir muchas experiencias en esta aventura. Sé que en el fondo tú aún no estás preparado pero tampoco creas que yo lo estoy. Así que sólo te voy a pedir que en momentos en los que me veas que puedo sentirme mal me des la mano.
- ¿la mano?, ¿para qué?
- Tú tan solo dame la mano, ¿de acuerdo? El resto ya lo hago yo.

No entendía en aquel momento para qué querría mi mano cuando estuviese triste. Pensaba que tal vez Lisboa había leído demasiados libros y creía que aquellos tenía una fuerza especial, como si yo fuese un hechicero o un mago.

A la hora exacta allí estaba Frankfurt con un híbrido entre una nave y un montón de chatarra pero por lo visto aquello tenía la consistencia necesaria como para sacarnos de allí. No teníamos tiempo que perder. A toda velocidad Frankfurt nos llevó a una zona exterior no controlada, en unos breves segundos le explicó a Lisboa para qué servían todos aquellos botones, me parecían tantos que yo por si a caso activé la grabación de datos por si en algún momento lo necesitábamos. Antioquia y Frankfurt se quedaron allí y en unos pocos segundos ya estábamos fuera de Einstein. Jamás pensé que fuese tan sencillo. De hecho me había imaginado alguna persecución en la que un grupo de agentes de vigilancia y seguridad nos dispararan con su láser GK03, pero imagino que en el fondo no éramos más que un conectado y una desconectada más que salíamos de Einstein. Lo normal es que la gente quisiera entrar en Einstein y no salir.

Me giré para mirar hacia atrás y despedirme de Einstein. Pensé en mi madre y sentí un ligero sentimiento de tristeza pero en seguida la vi viendo su capítulo de “Los Bushimpson” y me sentí menos culpable. Ella estaría bien. Además de mi yo introrreal estaba el androide de servicio que la cuidaba mejor de lo que lo pudiese haber hecho yo.

Justo en aquel momento Lisboa reprodujo en la pantalla de la nave una canción. De nuevo aquella era un mensaje de Lisboa para mí que no sabía descifrar así que lo volví a archivar y tiempo después supe de qué se trataba. Era la fuerza de los cinco deditos.

Never knew I could feel like this
Like I´ve never seen the sky before
I want to vanish inside your kiss
Every day I love more and more
Listen to my heart, can you hear it sings
Telling me to give you everything
Seasons may change, winter to spring
But I love you until the end of time

Come what may
Come what may
I will love you until my dying day

Suddenly the world seems such a perfect place
Suddenly it moves with such a perfect grace
Suddenly my life doesn´t seem such a waste
But our world revolves around you
And there´s no mountain too high
No river too wide
Sing out this song I´ll be there by your side
Storm clouds may gather
And stars may collide
But I love you until the end of time

Come what may
Come what may
I will love you until my dying day

Oh, come what may, come what may
I will love you, I will love you
Suddenly the world seems such a perfect place

Come what may
Come what may
I will love you until my dying day







jueves, noviembre 27, 2008

Adelante

Ha sido hoy cuando después de varios días por fin he abierto los ojos y el corazón y he dejado que la parte de ese sentimiento tan fuerte que me provocan a partes iguales tu presencia y ausencia se marchara. Y he de admitir que me siento mucho más ligero, más alegre, más entusiasta y mucho más vital, con ganas de mirar hacia el futuro y disfrutar de tu presencia.

Al dejar marchar esa parte dañina, paranoica, celosa, casi cancerígena, estoy permitiendo también hacer lo mismo al amor y la esperanza que sentía hacia ti de que quizá en tu nuevo cuerpo, tu nuevo nombre y tu nuevo carácter fueras tú. Pero no lo eras y reflexiono sobre ese “ser tú” y comienzo a ver la variable de que tal vez “tú” es una creación de mi cabecita, como una persona idealizada en mi interior a lo largo de los años, basada en miles de historias de amor que puede que nunca fueran como se contaron y mi corazón las acogió como reales y posibles. Y al hacer esta reflexión me vuelvo a sentir ligero, alegre, entusiasta y mucho más vital.

No significa esto que me olvide de ti, que me vaya a alejar sentimentalmente de ti, que vaya a renegar de ti. Al contrario quiero estar incluso mucho más cerca y poder disfrutar de muchos momentos (grandes y pequeños) y hacerlo siendo consciente de que con este abrir de ojos los he ganado y con esta actitud los disfrutaremos mucho más.

Antes de seguir andando quisiera decirle a esos sentimientos a los que hoy he metido en una cajita con dirección “el olvido” que procuren no volver por aquí ya que voy a empezar un curso con la mejor maestra que cualquier alumno pudiera soñar para vetarles la entrada. A los señores celos: no sois bien recibidos por aquí, no volváis. A las señoras paranoias: asistan a un curso de reciclaje y las esperamos con los brazos abiertos en el departamento de creatividad, la segunda neurona a la izquierda.

Hoy paseando he conseguido abrir los ojos. Ahora me queda lo más duro que es iniciar el proceso de aprendizaje, ir asimilando poco a poco las actitudes, pensamientos y acciones que uno tiene que interiorizar para no volver a caer en los mismos errores. Hoy se inicia un nuevo día, de la mano de mi pluriempleada profesora, hoy vuelvo a sentirme libre y puedo mirar hacia delante.

lunes, noviembre 24, 2008

Diarios de bitalaxia – Capítulo 9

La decisión más difícil



Si algo me había demostrado Lisboa siempre es que si se proponía algo lo conseguía y con la búsqueda de la nave de nuevo había logrado su meta lo que no hacía más que enviarme mensajes de confianza que dicho sea de paso los necesitaba en cantidades industriales.

Mi chica había conseguido en unos pocos minutos reunir por numerosos cementerios de naves las piezas suficientes para que Frankfurt, novio de Antioquia y ex empleado de Mercedes-BMW, nos fabricase una nave que al menos aguantara para salir de Einstein. Una vez fuera del planeta estudiaríamos la posibilidad de salir de la galaxia en esta misma nave o utilizar naves transportadoras.

A las 7:22:48:09 habíamos quedado enfrente de la casa de Antioquia. Desde allí Lisboa y yo seriamos guiados hasta el lugar donde estaba escondida la nave. Estoy seguro que Lisboa conocía ya dónde era ese lugar pero lo importante era que yo en ningún momento lo supiera para en caso de ser abordados por un agente de vigilancia y seguridad no pudieran sacarme información alguna.

Del concesionario de FIAT-Ford-Skoda me fui directamente a mi casa a recoger algo de ropa y a tomar la decisión sin duda más difícil: mirar a mi madre a la cara y decirle que me marchaba.

Cuando llegué a casa allí estaba mi madre hipnotizada ante su emisión diaria introrreal favorita : “Los Bushimpson”. De nuevo estaba viendo el capítulo 2.657.982 que podrían haber repetido unas 2000 ocasiones como mínimo pero que ella disfrutaba cada día. Y lo cierto es que la serie tenía su gracia: un alcohólico padre de familia que un día descubre un combustible de color negro similar al oxígeno pero bajo tierra y con el dinero de vender el líquido decide convertirse en el Cesar de todo su planeta y conquistar nuevos territorios y todo como decían en España sin saber hacer la “o” con un canuto.

¿cómo podía decirle a mi madre que me iba a La Tierra?, ¿sabía ella donde estaba La Tierra?, ¿lo sabía yo?, ¿cómo podía transmitirle seguridad a mi madre cuando ni siquiera yo la sentía?

- ¡Hola mamá!, ¿viendo los Bushimpson?
- Sí
- Mamá ...
- Mira, mira, ahora es cuando se atraganta con la galleta
- Mamá, si ya te lo sabes de memoria, ¿por qué lo sigues viendo?
- Porque aunque me lo sepa me sigue haciendo reír
- Ya, pero podrías ver otras cosas que también hacen gracia.
- Pero si a mi me sigue haciendo reír, ¿por qué voy a cambiar?
- Ehhhh ...
- Venga que han hecho el descanso, dime, ¿qué quieres?
- Pues que me voy.
- ¡Ah! Vale, pues no vuelvas tarde Washington que luego estoy preocupada.
- ¿por qué mamá?
- Por si te pasa algo.
- ¿como qué?
- Bueno, pues que alguien te haga daño.
- Mamá, vivimos en Einstein aquí nadie hace daño. ¿conoces a alguien que conozca a alguien al que le hayan hecho daño?
- No.
- ¿entonces?
- Pero yo tengo miedo. Washington cariño cuando tu padre y yo tuvimos que huir de Da Vinci ...
- Sí, mamá ya lo sé, pero eso fue hace meses, pero Einstein es un planeta más tranquilo, más seguro, en Einstein todo es siempre como tiene que ser, todo el mundo se dedica a cumplir las normas y todo el mundo sabe lo que le espera si las incumple, en Einstein mamá ...
- ... nunca pasa nada. Tienes razón hijo.

Mi madre acababa de darme la mejor definición de Einstein que jamás había escuchado. Toda mi vida había estado viviendo en un planeta en el que nunca sucedía nada y justo el día que me iba mi madre me había ayudado a darme cuenta.

Definitivamente no podía decirle a mi madre la verdad y menos aún a la cara. Así que solo fui capaz de ingestar en su sistema una introrrealidad bajo la cual ella siempre creería que como cada día yo volvía de la fábrica de Mc´Pildors y le saludaba como siempre, le hacía las mismas preguntas y le daba el mismo beso cada noche. Mi madre vivía desde hacía meses en su propia introrrealidad hecha a partes iguales de momentos de realidad e introrrealidad. Y yo no había hecho nada por evitarlo pero tampoco estaba dispuesto a convertirme en un conectado más y pasar a formar parte de un sistema que nos manejaba a su antojo.

domingo, noviembre 23, 2008

Estúpidas promesas

Hoy, un día cualquiera en el calendario, vuelvo a realizar estúpidas promesas que como siempre caerán en saco roto con el paso de los atardeceres. De nuevo hablo de no volver a cometer errores, de no volver a repetir sentimientos y de nuevo me siento cómo si todo lo que digo o escribo no servirá de nada y volveré a caer en tus brazos.

Cada vez eres distinta y la gente te llama de diferentes maneras. Tu pelo cambia de moreno a rubio, de rubio a pelirrojo para acabar siendo de nuevo moreno. ¿a caso crees que me engañas? Te reconozco en cada cambio, sigues siendo la misma.

Tus ojos me siguen engañando como la primera vez y me hacen creer de nuevo que soy alguien para ti, que te importo, que hay un lugar especial para mi en tu vida. Tus ojos me hacen soñar en futuros en los que siempre me veo reflejados en ellos y en ese reflejo siempre hay un brillo que los resalta e ilumina. Tus ojos siempre me hacen respirar profundamente para llenar mis pulmones de aire porque a cada cruce con los míos siento miles de mariposas revoloteando por dentro y ocupando un espacio reservado para ti muy cerca: en el mismísimo corazón.

Tu piel es ahora tostada pero sigo recordando cuando era blanca y las pecas brotaban y desaparecerían para luego volver a brotar y de nuevo desaparecer. Siempre me atrajo tu piel aunque no siempre me dejaras acariciarla y en ocasiones a penas me dejaras verla. Era en éstas ocasiones cuando yo soñaba que como en la canción era aire que con fuerza se dirigía a ti y bailaba entre tus cabellos y disfrutaba acariciándote suavemente una y otra vez. Y cuando el viento cesaba me convertía en lluvia para caer desde el cielo hasta algún poro de tu piel y sentirme la gota más afortunada.

Tu sonrisa es una melodía creado por un odioso discípulo de Cupido que deseoso de recibir la aprobación de su maestro la va cambiando de estilo generándome confusión y haciéndome creer que se trata de una nueva sintonía diferente a las anteriores pero finalmente siempre descubro que se tratan de las mismas notas interpretadas con diferentes instrumentos.

Hoy, de nuevo, y como en otras hojas arrancadas del calendario prometo que no volveré a mirarte a los ojos, que no rozaré tu cabello, que no cambiaré de estado para poder tocar tu piel y que mis oídos quedarán cerrados ante tus cantos. Hoy de nuevo sé que todas estas promesas son estúpidas y es precisamente por saberlo que me siento más estupido.

jueves, noviembre 20, 2008

Diarios de bitalaxia – Capítulo 8

Yo quería ...

Desde que Lisboa y yo nos despedimos habían pasado ya como unos treinta minutos y como dijimos no nos habíamos puesto en contacto el uno con el otro, lo cual significaba que ella tampoco había encontrado una nave.
Yo había estado pensando en las distintas posibilidades que tenía a mi alrededor pero ninguna de ellas me parecían válidas. Einstein no tenía ningún medio de transporte común con el que abandonar el planeta, toda entrada y salida se hacía a través de la compañía estatal AirBush VI que solo vendía plazas con un plazo máximo de una semana anterior a la salida del vuelo. Tiempo más que suficiente para que hubiesen investigado sobre nosotros hasta la talla de nuestra ropa interior.
Pensé en pedir prestado a mis padres su nave pero teniendo en cuenta que para ello tendría que darle una explicación a mi madre lo descarté de inmediato, además de que no sabiendo si volvería de La Tierra no podría considerarlo un préstamo sino más bien un anticipo hereditario. Por último se me ocurrió pedirle a mi tío Cannes una de las numerosas naves de las que disponía pero pensé que tal vez Lisboa no estaría muy de acuerdo en iniciar un viaje “revolucionario” en una nave procedente de un adinerado. Así que tras darle muchas vueltas llegué a la conclusión que la mejor opción para este viaje era entrar a un concesionario de naves y robar una mientras la probaba antes de comprarla. Pero yo no sabía nada de naves y tampoco había sido nunca un buen actor, necesitaba tomarme alguna pastilla de reproducción de comportamiento, así que abrí el cajón y vi un montón de pastillas pero eran de todo tipo. Desde la que producían risa hasta las que producían apetito sexual. En algún lugar había una pastilla que te permitía actuar justo como le indicaras a tu sistema. Este tipo de pastillas se utilizaban sobre todo para cuando tenías alguna cita con chicas. El problema es que una vez fuera de su envoltorio todas las pastillas eran iguales y no disponía de crédito ni de tiempo para comprar más pastillas por lo que cogí un par de ellas, me las metí a la boca y me dirigí al concesionario.

- ¡Bienvenido a FIAT-Ford-Skoda!, en breves momentos le atenderá uno de nuestros empleados, mientras puede...

Ya estaba harto de las frasecitas de bienvenidas, las mismas en todas las tiendas, fueran de lo que fueran. Además estaba demasiado concentrado en el rol que debía desempeñar: era un importante accionista de McPildor´s interesado en comprarle a mi chica una nave. Previamente había observado a algunos de los presentes en el concesionario. Se movían con naturalidad, demostrando ser lo que quizá no eran, gastando bromas que quizá ni entendían, tal vez envueltos en una situación similar a la mía.
Fijé mi atención en el vendedor que en ese momento estaba dirigiéndose a una mujer que no sabía muy bien si decantarse por el modelo Emerson Fittipaldi o por el Fernando Alonso, por lo visto dos grandes corredores de un deporte que en la Tierra fue muy popular y que sería algo así como el antecedente de las carreras de naves ultraligeras.
Me acerqué al área de venta y de repente un aroma embriagador comenzó a introducirse por mi nariz que traducían aquel olor en una sensación de profundo placer. Comencé a mirar a la mujer indecisa pensando que era ella la portadora de aquella brisa tan sensual pero a los pocos segundos ella se marchó y allí seguía ese aroma. Fue entonces cuando descubrí que su origen era el del vendedor, un chico joven, guapo, de estatura media y con un look muy similar a Hollywood Clooney. Tenía un tono de piel canela que como el de la especia comenzó a provocar en mí un fuerte deseo de atracción hacia él. Era la primera vez que me pasaba algo así. Jamás me había atraído una persona de mi mismo sexo y con las chicas difícilmente se despertaba mi instinto sexual con tanta rapidez a no ser que ... ¡claro!, eso era...¡Bush!, no podía ser, ¡qué idiota!, me había ... pero, ¿cómo?... claro, todas allí revueltas, en un mismo cajón... ¿y cómo podía parar aquello? No podía.., es decir, no debía ...

- ¡Buenos días caballero!, ¿en qué puedo ayudarle?

¿en qué podía ayudarme?, ¿qué le contestaba?, ¿la verdad? “Pues mira ahora mismo si nos fuésemos a la parte trasera de cualquier nave y me abrazases con esas manos fuertes y con la misma pasión que yo siento no estaría mal para empezar”

- Ummm, bueno, yo ...

Tenía que controlarme, pero no podía, no podía, definitivamente no podía. Aquello era fruto solo de unas pastillas excitantes, me había fijado en él para estudiar cómo actuar ante él y ahora estaba tratando de actuar para que no se diera cuenta que tenía fijación por él. Pero es que aquella camisa ajustada a su cuerpo y esa nuca ... ¡Bush! No podía parar aquello cada vez iba más en aumento.

- Si necesita tiempo para seguir mirando y pensárselo. No se preocupe.

A ver, tiempo, lo que se dice tiempo no necesitaba. Yo ya estaba preparado. Y mirar no podía seguir mirando porque cada vez me apetecía más saltar aquel mostrador y besarle con toda la pasión. ¡Pero qué culo! Me estaba imaginando aquellos glúteos entre mis dientes. Aquellos glúteos definitivamente habían sido creados para ser mordisqueados y besados en cada uno de sus poros.

- Yo quería ...

Yo quería, yo quería , pero no podía, no podía.

- Sí, digame.

Yo quería que mis 21 centímetros volviesen a convertirse en diez y salir de allí cuanto antes. Había entrado para robar una nave y el vendedor me había robado mi autocontrol.

(mensaje de voz interno) – Solicitud de conexión con Lisboa.

(al vendedor) – Un momento por favor

- Dime Lisboa

(unos segundos)
- Pues ... bueno, estoy en ...

(unos segundos)

- ¿la has conseguido?

(unos segundos)

- Vale, vale, voy para allá.

(al vendedor) – Perdón, era ...

¿Le decía quién era y rompía así la posibilidad de ...? Ni siquiera podía pensar en la palabra que definía a Lisboa en mi vida, ese maldito deseo me controlaba y quería ser saciado fuese como fuese. La composición de las pastillas llevaban elementos que provocaban que ante el miedo, el deseo fuese mayor, así que me desconecté del sistema durante unos minutos.

- ... yo quería ...

domingo, noviembre 09, 2008

Diarios de bitalaxia – Capítulo 7

Cuenta atrás

(Voz en off) - Acceso autorizado, ¡bienvenida Lisboa!

Llevaba horas esperando esa frase y cuando por fin la escuché allí estaba ella. Su rostro reflejaba que algo duro le había pasado durante aquellas horas de ausencia, pero su entereza, su férrea actitud ante la vida era la misma, nada hacía entrever que había pasado todas aquellas horas con un par de agentes de vigilancia y seguridad que una y otra vez le preguntaban los motivos que le habían llevado a desconectarse, por qué andaba conmigo, qué intereses tenía en ello y un sin fin de preguntas que tenían como único objetivo conseguir que se desmoronara pero aquellos agentes no sabían con qué chica estaban tratando.

- Lisboa, ¿qué ha pasado?

Por supuesto, no me respondió en aquel momento. Tan solo nos dimos un abrazo en el que pude sentir algo de necesidad afectiva por su parte y al que me habría gustado poder corresponder con algo más de calor por mi parte pero mi sistema seguía conteniendo cualquier tipo de emotividad.

- Está bien, no te preocupes ya estás en casa.
- Tenemos que encontrar una nave cuanto antes Washington.
- Pero, ¿qué ha pasado?
- No puedo contarte nada en estos momentos y no lo podré hacer hasta que bien te desconectes bien salgamos de Einstein. Y además te pediría que diariamente eliminaras toda información relacionada conmigo y nuestras conversaciones.
- Pero Lisboa necesito saber por qué me pides esto, necesito saber.
- Washington llevas 31 meses sin saber, podrás aguantar unos cuantos minutos más. Estoy convencida de ello.
- Está bien, confío en ti Lisboa, pero no sé si podré encontrar una nave antes de dos horas.
- Bueno, a partir de ahora Washington, cada uno va a intentar por su lado encontrar una nave o cualquier medio de transporte que se le parezca y que nos pueda sacar de Einstein. Si no podemos conseguir una nave aquí, la conseguiremos en otro planeta o galaxia, el universo es muy grande, pero lo importante ahora es saber si sigues queriendo venir conmigo, si realmente lo deseas y quieres dar este paso conmigo.
- ¿bromeas? Claro que quiero Lisboa. Quiero hacer esto contigo, estamos juntos en esto.

Por lo visto dije algo importante pues se abalanzó sobre mi y nos dimos un largo y sentido beso que fue como nuestra firma de un pacto por supuesto no escrito. Desde aquel momento tenía que moverme con cautela pero rápidamente para ver de qué manera podíamos salir de Einstein. Cada milésima de segundo era una oportunidad perdida y no disponíamos de muchas en nuestra cuenta atrás.

jueves, noviembre 06, 2008

Estoy harto

Es tan fuerte e inexplicable a la vez este sentimiento que tan solo la idea de hablarlo, exponerlo o explicarlo me parece estúpida. Querer transformar en palabras, en sonidos, en elementos gráficos lo que uno siente tan adentro cuando es casi inexplicable, cuando uno ni siquiera sabe de donde salió el propio sentimiento, qué lo ha creado, en qué momento un grupo de elementos químicos quedaron en alguna parte de mi cuerpo y decidieron joderme de esta manera.
No soporto ni un segundo más ver reflejada tu sonrisa en el rostro de otro hombre, ni observar cómo tu voz cambia su tono al encontrarse con la suya, tampoco aguanto cuando un roce de su mano sobre tu espalda te hace sentir escalofríos por todo el cuerpo o cuando dices que un olor te recuerda a él. Me hunde ver cómo mis intentos de animarte se desvanecen ante cualquier llamada telefónica de él, cómo me hago invisible con su presencia, cómo nuestro tiempo se reduce a la nada si él está o cómo se oxida una cena que había preparado para los dos y que ahora sólo yo como mientras pienso en lo harto que estoy de sentirme de esta forma.
Estoy harto de sentirte como te siento por cómo me siento cuando tú no me sientes. Estoy harto de sentirme como me siento por cómo no me sientes cuando te siento. Estoy harto de sentir que la vida sin ti es este sentimiento.