Siempre me ha resultado curioso y ha despertado mi atención los por qué de muchas de las cosas de nuestro día a día. Esas pequeñas cositas que de niño siempre tienen un "¿Y por qué papá/mamá?" por pregunta y un resignado " porque sí". Uno de los grandes por qué es cómo un rayo de luz que atraviese el objetivo de una cámara convierte en inmortal un instante de nuestras vidas. Ese instante quedará para siempre en el recuerdo.
Pues bien, en mi carrete fotográfico personal hay una serie de instantáneas que no sé muy bien el motivo pero se han quedado impregnadas, por ese rayito de luz, en mi memoria y últimamente se muestran en mi.
El primer recuerdo que tengo siempre he creído que tuvo que ser algún sueño de niño que quedó grabado como recuerdo. Cuando lo comentaba con mi madre o mi abuela ellas siempre me decían que no recordaban aquel día, pero tengo guardado ese instante en el que yo sentado en alguna amaca de bebé, en mitad de la playa era el centro de todas las atenciones. Y en concreto recuerdo al "chacho" Leandro (hermano de mi abuela materna) diciéndome alguna gracia.
Otros recuerdos no son tan agradables. Como aquel día que salimos mi padre, mi madre y yo en el coche a dar una vuelta y por algún motivo yo no quise ir a algún sitio, lo cual provocó el enfado de mi madre y la vuelta rápida a casa. Yo estaba sentado en la parte de atrás del coche y recuerdo la cara de mi padre cuando al sacar la llave del contacto se giró para mirarme y sin decir palabra me transmitió un "por tu culpa hoy tampoco hemos disfrutado de un día en familia".
También me vienen muchos momentos de mis veranos en La Manga. Recuerdo cuando sacaba a pasear al perro de mi abuela, un pekinés que se llamaba Oscar y aunque un poco gruñón en el fondo era un buen tipo. O cuando preparábamos los bailes para algún cumpleaños y me sentía parte de un grupo en el que todos los veranos había alguna pelea, escisión y reconciliación. Ya por entoncés casi siempre estaba en medio. También recuerdo un día que abducido por la Nintendo estuve muchas horas metido en casa de Juanje, un pelirojo murciano, hermano de Sole, ¡vaya con la Sole!.El caso es que mi abuela, una mujer de excesiva tranquilidad, se puso muy nerviosa y salió a la calle a buscarme pensando que algo grave me habría pasado. Nunca volví a ver a mi abuela tan nerviosa. Pero hay un recuerdo gracioso, y que estoy seguro que como la mayoría de ellos la persona implicada no recordará. Una tarde de verano Lourdes, la chica que durante varios veranos me hizo desviar muchas miradas hacia su balcón en búsqueda de su inocente y pícara mirada, desde un septimo u octavo piso me dijo "Manuel, tengo un conejo". Y yo, desde mi inocencia, le contesté: "Ya, me lo imaginaba".
Del día de mi comunión recuerdo sangre, mucha sangre, y toda procedente de mi nariz que, tras una breve incursión de uno de mis dedos, decidió alzarse con el protagonismo del día y casi lo consiguió. Afortunadamente había una estudiante de medicina. De otras comuniones me vienen a la memoria una en Mula en la que un grupo de niños decidimos arrojar neumáticos de camión cuesta abajo para que chocaran contra los coches y la de mi primo Salva en la que no recuerdo quién sacó toda mi furia y entre varios adultos se las veían incapaces para poder controlarme.
Y estos son solo algunos de los muchos recuerdos que han acudido a mi mente, pero ahora sentado frente a este portatil me vienen más y más, y cobran vida, y viajo en el tiempo y pienso que quizá algún día recuerde el día en el que recordé.
blog destinado a que un don nadie como yo pueda permitirse volar sin rumbo fijo
lunes, enero 26, 2009
jueves, enero 15, 2009
Os estoy observando
Este mensaje va destinado para todos vosotros, no hace falta que diga ni nombres, ni edades, ni rasgos físicos, ni a qué grupo pertenecéis porque vosotros ya sabéis que estáis siendo observados pero con la pequeña diferencia respecto a mi de que no conocéis mi identidad.
Es por ello que os recomiendo que caminéis por las calles con cautela pues ahí estoy, esperando el momento oportuno para actuar, para acometer la función que me ha sido asignada y os aseguro que en más de una ocasión he podido sacar la pistola y atravesaros la sien con cualquiera de las balas que tengo preparadas para vosotros. No me ha detenido el miedo sino la compasión por todas aquellas personas que nos rodeaban en una tienda, en un cine, en la calle o en los pasillos del metro. Mientras he disfrutado imaginando la trayectoria de la bala desde que apretaba el gatillo hasta que se introducía en vuestro cráneo en ocasiones para abandonarlo y en otras para quedarse en su interior provocandoos una lenta muerte. He visionado cómo la sangre se extendía lentamente alrededor de vuestro cuerpo y cómo me permitía el lujo de miraros frente a frente a vuestros ojos deseandoos un buen viaje.
He preparado con mimo cada una de esas balas. Cada una de ellas tiene un destinatario, una bala por persona, no necesito más.
Tened la certeza de que pronto, en cuanto abandone estas cuatro paredes que me separan del mundo en el que vivís saldré y os buscaré uno a uno. Hasta entonces, disfrutad del tiempo que os resta.
Es por ello que os recomiendo que caminéis por las calles con cautela pues ahí estoy, esperando el momento oportuno para actuar, para acometer la función que me ha sido asignada y os aseguro que en más de una ocasión he podido sacar la pistola y atravesaros la sien con cualquiera de las balas que tengo preparadas para vosotros. No me ha detenido el miedo sino la compasión por todas aquellas personas que nos rodeaban en una tienda, en un cine, en la calle o en los pasillos del metro. Mientras he disfrutado imaginando la trayectoria de la bala desde que apretaba el gatillo hasta que se introducía en vuestro cráneo en ocasiones para abandonarlo y en otras para quedarse en su interior provocandoos una lenta muerte. He visionado cómo la sangre se extendía lentamente alrededor de vuestro cuerpo y cómo me permitía el lujo de miraros frente a frente a vuestros ojos deseandoos un buen viaje.
He preparado con mimo cada una de esas balas. Cada una de ellas tiene un destinatario, una bala por persona, no necesito más.
Tened la certeza de que pronto, en cuanto abandone estas cuatro paredes que me separan del mundo en el que vivís saldré y os buscaré uno a uno. Hasta entonces, disfrutad del tiempo que os resta.
miércoles, enero 14, 2009
En martes 13, ni te cases, ni te ...
Aquel año, como sucedía tres de cada cuatro, estaba compuesto por 365 días cada uno de ellos con sus respectivas 24 horas. Y de entre los 365 días sólo había dos martes que cayesen en 13, el de enero y el de octubre. Yo nunca fui muy seguidor de este tipo de chorradas porque de serlo habría tantos gatos negros que matar, tantas escaleras que bordear, tantos paraguas que abrir y cerrar, tanta sal que no derramar y en definitiva tantos pequeños detalles que tener en cuenta que dificilmente uno podría disfrutar del día a día. Pero como dicen los gallegos sobre las bruixas "haberlas haylas".
El caso fue que de entre todos aquellos días yo decidí dar un paso al frente un martes trece que al caer en el mes de enero se trataba también del día número 13 de aquel año.
Curiosamente en el trabajo que por aquel entonces tenía merodeaba una gata negra que dormía en una pequeña cajita de cartón, con un antiguo pantalón de algodón cómo manta y junto a una puerta de cristal rota algunos meses atrás.
Aquella mañana una fuerte tormenta de agua nieve cayó sobre la ciudad y todos los transeúntes salieron a la calle con su paraguas, salvo yo que siempre disfrutaba de la lluvia incluso cuando está se asimilaba a las veces en que rascamos el congelador por la cantidad de escarcha que se ha asentado en él. Justo cuando decicí salir a hacer la compra mi vecina del quinto, una mujer de avanzada edad y de avanzado carácter, regresaba de hacer la suya cubierta poe un paraguas que azotado por el temporal no cumplía su cometido. Fue entonces cuando me ofrecí a echarle una mano a subir su carro, pero su genio y sus ganas de querer mostrarse autosuficiente solo le permitieron darme el paraguas que cuando me quise dar cuenta estaba abierto en el interior de la casa de la señora.
Todo eran señales pero yo no quise hacerles caso. Miré hacia otro lado e insistí en que aquel martes trece mi vida fuese reconducida. Di un paso al frente y me puse en contacto con ella, hacía tiempo que quería hablarle de la nueva situación, de que algo había cambiado, pero aquel martes trece lo era para todos. Definitivamente no parecía el elegido para que todo cambiase. O tal vez sí. Me acordé de las cartas que mi abuelo le enviaba a mi abuela desde el frente y pensé que desde mi frente y desde mi tiempo yo también podía comunicarme de otra manera. Y lo hice, y me liberé, y me sinceré, y abrí el corazón y la mente. Y todo en un martes trece.
Y hoy lo único que puedo decir es que al día siguiente fue miercoles, de número catorce, y la vida siguió porque ella no entiende de calendarios ni supersticiones. Porque la vida la vamos creando nosotros y aunque a veces no lo creamos somos más dueños de nuestro destino de lo que creemos.
El caso fue que de entre todos aquellos días yo decidí dar un paso al frente un martes trece que al caer en el mes de enero se trataba también del día número 13 de aquel año.
Curiosamente en el trabajo que por aquel entonces tenía merodeaba una gata negra que dormía en una pequeña cajita de cartón, con un antiguo pantalón de algodón cómo manta y junto a una puerta de cristal rota algunos meses atrás.
Aquella mañana una fuerte tormenta de agua nieve cayó sobre la ciudad y todos los transeúntes salieron a la calle con su paraguas, salvo yo que siempre disfrutaba de la lluvia incluso cuando está se asimilaba a las veces en que rascamos el congelador por la cantidad de escarcha que se ha asentado en él. Justo cuando decicí salir a hacer la compra mi vecina del quinto, una mujer de avanzada edad y de avanzado carácter, regresaba de hacer la suya cubierta poe un paraguas que azotado por el temporal no cumplía su cometido. Fue entonces cuando me ofrecí a echarle una mano a subir su carro, pero su genio y sus ganas de querer mostrarse autosuficiente solo le permitieron darme el paraguas que cuando me quise dar cuenta estaba abierto en el interior de la casa de la señora.
Todo eran señales pero yo no quise hacerles caso. Miré hacia otro lado e insistí en que aquel martes trece mi vida fuese reconducida. Di un paso al frente y me puse en contacto con ella, hacía tiempo que quería hablarle de la nueva situación, de que algo había cambiado, pero aquel martes trece lo era para todos. Definitivamente no parecía el elegido para que todo cambiase. O tal vez sí. Me acordé de las cartas que mi abuelo le enviaba a mi abuela desde el frente y pensé que desde mi frente y desde mi tiempo yo también podía comunicarme de otra manera. Y lo hice, y me liberé, y me sinceré, y abrí el corazón y la mente. Y todo en un martes trece.
Y hoy lo único que puedo decir es que al día siguiente fue miercoles, de número catorce, y la vida siguió porque ella no entiende de calendarios ni supersticiones. Porque la vida la vamos creando nosotros y aunque a veces no lo creamos somos más dueños de nuestro destino de lo que creemos.
viernes, enero 02, 2009
Mensaje a todas las galaxias
Navegantes del espacio;
en nombre de Publicaciones Austin Power les transmito nuestras más sinceras disculpas. Tras muchos años de publicaciones diarias, nuestras empresa ha sufrido un fallo general en el sistema por el que no podemos publicar en ningún soporte audiovisual los diferentes trabajos de nuestros escritores.
Los técnicos se afanan en reparar y llegar al origen del problema pero nos han comunicado que ésto les puede llevar varios días. Es por ello que nos ponemos en contacto con ustedes para informarles de que hasta la reparación del sistema informático Austin Power ha decidido publicar sus obras como lo hicieron nuestros antepasados: en papel.
Próximamente recibirán en sus casas los ejemplares de la suscripción a la que estuviera suscrito.
Muchas gracias por su comprensión.
Reciban un cordial saludo de todos los que formamos Publicaciones Austin Power.
Tombuctú Beckham
Presidente de Publicaciones Austin Power
en nombre de Publicaciones Austin Power les transmito nuestras más sinceras disculpas. Tras muchos años de publicaciones diarias, nuestras empresa ha sufrido un fallo general en el sistema por el que no podemos publicar en ningún soporte audiovisual los diferentes trabajos de nuestros escritores.
Los técnicos se afanan en reparar y llegar al origen del problema pero nos han comunicado que ésto les puede llevar varios días. Es por ello que nos ponemos en contacto con ustedes para informarles de que hasta la reparación del sistema informático Austin Power ha decidido publicar sus obras como lo hicieron nuestros antepasados: en papel.
Próximamente recibirán en sus casas los ejemplares de la suscripción a la que estuviera suscrito.
Muchas gracias por su comprensión.
Reciban un cordial saludo de todos los que formamos Publicaciones Austin Power.
Tombuctú Beckham
Presidente de Publicaciones Austin Power
Suscribirse a:
Entradas (Atom)