miércoles, diciembre 03, 2008

Mensaje al aire

Este es un mensaje que como su propio título indica no tiene ningún destino, ni destinatario, repito ninguno. Podía gritar pero cuando uno vive en una ciudad tan grande como en la que vivo tendrías que montarte en el metro e irte y bajarte en una estación final de trayecto para una vez fuera poder gritar tranquilamente tras haberte alejado unos cuantos metros de la salida y que nadie pueda oírte y llamar a las autoridades creyendo que un loco se ha escapado de algún centro de psiquiatría.

Podría llorar pero lo cierto es que desde el control de flujos lacrimales me indican que nadie ha enviado una petición al respecto así que si Mr. Brain no lo considera oportuno, no soy quién para llevarle la contraria. Pero seguiremos esperando a que llegue esa orden, antes o después.

Podría salir a correr, saltar, bailar, pero hoy hace frío y está lloviendo en esta gran ciudad y además la comida no me ha sentado del todo bien y el espectáculo que podría montar en mitad de la calle podría ser parecido al de la llamada a los agentes del orden por brote sicótico de un joven en mitad de la calle.

Así que lo cierto es que tras pensar si este al que leéis está escribiendo o transcribiendo he decidido echarle el muerto a mi alter ego que con gusto y demostrando su alto nivel de amistad se hace responsable de lo aquí publicado.

Escribir y transcribir se convirtieron en su momento en una terapia estupenda que me permitía expresarme y que se expresasen otros a través de mis deditos pulsando las teclas de mi antiguo ordenador. Admito que no se me da bien, pero en la vida no siempre hay que practicar algo con el objetivo de ser el mejor. El éxito, la victoria, no tiene por qué llevarnos a la satisfacción personal. Lo importante es escribir, contar, transmitir y si eso se consigue aunque sea con uno mismo el objetivo está cumplido.

Estos mensajes que se entrelazan con los que mi amigo ACB son mensajes al aire con los que quiero gritar, llorar, correr, saltar, bailar, en días que tal vez no puedo. Hoy es uno de esos días. Hoy se van a repetir los mismos personajes que hace un par de semanas me llevaron a escribir una entrada en la que mis celos y yo escribimos juntos. Hoy he dicho sí a un evento al que de verdad no quiero asistir. Pero de nuevo a través de la escritura acabo de descubrir que hoy es una oportunidad que me da la vida de seguir mejorando. Os dije que comenzaría un curso con una profesora para combatir mis celos y, si bien ella aún no me ha enviado el temario, he decidido que hoy va a ser mi primera clase práctica. Le vas a echar un par de huevos chaval, vas a demostrar que puedes conseguir lo que te propongas, incluso si ello supone luchar contra ti mismo. Vas a salir victorioso, quizá no esta noche, quizá no en el corto tiempo, pero nadie dijo que fuera fácil.

Este mensaje vuelvo a insistir no va dirigido a nadie, a nadie. Deseo que la de esta noche sea mi primera clase y voy a intentarlo sin haberme leído ni un apunte. Sé que mi profesora está conmigo como lo ha estado siempre. Gracias, my teacher.

viernes, noviembre 28, 2008

Diarios de bitalaxia – Capítulo 10

La fuerza de cinco deditos


Habíamos quedado unas cuantas milésimas de segundo más tarde pero salí de casa de mi madre antes de tiempo ya que no podía seguir mirando a la cara y no despedirme como debería haberlo hecho.
Aquel día las emociones se habían amontonado en mi cuerpo tuve que intentar buscar una nave, frenar mis deseos de atracción sexual hacia alguien de mi mismo sexo, mirar a la cara a mi madre como si me fuese para volver en unos minutos, programarla para que viviera eternamente en una falsedad y ahora mostrarme como un hombre seguro ante Lisboa.
Me sentía tan inseguro como el primer día que entré a trabajar a Mc´Pildors o cuando por primera vez mantenía relaciones con una chica sin necesitar pastillas generadoras de deseo. De lo único que estaba seguro era de no saber hacia donde nos dirigíamos. ¿Sabíamos a caso por donde se iba a La Tierra?, ¿y salir de Einstein? Yo jamás había salido del planeta pero es que Lisboa lo más lejos que había ido fue a Bell. Sin embargo, Lisboa me transmitía seguridad y confianza. Es cierto que me iba por ella, no habría tomado esa decisión en mi vida por cuenta propia. Durante toda mi vida me había limitado a ser un conectado más que seguía las normas. Pero todo eso cambió desde el día en que conocía a Lisboa.
A la hora exacta allí estaba Lisboa. ¡qué belleza! Cada día me parecía más y más bella pero en aquel momento ella transmitía una energía tal que casi se podía decir que en el Universo acababa de nacer una estrella más: Lisboa, mi estrella.

(suspiró fuertemente)
- Lo sé, yo también siento lo mismo.
- Washington, jamás olvidaré este momento. Me siento tan ... tan ...
- ¿feliz?
- No, esa palabra no abarca todo lo que estoy sintiendo y de hecho creo que no existe palabra aún que lo pueda hacer. Hoy me han venido a mi memoria tantos y tantos sentimientos y momentos del pasado que se agolpan todos en mi cuerpo y el resultado es tan brutal.
- Bueno, yo hoy he tenido también un día un poco movidito.
- Washington sé que vamos a vivir muchas experiencias en esta aventura. Sé que en el fondo tú aún no estás preparado pero tampoco creas que yo lo estoy. Así que sólo te voy a pedir que en momentos en los que me veas que puedo sentirme mal me des la mano.
- ¿la mano?, ¿para qué?
- Tú tan solo dame la mano, ¿de acuerdo? El resto ya lo hago yo.

No entendía en aquel momento para qué querría mi mano cuando estuviese triste. Pensaba que tal vez Lisboa había leído demasiados libros y creía que aquellos tenía una fuerza especial, como si yo fuese un hechicero o un mago.

A la hora exacta allí estaba Frankfurt con un híbrido entre una nave y un montón de chatarra pero por lo visto aquello tenía la consistencia necesaria como para sacarnos de allí. No teníamos tiempo que perder. A toda velocidad Frankfurt nos llevó a una zona exterior no controlada, en unos breves segundos le explicó a Lisboa para qué servían todos aquellos botones, me parecían tantos que yo por si a caso activé la grabación de datos por si en algún momento lo necesitábamos. Antioquia y Frankfurt se quedaron allí y en unos pocos segundos ya estábamos fuera de Einstein. Jamás pensé que fuese tan sencillo. De hecho me había imaginado alguna persecución en la que un grupo de agentes de vigilancia y seguridad nos dispararan con su láser GK03, pero imagino que en el fondo no éramos más que un conectado y una desconectada más que salíamos de Einstein. Lo normal es que la gente quisiera entrar en Einstein y no salir.

Me giré para mirar hacia atrás y despedirme de Einstein. Pensé en mi madre y sentí un ligero sentimiento de tristeza pero en seguida la vi viendo su capítulo de “Los Bushimpson” y me sentí menos culpable. Ella estaría bien. Además de mi yo introrreal estaba el androide de servicio que la cuidaba mejor de lo que lo pudiese haber hecho yo.

Justo en aquel momento Lisboa reprodujo en la pantalla de la nave una canción. De nuevo aquella era un mensaje de Lisboa para mí que no sabía descifrar así que lo volví a archivar y tiempo después supe de qué se trataba. Era la fuerza de los cinco deditos.

Never knew I could feel like this
Like I´ve never seen the sky before
I want to vanish inside your kiss
Every day I love more and more
Listen to my heart, can you hear it sings
Telling me to give you everything
Seasons may change, winter to spring
But I love you until the end of time

Come what may
Come what may
I will love you until my dying day

Suddenly the world seems such a perfect place
Suddenly it moves with such a perfect grace
Suddenly my life doesn´t seem such a waste
But our world revolves around you
And there´s no mountain too high
No river too wide
Sing out this song I´ll be there by your side
Storm clouds may gather
And stars may collide
But I love you until the end of time

Come what may
Come what may
I will love you until my dying day

Oh, come what may, come what may
I will love you, I will love you
Suddenly the world seems such a perfect place

Come what may
Come what may
I will love you until my dying day







jueves, noviembre 27, 2008

Adelante

Ha sido hoy cuando después de varios días por fin he abierto los ojos y el corazón y he dejado que la parte de ese sentimiento tan fuerte que me provocan a partes iguales tu presencia y ausencia se marchara. Y he de admitir que me siento mucho más ligero, más alegre, más entusiasta y mucho más vital, con ganas de mirar hacia el futuro y disfrutar de tu presencia.

Al dejar marchar esa parte dañina, paranoica, celosa, casi cancerígena, estoy permitiendo también hacer lo mismo al amor y la esperanza que sentía hacia ti de que quizá en tu nuevo cuerpo, tu nuevo nombre y tu nuevo carácter fueras tú. Pero no lo eras y reflexiono sobre ese “ser tú” y comienzo a ver la variable de que tal vez “tú” es una creación de mi cabecita, como una persona idealizada en mi interior a lo largo de los años, basada en miles de historias de amor que puede que nunca fueran como se contaron y mi corazón las acogió como reales y posibles. Y al hacer esta reflexión me vuelvo a sentir ligero, alegre, entusiasta y mucho más vital.

No significa esto que me olvide de ti, que me vaya a alejar sentimentalmente de ti, que vaya a renegar de ti. Al contrario quiero estar incluso mucho más cerca y poder disfrutar de muchos momentos (grandes y pequeños) y hacerlo siendo consciente de que con este abrir de ojos los he ganado y con esta actitud los disfrutaremos mucho más.

Antes de seguir andando quisiera decirle a esos sentimientos a los que hoy he metido en una cajita con dirección “el olvido” que procuren no volver por aquí ya que voy a empezar un curso con la mejor maestra que cualquier alumno pudiera soñar para vetarles la entrada. A los señores celos: no sois bien recibidos por aquí, no volváis. A las señoras paranoias: asistan a un curso de reciclaje y las esperamos con los brazos abiertos en el departamento de creatividad, la segunda neurona a la izquierda.

Hoy paseando he conseguido abrir los ojos. Ahora me queda lo más duro que es iniciar el proceso de aprendizaje, ir asimilando poco a poco las actitudes, pensamientos y acciones que uno tiene que interiorizar para no volver a caer en los mismos errores. Hoy se inicia un nuevo día, de la mano de mi pluriempleada profesora, hoy vuelvo a sentirme libre y puedo mirar hacia delante.

lunes, noviembre 24, 2008

Diarios de bitalaxia – Capítulo 9

La decisión más difícil



Si algo me había demostrado Lisboa siempre es que si se proponía algo lo conseguía y con la búsqueda de la nave de nuevo había logrado su meta lo que no hacía más que enviarme mensajes de confianza que dicho sea de paso los necesitaba en cantidades industriales.

Mi chica había conseguido en unos pocos minutos reunir por numerosos cementerios de naves las piezas suficientes para que Frankfurt, novio de Antioquia y ex empleado de Mercedes-BMW, nos fabricase una nave que al menos aguantara para salir de Einstein. Una vez fuera del planeta estudiaríamos la posibilidad de salir de la galaxia en esta misma nave o utilizar naves transportadoras.

A las 7:22:48:09 habíamos quedado enfrente de la casa de Antioquia. Desde allí Lisboa y yo seriamos guiados hasta el lugar donde estaba escondida la nave. Estoy seguro que Lisboa conocía ya dónde era ese lugar pero lo importante era que yo en ningún momento lo supiera para en caso de ser abordados por un agente de vigilancia y seguridad no pudieran sacarme información alguna.

Del concesionario de FIAT-Ford-Skoda me fui directamente a mi casa a recoger algo de ropa y a tomar la decisión sin duda más difícil: mirar a mi madre a la cara y decirle que me marchaba.

Cuando llegué a casa allí estaba mi madre hipnotizada ante su emisión diaria introrreal favorita : “Los Bushimpson”. De nuevo estaba viendo el capítulo 2.657.982 que podrían haber repetido unas 2000 ocasiones como mínimo pero que ella disfrutaba cada día. Y lo cierto es que la serie tenía su gracia: un alcohólico padre de familia que un día descubre un combustible de color negro similar al oxígeno pero bajo tierra y con el dinero de vender el líquido decide convertirse en el Cesar de todo su planeta y conquistar nuevos territorios y todo como decían en España sin saber hacer la “o” con un canuto.

¿cómo podía decirle a mi madre que me iba a La Tierra?, ¿sabía ella donde estaba La Tierra?, ¿lo sabía yo?, ¿cómo podía transmitirle seguridad a mi madre cuando ni siquiera yo la sentía?

- ¡Hola mamá!, ¿viendo los Bushimpson?
- Sí
- Mamá ...
- Mira, mira, ahora es cuando se atraganta con la galleta
- Mamá, si ya te lo sabes de memoria, ¿por qué lo sigues viendo?
- Porque aunque me lo sepa me sigue haciendo reír
- Ya, pero podrías ver otras cosas que también hacen gracia.
- Pero si a mi me sigue haciendo reír, ¿por qué voy a cambiar?
- Ehhhh ...
- Venga que han hecho el descanso, dime, ¿qué quieres?
- Pues que me voy.
- ¡Ah! Vale, pues no vuelvas tarde Washington que luego estoy preocupada.
- ¿por qué mamá?
- Por si te pasa algo.
- ¿como qué?
- Bueno, pues que alguien te haga daño.
- Mamá, vivimos en Einstein aquí nadie hace daño. ¿conoces a alguien que conozca a alguien al que le hayan hecho daño?
- No.
- ¿entonces?
- Pero yo tengo miedo. Washington cariño cuando tu padre y yo tuvimos que huir de Da Vinci ...
- Sí, mamá ya lo sé, pero eso fue hace meses, pero Einstein es un planeta más tranquilo, más seguro, en Einstein todo es siempre como tiene que ser, todo el mundo se dedica a cumplir las normas y todo el mundo sabe lo que le espera si las incumple, en Einstein mamá ...
- ... nunca pasa nada. Tienes razón hijo.

Mi madre acababa de darme la mejor definición de Einstein que jamás había escuchado. Toda mi vida había estado viviendo en un planeta en el que nunca sucedía nada y justo el día que me iba mi madre me había ayudado a darme cuenta.

Definitivamente no podía decirle a mi madre la verdad y menos aún a la cara. Así que solo fui capaz de ingestar en su sistema una introrrealidad bajo la cual ella siempre creería que como cada día yo volvía de la fábrica de Mc´Pildors y le saludaba como siempre, le hacía las mismas preguntas y le daba el mismo beso cada noche. Mi madre vivía desde hacía meses en su propia introrrealidad hecha a partes iguales de momentos de realidad e introrrealidad. Y yo no había hecho nada por evitarlo pero tampoco estaba dispuesto a convertirme en un conectado más y pasar a formar parte de un sistema que nos manejaba a su antojo.

domingo, noviembre 23, 2008

Estúpidas promesas

Hoy, un día cualquiera en el calendario, vuelvo a realizar estúpidas promesas que como siempre caerán en saco roto con el paso de los atardeceres. De nuevo hablo de no volver a cometer errores, de no volver a repetir sentimientos y de nuevo me siento cómo si todo lo que digo o escribo no servirá de nada y volveré a caer en tus brazos.

Cada vez eres distinta y la gente te llama de diferentes maneras. Tu pelo cambia de moreno a rubio, de rubio a pelirrojo para acabar siendo de nuevo moreno. ¿a caso crees que me engañas? Te reconozco en cada cambio, sigues siendo la misma.

Tus ojos me siguen engañando como la primera vez y me hacen creer de nuevo que soy alguien para ti, que te importo, que hay un lugar especial para mi en tu vida. Tus ojos me hacen soñar en futuros en los que siempre me veo reflejados en ellos y en ese reflejo siempre hay un brillo que los resalta e ilumina. Tus ojos siempre me hacen respirar profundamente para llenar mis pulmones de aire porque a cada cruce con los míos siento miles de mariposas revoloteando por dentro y ocupando un espacio reservado para ti muy cerca: en el mismísimo corazón.

Tu piel es ahora tostada pero sigo recordando cuando era blanca y las pecas brotaban y desaparecerían para luego volver a brotar y de nuevo desaparecer. Siempre me atrajo tu piel aunque no siempre me dejaras acariciarla y en ocasiones a penas me dejaras verla. Era en éstas ocasiones cuando yo soñaba que como en la canción era aire que con fuerza se dirigía a ti y bailaba entre tus cabellos y disfrutaba acariciándote suavemente una y otra vez. Y cuando el viento cesaba me convertía en lluvia para caer desde el cielo hasta algún poro de tu piel y sentirme la gota más afortunada.

Tu sonrisa es una melodía creado por un odioso discípulo de Cupido que deseoso de recibir la aprobación de su maestro la va cambiando de estilo generándome confusión y haciéndome creer que se trata de una nueva sintonía diferente a las anteriores pero finalmente siempre descubro que se tratan de las mismas notas interpretadas con diferentes instrumentos.

Hoy, de nuevo, y como en otras hojas arrancadas del calendario prometo que no volveré a mirarte a los ojos, que no rozaré tu cabello, que no cambiaré de estado para poder tocar tu piel y que mis oídos quedarán cerrados ante tus cantos. Hoy de nuevo sé que todas estas promesas son estúpidas y es precisamente por saberlo que me siento más estupido.

jueves, noviembre 20, 2008

Diarios de bitalaxia – Capítulo 8

Yo quería ...

Desde que Lisboa y yo nos despedimos habían pasado ya como unos treinta minutos y como dijimos no nos habíamos puesto en contacto el uno con el otro, lo cual significaba que ella tampoco había encontrado una nave.
Yo había estado pensando en las distintas posibilidades que tenía a mi alrededor pero ninguna de ellas me parecían válidas. Einstein no tenía ningún medio de transporte común con el que abandonar el planeta, toda entrada y salida se hacía a través de la compañía estatal AirBush VI que solo vendía plazas con un plazo máximo de una semana anterior a la salida del vuelo. Tiempo más que suficiente para que hubiesen investigado sobre nosotros hasta la talla de nuestra ropa interior.
Pensé en pedir prestado a mis padres su nave pero teniendo en cuenta que para ello tendría que darle una explicación a mi madre lo descarté de inmediato, además de que no sabiendo si volvería de La Tierra no podría considerarlo un préstamo sino más bien un anticipo hereditario. Por último se me ocurrió pedirle a mi tío Cannes una de las numerosas naves de las que disponía pero pensé que tal vez Lisboa no estaría muy de acuerdo en iniciar un viaje “revolucionario” en una nave procedente de un adinerado. Así que tras darle muchas vueltas llegué a la conclusión que la mejor opción para este viaje era entrar a un concesionario de naves y robar una mientras la probaba antes de comprarla. Pero yo no sabía nada de naves y tampoco había sido nunca un buen actor, necesitaba tomarme alguna pastilla de reproducción de comportamiento, así que abrí el cajón y vi un montón de pastillas pero eran de todo tipo. Desde la que producían risa hasta las que producían apetito sexual. En algún lugar había una pastilla que te permitía actuar justo como le indicaras a tu sistema. Este tipo de pastillas se utilizaban sobre todo para cuando tenías alguna cita con chicas. El problema es que una vez fuera de su envoltorio todas las pastillas eran iguales y no disponía de crédito ni de tiempo para comprar más pastillas por lo que cogí un par de ellas, me las metí a la boca y me dirigí al concesionario.

- ¡Bienvenido a FIAT-Ford-Skoda!, en breves momentos le atenderá uno de nuestros empleados, mientras puede...

Ya estaba harto de las frasecitas de bienvenidas, las mismas en todas las tiendas, fueran de lo que fueran. Además estaba demasiado concentrado en el rol que debía desempeñar: era un importante accionista de McPildor´s interesado en comprarle a mi chica una nave. Previamente había observado a algunos de los presentes en el concesionario. Se movían con naturalidad, demostrando ser lo que quizá no eran, gastando bromas que quizá ni entendían, tal vez envueltos en una situación similar a la mía.
Fijé mi atención en el vendedor que en ese momento estaba dirigiéndose a una mujer que no sabía muy bien si decantarse por el modelo Emerson Fittipaldi o por el Fernando Alonso, por lo visto dos grandes corredores de un deporte que en la Tierra fue muy popular y que sería algo así como el antecedente de las carreras de naves ultraligeras.
Me acerqué al área de venta y de repente un aroma embriagador comenzó a introducirse por mi nariz que traducían aquel olor en una sensación de profundo placer. Comencé a mirar a la mujer indecisa pensando que era ella la portadora de aquella brisa tan sensual pero a los pocos segundos ella se marchó y allí seguía ese aroma. Fue entonces cuando descubrí que su origen era el del vendedor, un chico joven, guapo, de estatura media y con un look muy similar a Hollywood Clooney. Tenía un tono de piel canela que como el de la especia comenzó a provocar en mí un fuerte deseo de atracción hacia él. Era la primera vez que me pasaba algo así. Jamás me había atraído una persona de mi mismo sexo y con las chicas difícilmente se despertaba mi instinto sexual con tanta rapidez a no ser que ... ¡claro!, eso era...¡Bush!, no podía ser, ¡qué idiota!, me había ... pero, ¿cómo?... claro, todas allí revueltas, en un mismo cajón... ¿y cómo podía parar aquello? No podía.., es decir, no debía ...

- ¡Buenos días caballero!, ¿en qué puedo ayudarle?

¿en qué podía ayudarme?, ¿qué le contestaba?, ¿la verdad? “Pues mira ahora mismo si nos fuésemos a la parte trasera de cualquier nave y me abrazases con esas manos fuertes y con la misma pasión que yo siento no estaría mal para empezar”

- Ummm, bueno, yo ...

Tenía que controlarme, pero no podía, no podía, definitivamente no podía. Aquello era fruto solo de unas pastillas excitantes, me había fijado en él para estudiar cómo actuar ante él y ahora estaba tratando de actuar para que no se diera cuenta que tenía fijación por él. Pero es que aquella camisa ajustada a su cuerpo y esa nuca ... ¡Bush! No podía parar aquello cada vez iba más en aumento.

- Si necesita tiempo para seguir mirando y pensárselo. No se preocupe.

A ver, tiempo, lo que se dice tiempo no necesitaba. Yo ya estaba preparado. Y mirar no podía seguir mirando porque cada vez me apetecía más saltar aquel mostrador y besarle con toda la pasión. ¡Pero qué culo! Me estaba imaginando aquellos glúteos entre mis dientes. Aquellos glúteos definitivamente habían sido creados para ser mordisqueados y besados en cada uno de sus poros.

- Yo quería ...

Yo quería, yo quería , pero no podía, no podía.

- Sí, digame.

Yo quería que mis 21 centímetros volviesen a convertirse en diez y salir de allí cuanto antes. Había entrado para robar una nave y el vendedor me había robado mi autocontrol.

(mensaje de voz interno) – Solicitud de conexión con Lisboa.

(al vendedor) – Un momento por favor

- Dime Lisboa

(unos segundos)
- Pues ... bueno, estoy en ...

(unos segundos)

- ¿la has conseguido?

(unos segundos)

- Vale, vale, voy para allá.

(al vendedor) – Perdón, era ...

¿Le decía quién era y rompía así la posibilidad de ...? Ni siquiera podía pensar en la palabra que definía a Lisboa en mi vida, ese maldito deseo me controlaba y quería ser saciado fuese como fuese. La composición de las pastillas llevaban elementos que provocaban que ante el miedo, el deseo fuese mayor, así que me desconecté del sistema durante unos minutos.

- ... yo quería ...

domingo, noviembre 09, 2008

Diarios de bitalaxia – Capítulo 7

Cuenta atrás

(Voz en off) - Acceso autorizado, ¡bienvenida Lisboa!

Llevaba horas esperando esa frase y cuando por fin la escuché allí estaba ella. Su rostro reflejaba que algo duro le había pasado durante aquellas horas de ausencia, pero su entereza, su férrea actitud ante la vida era la misma, nada hacía entrever que había pasado todas aquellas horas con un par de agentes de vigilancia y seguridad que una y otra vez le preguntaban los motivos que le habían llevado a desconectarse, por qué andaba conmigo, qué intereses tenía en ello y un sin fin de preguntas que tenían como único objetivo conseguir que se desmoronara pero aquellos agentes no sabían con qué chica estaban tratando.

- Lisboa, ¿qué ha pasado?

Por supuesto, no me respondió en aquel momento. Tan solo nos dimos un abrazo en el que pude sentir algo de necesidad afectiva por su parte y al que me habría gustado poder corresponder con algo más de calor por mi parte pero mi sistema seguía conteniendo cualquier tipo de emotividad.

- Está bien, no te preocupes ya estás en casa.
- Tenemos que encontrar una nave cuanto antes Washington.
- Pero, ¿qué ha pasado?
- No puedo contarte nada en estos momentos y no lo podré hacer hasta que bien te desconectes bien salgamos de Einstein. Y además te pediría que diariamente eliminaras toda información relacionada conmigo y nuestras conversaciones.
- Pero Lisboa necesito saber por qué me pides esto, necesito saber.
- Washington llevas 31 meses sin saber, podrás aguantar unos cuantos minutos más. Estoy convencida de ello.
- Está bien, confío en ti Lisboa, pero no sé si podré encontrar una nave antes de dos horas.
- Bueno, a partir de ahora Washington, cada uno va a intentar por su lado encontrar una nave o cualquier medio de transporte que se le parezca y que nos pueda sacar de Einstein. Si no podemos conseguir una nave aquí, la conseguiremos en otro planeta o galaxia, el universo es muy grande, pero lo importante ahora es saber si sigues queriendo venir conmigo, si realmente lo deseas y quieres dar este paso conmigo.
- ¿bromeas? Claro que quiero Lisboa. Quiero hacer esto contigo, estamos juntos en esto.

Por lo visto dije algo importante pues se abalanzó sobre mi y nos dimos un largo y sentido beso que fue como nuestra firma de un pacto por supuesto no escrito. Desde aquel momento tenía que moverme con cautela pero rápidamente para ver de qué manera podíamos salir de Einstein. Cada milésima de segundo era una oportunidad perdida y no disponíamos de muchas en nuestra cuenta atrás.

jueves, noviembre 06, 2008

Estoy harto

Es tan fuerte e inexplicable a la vez este sentimiento que tan solo la idea de hablarlo, exponerlo o explicarlo me parece estúpida. Querer transformar en palabras, en sonidos, en elementos gráficos lo que uno siente tan adentro cuando es casi inexplicable, cuando uno ni siquiera sabe de donde salió el propio sentimiento, qué lo ha creado, en qué momento un grupo de elementos químicos quedaron en alguna parte de mi cuerpo y decidieron joderme de esta manera.
No soporto ni un segundo más ver reflejada tu sonrisa en el rostro de otro hombre, ni observar cómo tu voz cambia su tono al encontrarse con la suya, tampoco aguanto cuando un roce de su mano sobre tu espalda te hace sentir escalofríos por todo el cuerpo o cuando dices que un olor te recuerda a él. Me hunde ver cómo mis intentos de animarte se desvanecen ante cualquier llamada telefónica de él, cómo me hago invisible con su presencia, cómo nuestro tiempo se reduce a la nada si él está o cómo se oxida una cena que había preparado para los dos y que ahora sólo yo como mientras pienso en lo harto que estoy de sentirme de esta forma.
Estoy harto de sentirte como te siento por cómo me siento cuando tú no me sientes. Estoy harto de sentirme como me siento por cómo no me sientes cuando te siento. Estoy harto de sentir que la vida sin ti es este sentimiento.

miércoles, octubre 29, 2008

Diario de bitalaxia – Capítulo 6

Ausencia

- Hola Antioquia
- ¡Ey!, Washington, ¿qué tal?
- Bueno, te llamo porque hace una hora que no sé nada de Lisboa.
- ¡1 hora!
- Sí, a mi también me extraña. Es que quedamos hace una hora en mi casa y bueno la estuve esperando un par de segundos. Cuando vi que no estaba en casa, ni tampoco llegaba empecé a preocuparme. No quise venir ayer porque bueno, no quería molestarte, pero realmente ahora sí estoy algo preocupado. Y como no tengo ninguna manera de contactar con ella.
- Pues, lo siento Washington, pero yo no sé nada de ella. Hablé con ella hace dos horas y sí me dijo que habíais quedado a la hora siguiente pero no me dijo nada que me pudiera dar a entender que tuviera otros planes.
- ¿y qué hago ahora Antioquia?
- Pues si te digo la verdad Washington, tampoco sé muy bien a donde ir porque ...
- Es que algo me dice que han sido ellos.
- ¿Quiénes?
- Los vigilantes
- ¿tú crees?
- Sí, estoy seguro, es decir tengo la intuición de que han sido ellos.
- ¿Ha pasado algo?, ¿Ha hecho algo que no sepa?
- No, bueno, ya sabes que estamos planeando marcharnos a La Tierra ...
- ¿Qué?, ¿que os queréis ir a La Tierra y tienes dudas de si han sido ellos? Washington, me juego mi canal izquierdo a que han sido ellos.
- ¿y qué hacemos?
- Esperar.
- No podemos quedarnos aquí esperando a que venga.
- Washington, si la han cogido, estarán interrogándola, seguro que en estos momentos estarán utilizando algunas de sus técnicas para sacarle la información pero ella no es como los demás, Lisboa es fuerte y aguantará. Así que ellos te están esperando.
- ¿a mi?, ¿para qué?
- Pues porque tú eres un conectado, estás programado para guardar la información y a ti sólo tendrán que enchufarte y sacarte toda la información. ¡no puede ir!
- Pero ... pero si yo no... es decir, no hemos...
- Ya lo sé Washington, pero no se puede ir por ahí por Einstein diciendo que os vais a La Tierra como me estoy imaginando a Lisboa. Os puede oir uno de los agentes de vigilancia y seguridad o cualquier conectado.
- ¿y por qué iba un conectado a decirle nada a los agentes?
- Pues porque no sois todos como tú. Porque a los desconectados nos ven como un peligro para el sistema, para el buen funcionamiento de Einstein y os habrán estado vigilando. Una desconectada que sale con un conectado. Dan por hecho que tú te vas a desconectar.
- Pero yo no voy a hacerlo.
- Pero ellos no lo saben.
- Pues que vengan y me lo pregunten y yo ...
- ¡Ay!, Washington, ¿qué os meterán entre tanta información?

No podía quedarme esperando. ¿Y si le estuviesen haciendo daño?, ¿Y si no hubiesen sido ellos y simplemente estaba en algún centro de recomposición de partículas?, o tal vez ...no, eso ni pensarlo. Ella estaba bien seguro, tal vez se había despistado en algún lugar, habría conocido a alguien que nos podría ayudar en nuestra salida de Einstein y estaba contándole con esa cara iluminada que se le pone cuando habla de la Tierra y de la integridad del ser humano que allí debe quedar. Pero no podía evitar que sintiera algo en el interior que hacía que algunas lágrimas se acercaran al exterior, pero mi cuerpo no estaba preparado para llorar, así que me senté junto a la ventana del piso de Antioquia y esperé a que Lisboa volviera y se marchara su ausencia.

Traducción al castellano de Madrid Marlanga, directora del Instituto de Identidad Lunar.

domingo, octubre 26, 2008

Diario de bitalaxia – Capítulo 5

¿y tu por qué ...?

- ¿por qué hemos quedado hoy aquí? – Le pregunté a Lisboa
- ¿y por qué no?
- No sé, con el odio que tienes hacia la figura de George Bush VI, quedar en una plaza que lleva su nombre.
- (Sonrió). Tienes razón te he traído aquí por una razón.
- ¿cuál?
- Mira, vamos a sentarnos en ese banco y te lo explico.
- No pienso llevar a cabo ningún acto de apareamiento aquí en medio que esto está lleno de agentes de vigilancia y seguridad.
- Tranquilo Washington que lo que menos me apetece es ser observada mientras mantengo relaciones por una banda de salidos sean conectados o desconectados.
- Vale, ¿entonces?
- Bien como veras en esta plaza los arquitectos decidieron colocar la biblioteca. Por si no lo sabes la biblioteca tiene un gran peso ideológico ...
- Sí, porque es fuente de sabiduría ...
- ¡Que no!, déjame que hable. La biblioteca es un guiño al pasado, a cómo nuestros antepasados adquirían los conocimientos y como sabes también en su interior se proyectan películas.
- ¿pero las bibliotecas no son museos de libros?
- Sí, y tú un resto antropológico.
- ¿cómo?
- Así que en la actualidad la biblioteca es un lugar al que acuden mayoritariamente algunos desconectados y unos pocos conectados.
- ¿hay conectados que acuden a la biblioteca?
- Sí, y en el fondo tanto unos como otros no son tan diferentes. Los conectados entran para parecer “diferentes” que fue el mismo motivo que llevó a los desconectados que van a la biblioteca a “desconectarse”.
- No entiendo nada.
- Tranquilo, tú grábate la información y ya la analizarás luego.
- ¿estas siendo sarcástica conmigo?
- ¡Vaya!, algo de inteligencia humana asoma por tu cabecita.
- Lisboaaaaaaa ...
- Ahora miras enfrente de la biblioteca y ¿qué hay? El mayor centro de introrrealidad de Einstein. ¿Casualidad? No. El pasado y el futuro unidos en una misma plaza que casualmente lleva el nombre del fundador de la primera colonia de Einstein.
- Ahora sí que se me está sobrecalentando el sistema.
- Y para completar el trío enfrente nuestra el mayor restaurante de Mc Pill´s de todo Einstein.
- ¿hemos venido aquí porque quieres ver una película y después una rica píldora de hamburguesa y queso?
- ¡Exacto!
- ¿y para eso tanto rollo?
- Que no, ¿aún no lo has entendido?
- ¿He de decir no para que te des cuenta?
- A un lado los que van a la biblioteca y se creen diferentes al otro los que van al mayor centro de introrrealidad y creen que van a la última y en medio un McPill´s. ¿Qué hacen unos y otros cuando salen de lugares aparentemente diferentes?
- Lo mismo.
- ¡Sí!, hacen lo mismo. ¿y por qué hacen lo mismo? Porque el sistema les ha creado una serie de marcas que ellos sin detenerse a pensar siguen. Einstein es un lugar en el que solo tienes una opción aunque en realidad parezca que son varias. Y es precisamente por ese motivo por el que quiero ir a La Tierra. Porque allí radican nuestros orígenes y estoy convencida que los humanos que se quedaron habrán sido libres, habrán desarrollado un sistema nuevo, liberador, distinto.
- Alucino contigo.
- Y yo contigo. A ver, ¿y tú por qué quieres ir a La Tierra?


¡Vaya pregunta! ¿Qué podía responder? Es cierto que no había entendido nada de lo que me había dicho en toda aquella parrafada pero intuía que algo de ideología, de pensamiento había en ella por lo que no podía decirle la verdad. No podía contestarle que me iba por ella, porque había encontrado una chica con la que era feliz aún cuando no entendiera la mayoría de las cosas que dijese. No podía admitirle que le dije sí a lo de ir La Tierra como le podría haber dicho sí a irnos a cualquier punto del universo.

- Mira Lisboa después de tu discurso cualquier cosa que añada solo la va a cagar así que como decían en la región terrestre de Estados Unidos los que se presentaban a las elecciones “soy Washington Smith y apruebo este anuncio”. ¿te hace esa píldora?

Traducción al castellano de Praga Khalo, directora del Centro Cultural “Paris Hilton”

viernes, octubre 24, 2008

Diario de bitalaxia – Capítulo 4

Los conectados no sois tan malos

- Y entonces, ¿qué haces en tu tiempo libre? – Le pregunté a Antioquia
- Pues solemos quedar en la casa de alguno de los del grupo y hablamos.
- ¡Ahm!, ¿y no os gustaría probar la introrrealidad de nuevo?
- Bueno, lo cierto Washington, es que nosotros tenemos nuestra propia introrrealidad.
- No me lo digas. La imaginación
- (se rió) Sí, ya veo que Lisboa te ha hablado de la imaginación.
- ¿que si me ha hablado? Es que no hace otra cosa más que contarme las bondades de la imaginación.
- Es que él – intervino Lisboa – aunque poco a poco se está humanizando, todavía tiene demasiado integrado el sistema en su cabecita. Y no entiende el concepto de leer una historia y sentirla o ver una película en una pantalla plana y estar sintiendo lo mismo que el personaje.
- A ver, Antioquia, ¿cuándo te desconectaste?
- ¿yo?, muy jovencita, a los ocho años.
- Vale, ¿y qué recuerdas de la introrrealidad?
- Pues, bueno recuerdo que me fascinaba acompañar a Caperucita roja por el bosque. ¡Pobre lobo!, la de veces que tenía que salir huyendo... es que yo era muy traviesa.
- Pero entonces, se puede decir que te divertías con la introrrealidad.
- Sí, pero la introrrealidad Washington es una recreación que una maquina genera en tu mente haciéndote creer que es cierta aun no siéndolo.
- Ya, pero nosotros somos conscientes de que no es real.
- Tú quizá sí, pero te puedo asegurar que hay muchas personas que carecen de la capacidad suficiente para hacer esa diferencia. Y en ocasiones viven en la introrrealidad creyendo que lo hacen en la realidad y en otras viven en su realidad pensando que lo están haciendo en la introrrealidad.
- Eso son casos aislados que la Autoridad está estudiando porque tal vez se trate de algún defecto de algún nexo de unión o del adaptador.
- ¿de verdad te crees esa versión?
- Sí, además conozco a un amigo que su padre trabaja en IRE (Introrrealidad de Einstein) y me ha dicho que esto es cierto.
- ¡Já! – Exclamó Lisboa – Habrá que ver si ese amigo tuyo existe de verdad o es sólo un invento más de la propaganda que os meten.
- ¡Esa es mi chica! – Dijo Antioquia.
- Ya está con su teoría de la utilización de la introrrealidad como medio para controlarnos.
- No es una teoría sino una realidad. Y lo sabes.
- ¿por qué dices eso? – Le contesté.
- ¿de verdad quieres que lo diga?
- Sí, puedes decirlo. Antioquia ya es amiga mía y no tengo secretos para ella.
- Gracias Washington.
- Pues resulta querida amiga que aquí el que cree controlar a su introrrealidad perdió su virginidad con una “chica”.
- Pero hay muchos chicos conectados que hoy en día la pierden de esa manera.
- Ya, pero resulta que él tenía un virus.
- Lisboa, ¡ya vale! – Le dije para intentar frenarla, pero ya era tarde.
- No, no, no ... ahora vas a tener que soportar la vergüenza de mirar a Antioquia a la cara. ¿no querías que lo contara? Pues lo cuento.
- Bueno, tampoco hace falta que ...
- ¿Sabes por dónde intentó aquí el independiente penetrarme?
- Lis ...
- Por el ombligo. Quiso meterme sus 21 centímetros de pene por el ombligo. Y todo porque un virus le había afectado al sistema de recreación corporal y había situado nuestros genitales unos pocos centímetros más arriba.

Empezaron a bromear sobre las diferentes posturas que se podrían practicar si los genitales femeninos estuvieran allí llegando a la conclusión de que si estaban donde estaban era sin duda porque ese debía ser su lugar para el mayor disfrute sexual.

- Lo siento Washington, pero te aseguro que no me estoy riendo de ti sino de las cosas que dice la petarda esta.
- No te preocupes si ya tengo asumido que los conectados somos unos seres detestables, manipulados y carentes de sensibilidad.
- ¡Washington!, yo nunca te he dicho eso. Los conectados no sois tan malos. Y tú especialmente. Ya sabes que si no fuera por ese pequeño apéndice que tienes implantado en el cogote para mí serías perfecto. Eres todo lo sensible que tu introrrealidad te permite y además, pasado el suceso del ombligo... no me puedo quejar.

De nuevo tenía que mirarle a la cara y disimular que no le estaba mintiendo. Y cada vez me iba costando más ya que yo estaba sufriendo el proceso inverso al que vive toda persona que se vuelve mentirosa compulsiva. Yo tenía que pasar de creerme mi realidad a no hacerlo para acabar viviendo en la realidad. Y en esta ocasión la realidad era que lo que nos permitía disfrutar de noches de pasión a Lisboa y a mi, esos 21 centímetros, no eran tan humanos como ella siempre creyó. Aunque ya puedo adelantaros que jamás llegó a saber la verdad.


Traducción al castellano de Porto Alegre Jordan, Traductor del Congreso de los accionistas de Einstein.

Diario de bitalaxia – Capítulo 3

Estoy yendo a clases de escritura

- Hoy te veo un poco apagada
- Claro, ¿cómo quieres que esté?
- Pero, ¿te pasa algo?
- Pues claro, Washington, claro que me pasa. Hace ya una semana que compramos la libreta y dos que decidimos que nos íbamos a La Tierra y míranos aquí seguimos tumbados en un banco.
- Pero, mi estrella, si es que ya te dije que la nave de mi padre estaba averiada y yo ahora mismo no tengo dinero suficiente para comprar una ni de enésima mano.
- Pero si no te estoy pidiendo eso. Si yo tampoco tengo dinero suficiente y aunque juntásemos tus unidades monetarias con las mías no nos llegaría ni para una pieza del motor.
- No te preocupes, estoy seguro que de aquí a poco todo nos va a salir bien. Lo sé.
- Además estoy harta de ver por todos lados la imagen de George Bush VI y de escuchar lo bueno y generoso que fue con todos nosotros al permitirnos vivir en Einstein y salvarnos de la muerte segura en la que se había convertido La Luna.
- Bueno, tengo que darte una buena noticia.
- ¿sí?
- Estoy yendo a clases de escritura
- ¡Washington! (me besó)
- No veas lo difícil que es hacer signos mínimamente legibles con ese palito, pero me ha dicho el profesor que tal vez en un par de semanas mi cerebro y mi mano se lleven mejor.
- ¡Qué listo que es mi chico! Y sin necesidad de soportes de datos externos. Me siento orgullosa de ti. Y creo que día a día te vas demostrando que sí eres capaz de aprender nuevas materias sin todas esas maquinas.

La vi tan feliz que a penas fui capaz de decirle que en ocasiones sí tuve que acudir a soportes de información externos para avanzar. Pero lo cierto es que tenía toda la razón, estaba comenzando a darme cuenta de que aunque de manera mucho más lenta también se podían tener nuevos conocimientos. Comencé a sentir una alegría por dentro cuando a la cuarta semana ya fui capaz de escribir correctamente mi nombre sin necesidad de los puntitos iniciales. Además en aquellos talleres de desconectados comencé a conocer a otras personas que como Lisboa trabajaban por la recuperación de algo de lo que por aquella época yo no era consciente. Ella quería que yo escribiera nuestro futuro cuaderno de bitácora como lo hacían los antiguos navegadores de naves acuáticas, a mano. Y yo no podía negarme ante sus ojos tiernos y su sonrisa de humano asexual con alas.

Traducción al castellano de Waikato Schopenhauer, profesor de Historia Lunar de la Universidad de Saturno.

miércoles, octubre 22, 2008

Diario de bitalaxia – Capítulo 2

Imaginando

- ¿por qué siempre miras al cielo?
- Estoy imaginando
- ¿Cómo?
- Imaginando ...¿Tú nunca has pensado en como debe ser todo por detrás de esos paneles? Yo sí y creo que tiene que ser fantástico. Debe de haber miles de lugares por descubrir y de seres que estoy segura ni sabemos que existen o si lo sabemos los de arriba no nos lo quieren decir. ¿te imaginas lo que tiene ser que te llueva agua pero de verdad?, que te caiga por cada uno de los poros de tu piel pequeñas gotas de agua y te mojen la ropa y se deslicen por todo el cuerpo. He leído que el olor del agua con la tierra es algo insuperable. Y que el agua forme charcos y poder pisotearlos, saltar sobre ellos una y otra vez. La lluvia, Washington, tiene que ser increíble ... (volvió su mirada hacia mi) ¿qué haces?
- Estoy navegando.
- ¿Ya estas otra vez viendo los vídeos de esas ...?
- Que no, Lisboa, ya te dije que desde que estoy contigo no veo esos vídeos. Estoy buscando lo que significa “imaginando”, pero no me aparece nada.
- Claro, ¿cómo quieres que te aparezca? Ese tipo de palabras no vienen en los ficheros de datos que os meten.
- (En tono irónico, casi cantando) Ya está la señorita “Los libros son sabiduría” aquíiiiii
- No, tranquilo que no te volveré a decir nada de lo bueno que es leer.

Lisboa estaba siempre hablándome de libros que había conseguido en lugares clandestinos de Einstein. Una vez acudí con ella al sector 4N a por un libro. En aquella zona los agentes de vigilancia y seguridad aún no habían llegado y unos pocos desconectados se reunían para el intercambio de material. Los desconectados eran humanos que habían desactivado su acceso de datos y se limitaban a recopilar la información leyendo o viendo vídeos en soportes anticuados. Una vez fui a casa de Lisboa y me mostró un DVD, un aparato rectangular de unos 10 centímetros de altura en el que se metía un soporte redondo con un agujero en el centro y en el que habían datos que podían ser vídeos, música, imágenes estáticas y otras cosas. Lo recuerdo porque hasta ese día sólo había visto uno de esos en el “Museo de Historia de la Tierra”.

- No te enfades Lisboa que sabes que no me gusta verte así.
- Si no me enfado. En el fondo lo que siento es pena por todos vosotros.
- ¿de verdad sientes pena por mi? – Le dije en un tono de iniciación copular.
- Sí, así que voy a hacer algo por ti.
- ¿en serio? – Volví a insistir casi seguro de que aquello sólo podía acabar de una forma.
- Sí, te voy a ayudar a imaginar.
- ¡eh!, ¿qué?, ¿cómo que imaginar?
- Sí, cierra los ojos
- Pero Lisboa ...
- Tú, cierra los ojos.
- (con resignación) Vale
- Si te digo la palabra playa, ¿qué ves?
- Nada
- ¿Y si te digo que estoy metiendo mi mano entre la arena calentita de la playa mientras el viento que sopla en mi cara me trae la brisa del mar y el sol eleva la temperatura de mi cuerpo?
- Nada
- ¿Cómo que nada?
- No, no veo nada. Está todo oscuro. Pero eso lo arreglo yo ...
- No lo intentes porque he desconectado tu introrrealidad.
- ¿qué has hecho qué?, ¿por qué? Sabes que no puedes hacerlo o ... o ...
- ¿o qué?, ¿Cuántas veces la has apagado?, ¿Cero?, ¿Cuántas personas conoces que la hayan apagado y al volver a encenderlas no haya funcionado?, ¿Ninguna? Washington, por favor, esas maquinas os han quitado hasta la posibilidad de soñar con otras realidades que no sean las que ellos han creado.

Aquella última frase de Lisboa me hizo procesar algunos datos. Si yo cerraba los ojos y no podía ver nada con el sistema de introrrealidad apagado es que algo no funcionaba bien. Tenía que conseguir que el sistema de introrrealidad siguiera funcionando aunque se apagara externamente.

Traducción al castellano de Kandahar Arquímedes, periodista del "Moon Post”.

Diario de bitalaxia – Capítulo 1

El cuadernillo

- Diario de vitácora ... ¿se escribe así?
- No, es con b.
- Joder, es que estos españoles sí que eran los amos de la galaxia en complicarse la cabeza con tanta b y v, la h y sino esos de al andalus que cogían la s, la c y la z, la metían en un unificador de partículas y las decían como les salía de la boca.
- Andalucía
- ¿qué?
- Que no eran de al-Andalus, sino de Andalucía. Al-Andalus era el territorio que conquistaron los musulmanes en la Península Ibérica y era mucho más que Andalucía.
- Ayyy, ahora sé por qué me siento más tranquilo en esto al ir contigo.


No era del todo cierto lo que le dije, de hecho no estaba para nada tranquilo. Irnos a La Tierra, ¿se podía hacer una estupidez mayor?. La Tierra era, por si alguno de los lectores no lo saben, el primer planeta en el que el ser humano habitó. Bueno de hecho fue allí donde empezamos a ser humanos ya que por lo visto procedemos de un animal peludo llamado silio, sinio, simio o algo así.
Yo sentía miedo porque jamás había salido de Einstein, de hecho a penas había visitado un par de lagos artificiales. Pero es que ya vivía en un lugar que me parecía perfecto. En Einstein teníamos todo lo que cualquier humano podía necesitar: nuestro propio Sol, playas diseñadas especialmente para las necesidades de cada uno, trabajo en la fábrica de pastillas alimenticias Mc´Pill, la mayor sala de introrealidad e incluso una biblioteca.
Pero Lisboa era de ese tipo de chica que no quería lo que la mayoría, ella estaba harta de tanta aparente perfección, de lo que ella llamaba “falsa felicidad”. Y yo sentía algo especial cuando estaba con ella. Por algún motivo con ella no necesitaba píldoras Cupido para sentir ese cosquilleo por dentro que no sé si alguno de vosotros lo habrá experimentado pero os aseguro que es mucho más ... creo que la palabra sería humano o tal vez natural, sí creo que al decir natural, digo también que es humano. Bueno, si alguno de vosotros habéis tenido la fortuna de sentirlo, ya me entendéis.

- Vale, y ahora ¿qué hay que escribir?
- Pues ahora no podemos escribir nada hasta que no consigamos una nave, pero Washington, querido amigo, ya tenemos el primer elemento en común de esta aventura: el cuadernillo.

Traducción al castellano de Barcelona Lenin, periodista del "Thirth Galaxy Times"

miércoles, julio 23, 2008

Cuando el tiempo

Juraría que aquella aguja que marcaba los segundos se paró en alguna ocasión de aquella tarde lluviosa de Abril. Incluso me apostaría el dedo meñique de mi mano izquierda que no tengo a que por momentos incluso retrocedía. A pesar de la lluvia el hall de la estación de autobuses era un hervidero en el que cada una de las personas que formábamos parte de él intentábamos apaciguar el calor con cualquier objeto. Una mujer utilizaba la revista de Barbie, que minutos antes había comprado en el kiosco de la estación a su hija, para abanicarse sin darse cuenta que las estampitas de la rubia estaban dentro hasta el primer abanicado lo que provocó el llanto de la niña y un aumento de calor a la madre. Una señora de la limpieza había llenado un pulverizador de agua para aliviar el calor sin darse cuenta que su pecho adquiría un tono sensual que calentaba las jóvenes hormonas de un chaval.



Recuerdo cada momento de aquella tarde porque ahora lo daría todo por volver a ella. Yo me encontraba allí esperando a Susana, la chica con la que llevo compartiendo mi vida desde hace dos años y tres meses, incluida aquella misma tarde que se convirtió en el principio de una historia que tal vez hoy toque a su fin en una fría tarde de Julio.
Susana y yo nos fuimos a vivir juntos un día después de conocernos en persona. Anteriormente habíamos estado hablando por teléfono durante casi un año. Nos conocimos por error como siempre nos ha gustado contar. El 24 de marzo de 2005 yo esperaba la llamada telefónica de la que iba a ser mi jefa. Ese mismo día a Susana le dieron de manera equivocada mi número de móvil en la que iba a ser mi empresa. Casualmente los dos esperábamos el mismo día una llamada de un desconocido para iniciar una nueva etapa profesional y cosas del destino mi jefa y mi futura novia tenían el mismo nombre y casi el mismo número de teléfono. Tardamos casi veinte minutos en darnos cuenta que aquello era un error pero para entonces ambos nos habíamos caído bien. A pesar de ello volvieron a pasar seis días hasta que me atreví a marcar su número. Afortunadamente lo hice porque aunque ella también estaba deseando hacerlo, después me di cuenta que en aquel momento ella carecía del valor suficiente. Durante meses nuestras voces contaban al otro nuestro día a día, incluidas pequeñas historias con terceras personas que no llegaban a nada ya que la atracción entre nosotros ya era un hecho y lo único que debíamos hacer era dar el paso. Para aquella tarde de Abril ella ya había comenzado a tener seguridad y cogió el primer bus que le llevara a Madrid, donde se presentó sin darme a penas tiempo para que pudiera reaccionar.
Hemos vivido dos años de auténtico amor y pasión en el que todas las carencias que hay a nuestro alrededor a penas han tenido importancia y nunca han afectado a nuestra propia relación. Recuerdo sus ojos brillantes y su sonrisa transmisora de energía la tarde que nos colamos en el Parque de Atracciones y estuvimos todo el día montando en las atracciones. No puedo dejar de pensar en la primera vez que lo hicimos, fue en la cama de mi hermana ya que mi sofá estaba ocupado por una visita, y cómo Brad Pitt miraba con asombro cómo de nuestros cuerpos se desprendían cargas de energía capaz de alumbrar toda la ciudad de Madrid durante horas.
Después vino nuestro propio piso de alquiler en el que casi teníamos que decidir si en él vivían los muebles o nosotros. Las noches en vela por las peleas de la pareja del piso de al lado que pasábamos soñando en el futuro que nos esperaba lejos de todo aquello, felices, rodeados de nuestros hijos que nos hacían ya discutir entre si llamarlos Andrés o David.
Pero poco a poco y sin darnos cuenta todo aquello se fue apagando. Me quedé sin empleo por culpa de una pareja que se coló en el Museo en el que trabajaba de seguridad. Ella comenzó a salir con sus compañeras del trabajo. Yo pasaba las noches de discusiones en vela sólo viendo películas de Brad Pitt que me recordaban a aquellas tardes en la habitación de mi hermana. Las conversaciones de nuestro futuro desaparecieron y sólo habían discusiones de nuestro pasado.
Ahora soy yo el que no tiene el valor suficiente de hablar, soy yo el que tiene miedo a que todo acabe, que nuestra pequeña historia toque a su fin y ella se marche de mi lado. Ahora ella tiene seguridad en sí misma y sabe que puede tener una vida mejor, que sus sueños tienen un peso en mi que les impiden volar. La quiero, la amo demasiado como para impedirle ser feliz. Cuando una historia toca a su fin hay que saber estar a la altura y yo no estoy preparado, así que aquí te espero, en el mismo banco en el que hace ahora dos años y tres meses te esperaba con el único deseo de que todo vuelva a ser como aquella tarde cuando el tiempo no pasaba.

sábado, julio 12, 2008

El sol volverá a brillar

¿Y qué le pasa exactamente? – me pregunta Jacobo, amigo desde la infancia y amante como yo de las plantas. Y no sé muy bien qué responder a su pregunta lo cual me llena más de preocupación si cabe. Hace ya un par de días que esté donde esté o con quién esté sólo me paro a pensar en esa pequeña planta que hace ya ocho años me encontré por casualidad en una tienda. He de admitir que por aquella época yo no era muy aficionado a la botánica pero por alguna razón aquellas hojitas entrelazadas me dijeron llévame contigo y así lo hice.
Con el paso del tiempo ella y yo fuimos conociendo más cosas el uno del otro. Yo lo mucho que te puede aportar un ser vivo como aquel, ella que el ser humano puede llegar a ser un gran amigo aún cuando en ocasiones olvidara echarle agua o ponerla al sol durante un par de días. Pero no me lo tenía en cuenta, de nuevo recobraba su color original, incluso le brotaban pequeñas hojitas de un color rojo revolucionario que la hacían sin duda la planta más espectacular de todo el patio.



Cuantas tardes hemos pasado juntos escuchando música mientras yo me dedicaba a observarla y escribir sobre la vida misma que en muchas ocasiones se parece a la vida de una planta. El ser humano también necesita que lo rieguen, que le de el sol, que le digan cosas bonitas, Botánica-terapia que lo llamo yo.
Pero desde hace un par de semanas sus hojas comenzaron a marchitarse y sus ramas van descendiendo lentamente tomando un color amarillento que entristece toda mi casa. Ni el agua, ni el Sol, ni siquiera una buena canción de Marlango parece servirle y ando preocupado, aunque sé que como siempre ella volverá a resurgir, por algo la llamo “mi pequeña fénix”. Estoy seguro de que en pocos días recobrará su color verde original, el rojo de sus pequeñas flores volverá a brotar, de nuevo danzará con el viento el vals de “La bella durmiente” que como ella yace esperando a que un beso verdadero la despierte. “Mi pequeña fénix” muy pronto ese beso llegará y el sol volverá a brillar.

miércoles, julio 09, 2008

El momento

Cuantas veces he vuelto a soñar con aquel momento exacto en el que todo parecía un viaje con destino a mis propios sueños, cada objeto en su lugar, cada parte de tu cuerpo en la postura exacta y perfecta, cada latido de mi corazón a su debido ritmo, cada segundo marcado por tu respiración. Pero como los sueños, los momentos pasan, finalizan y se convierten en recuerdos como este del que vivo ahora, como este que mantiene la llama en su justa temperatura aunque a veces parezca cercana al incendio, a la devastación.
En una película que nunca vi contigo decían que hay momentos en los que uno tiene que decir lo que siente pues es en ese exacto momento en el que tus sentimientos son tan puros que te podrían elevar del suelo, te traerían aquella estrella y podrías vivir eternamente solo con el recuerdo de aquel sentimiento.
Recuerdo como en aquel preciso momento los rayos del sol comenzaron a colarse lentamente entre los huecos de una persiana mal cerrada y daban un color especial a tu pelo anaranjado que se deslizaba con sugerentes curvas por un cuello cuya piel agradecía los rayos de sol tomados durante aquellos días. Toda tu piel comenzó a sentir un viento fresco que el mar empujaba hasta nosotros quizá para que tu sueño quedara roto y nuestros ojos pudieran ver juntos los primeros segundos de aquel día que fue nuestro último día. Yo lo viví por los dos, disfruté con cada soplido marino y con cada rayo que Apolo nos enviaba quizá con la intención de que algo prendiera entre nosotros pero no fue así y aquel momento se acabó.



Tú te despertaste y yo no encontré el valor suficiente para que mis ojos fuesen lo primero que los tuyos contemplaran aquella mañana. No pude, ni puedo decirte lo que siento porque me da miedo no poder volver a disfrutar de un momento como aquel, de poder tenerte cerca, de sentir la suavidad de tu piel a cada beso en la mejilla que nos damos, de una de tus sonrisas, de tus pequeños ojitos brillantes, de cada uno de los momentos que te traen a mi cada segundo, cada latido.
Ahora no paro de recordarte de espaldas a mi, durmiendo como un bebé abrazada a tu manta, mostrándome tan solo una parte de tu cuello y tus hombros a los que sólo quise inundar con besos y caricias, a los que sólo pude admirar desde la lejana cercanía.

martes, junio 24, 2008

A la hora exacta

¿corbata azul o roja? Estúpida elección para alguien que como yo trabajó en una corbatería durante más de cuarenta años, pero siempre resulta más fácil escoger la corbata para otra persona que para uno mismo ya que en el segundo caso te suelen venir a la mente probabilidades que como mero espectador desconoces. Una de esas posibilidades es que la persona para la cual estás intentando ponerte lo más elegante posible prefiera un color u otro. Aún así seguía resultando estúpida la elección y la duda ya que carecía de información suficiente para saber si a ella le gustaba más el rojo o el azul.
Finalmente me decanté por la roja que resaltaba más sobre mi camisa blanca y mi chaqueta negra. Además fue con una corbata roja como conquisté a mi mujer cuando nos vimos por primera vez en las fiestas de Mengarejo. ¡Qué bella estaba aquel día! Aún hoy puedo recordar cada uno de los volantes de su falda y cómo se deslizaban entre sí al son de una música que escandalizaba a los mayores del pueblo.
Faltan cinco minutos para las seis y media de la tarde. Ya estoy vestido y tan solo me falta echarme unas gotitas de “Azucena” en el cuello. Salgo de casa con destino el bar “La elipse”. Llevo haciendo este trayecto once años, los mismos que resido en Basi. Al principio “La elipse” era el lugar de recreo en el que mataba el tiempo jugando a las cartas con Jero y Alfredo. Ahora el tiempo lo ha matado a los dos así que me dedico a escribirles cartas como estas a los dos en las que realidad y ficción se entremezclan para fingir una aparente normalidad.
Hoy hay toros por lo que el forum es algo mayor de lo habitual. No he sido nunca un gran seguidor de los toros, no porque sea de esos que se oponen a la fiesta nacional defendiendo los derechos del animal, pero la muerte del toro me recordaba siempre a la de mi tío Tomás atravesado por una haz. Dicen que los recuerdos de la infancia son para siempre quizá por ello me enamoré de mi mujer cuando la vi bailando, ya que trajo a mi mente imágenes de mi madre bailando a escondida de mi padre que siempre afirmaba que “una mujer bailando es como una gata en celo”.
“Ginés, ponme lo de siempre”. Es lo bueno de ir siempre al mismo lugar que con una frase tan sencilla no tienes que explicarle al camarero si quieres el café con más o menos leche, la temperatura a la que deseas que te lo sirva. Es posible que acudiendo a otros bares podría conocer a diferentes personas, pero les voy a decir una cosa a estas alturas de mi vida les puedo asegurar que en todos los bares del mundo encuentras siempre a las mismas personas: el solitario, el de la maquina, el comentarista político, el comentarista deportivo, el que cuenta chistes malos, el que huye de su mujer, y así un par de ejemplares más. Luego lo único que cambian son los nombres, el resto de las historias son todas iguales. Desde aquí propongo a esas mentes que dirigen cadenas de televisión que los castings para grandes hermanos los hagan en los bares y la audiencia se disparará, así como el presupuesto en vino y cerveza.



El bolígrafo empieza a estar húmedo, no porque se esté poniendo cachondo sino porque el sudor empieza a destilar por mi mano fruto del nerviosismo por ver acercarse la hora de su llegada. Hoy voy a ser un hombre y me voy a acercar a saludarla, no voy a permitir que de nuevo el de los malos chistes se me adelante con alguna falsa galantería. Lo tengo todo pensado, me acercaré y le pediré si puedo acompañarla en su ratito de soledad, ella aceptará seguro pues varias veces nuestras miradas se han cruzado entre servicio y servicio de Ginés.

Es la hora y ella entra como siempre con una gran sonrisa por la puerta, saluda a los habituales incluido a mi mismo dedicándome un descenso de la cabeza y una sonrisa, pide a Ginés como cada tarde un zumo de tomate “bien fresquito” y sube las escaleras que le llevan al piso superior. Es mi momento, ahora soy yo el que tiene que reaccionar, me levanto, me dirijo hacia la barra, me detengo, me surge la duda, miro con el rabillo del ojo hacia las escaleras, mi viejo corazón late con fuerza, siento un mareo, el sudor de mis manos se extiende al resto de mi cuerpo, ha llegado el momento, es mi último momento y llega como siempre a la hora exacta.

domingo, junio 15, 2008

Una fiesta entre copas: Parte 2

Diana trataba, detrás de los contenedores de basura, de ahogar su llanto para que nadie se diese cuenta que a escasos metros de allí alguien se permitía el lujo de expresar sus sentimientos. Además casi podríamos decir que tenía la necesidad de actuar así ya que la situación de su estado sentimental era “ilegal”. Diana lloraba por Luis Silva, hijo del cabeza de familia y futuro sucesor del imperio Silva. Su relación con Luis estaba a punto de cumplir los dos años pero nadie en la familia sabía de ella, de manera oficial Diana conseguía el permiso de estancia en casa de los Silva por pasar como amiga especial de Arturo, amigo de Luis. Durante esos dos años Luis encontró todo tipo de excusas para aplazar el anuncio de su relación lo cual llevaba siempre a Diana a pensar que él se avergonzaba de ella por ser una chica de barrio, de origen, trayecto y destino humildes.
Aquella noche Luis le prometió que iba a anunciar a sus padres que ellos dos eran novios, que se querían y que tenían pensamiento de contraer matrimonio. De nuevo Diana volvió a sentir la emoción por el momento tan esperado, esta vez su chico no iba a fallarle, iba a gritar al mundo entero lo que sentían el uno por el otro, pero de nuevo Diana no contó con la aparición de un personaje más importante: el poder.
La fiesta tenía un motivo, dar una noticia, pero no la que Diana había soñado. Fernando Silva iba a anunciar a todos sus amigos y conocidos que iniciaba la retirada, que sus tiempos como agresivo empresario tocaban a su fin y que era el momento de dar la alternativa a una nueva generación: la de sus hijos. Claudia Silva, su hija, tomaría las riendas del Departamento de Comunicación en el que ya trabajaba, y Luis Silva pasaría a ser el Director General del Grupo Silva.
Como podréis imaginar este anuncio era en sí tan relevante que no había cabida para otro por pequeño que éste fuera. De nuevo su relación con Diana había sido menos importante que la familia, el dinero o el prestigio social. De nuevo Diana se sentía como lo que contenían aquellos contenedores. Intenté consolarla, hablamos profundamente sobre le que nos pasaba a ambos, incluso llegamos a soltar alguna risa que trataba de soltar lastre. Cuando todo parecía ya olvidado, cuando casi se podría decir que ambos habíamos decidido dar un paso al frente y olvidar los sentimientos por los que nos habíamos encontrado en aquel escondido lugar, apareció Luis Silva con cara de angelito, casi dando pena, como si él fuese un esclavo de las normas que marcaba la sociedad a la que pertenecía.
Diana sucumbió de nuevo a las excusas de él y juntos se marcharon entre los árboles del hermoso parque particular. Nunca más supe nada de Diana pero imagino que el final a su historia no fue el que ella hubiese soñado ya que la literatura nunca es bonita cuando el que la escribe es Poderoso Caballero “Don Dinero”.
Yo me acabé el último cigarro y regresé al interior a ocupar mi lugar en aquella fiesta, entre copas.

sábado, junio 14, 2008

Una fiesta entre copas (Parte 1)

“Perdone, ¿no quedan canapés?”. Estas fueron las palabras más repetidas a lo largo de aquella noche en la mansión de los Silva. Una familia del norte que habían venido a Madrid a confirmar su situación económica, a codearse con los grandes ricos de la villa de Madrid que suelen ser los grandes ricos del país. Se puede decir que su situación era bastante similar a la mía, yo también había venido a Madrid a confirmar mi situación, solo que en mi caso era una situación artística y se podría decir que esta no era de tanto éxito como la económica de los Silva.
No llegué a averiguar exactamente a qué tipo de negocio se dedicaba Fernando Silva, fundador de la fuente de dinero, padre de la familia y perfecto anfitrión de aquella fiesta. Me gustaría poder decir que fue un hombre simpático con los que aquella noche trabajamos en el servicio de su fiesta pero ni puedo afirmar esto, ni tampoco lo contrario. Lo cierto es que sólo se dirigió a mi para decirme “perdone, necesitamos por aquí más canapés”.



Aquella noche estaba bastante nervioso al principio ya que era la primera vez que trabajaba de camarero en una fiesta para gente vip en el mundillo económico. Tenía miedo a no saber estar a la altura, a tropezarme con algo o alguien y estropear un vestido que costara como cincuenta noches trabajando de camarero para gente vip del mundillo económico. Pero en todo momento sentí el apoyo de María, el motivo real de que yo estuviera allí, amiga de la Universidad y hermana de Rodrigo, el novio de mi hermano.
Los asistentes a aquella fiesta vestían todos de manera muy elegante, demostrando la posición que ocupaban en la vida, tratando de transmitir no sólo con la ropa que llevaban sino también en la manera de llevarla que no era invitados de un invitado sino que ellos eran miembros honorarios de aquel tipo de fiestas.
Aquella pudo ser una noche más en la vida de muchos de los asistentes, para otros era el marco perfecto para cerrar algún acuerdo o concertar alguna reunión con alguno de los allí presentes para dar el pelotazo de su vida. Banqueros, políticos, constructores, periodistas y hasta un duque, especuladores todos de la vida ajena. Todos ellos movidos por la avaricia, por el deseo de nadar en la abundancia, buscadores de invitados para sus propias fiestas y de inversores para sus propias arcas. Pero entre todas aquellas personas había un hueco para el amor, para la naturalidad, una esperanza para la humanidad de que a veces lo puro puede vencer al artificio, a lo falso, a la ausencia de sentimientos. Esta esperanza se llamaba Diana.
Diana y yo nos encontramos no sólo física sino también sentimentalmente. La primera vez que la vi no pude evitar prejuzgarla con un “pobre niña rica” que en realidad era un “rica niña. ¡Pobre!”. Yo había salido a fumarme un cigarrillo en el que buscaba un poco de desahogo, de desconexión de María que se encontraba a escasos metros flirteando con el bajista del grupo que había sonorizado la noche. En aquellos momentos solo deseaba que aquella noche acabase cuanto antes y poder marcharme a casa, creía ser el ser más infeliz del mundo, pero como siempre la vida nos muestra que no somos el eje alrededor del cual gira todo.