viernes, agosto 06, 2010

Pisa la vida, písala

Habitación de un hotel lujoso. Una mujer está en el cuarto de baño arreglándose para salir mientras su marido está sentado en el borde de la cama con una copa de vino en la mano.

Silvia - ¿Pero cómo que no puedes? Si habíamos planeado esta cena desde hace dos semanas.
Steve - Lo sé, Silvia, pero no me encuentro ... no me siento con ganas.
Silvia - ¿Y crees que yo si me encuentro?
Steve - No sé cómo te encuentras tú, yo sólo sé cómo me siento yo.
Silvia - ¿Y cómo te sientes?
Steve - A ver, Silvia, no me apetece ir, ni me apetece hablar. Si quieres ir a esa cena ve y díles lo que se te ocurra. Que me he puesto malo, que he recibido una llamada de trabajo a lo que no podía decir que no, lo que quieras.
Silvia - ¿Pero tú te estás escuchando?

Steve suspira y gira la cabeza de izquierda a derecha.

Silvia - ¿Qué?
Steve - ¿Qué de qué?
Silvia - ¿Qué significa ese resoplo?, ¿Qué pasa por tu cabeza?, ¿Qué te pasa Steve? Dime algo, lo que sea, dí que estás así por el trabajo, por lo de mi madre, por los niños, por mí. Dí algo, por Dios, demuestra que estas vivo.
Steve - Estás desvariando.
Silvia - Steve, ¿tú me quieres?
Steve - No, eso sí que no. No pienso volver a discutir sobre este tema por enésima vez. Silvia, hemos hablado ya de esto unas veinte veces en las últimas dos semanas.
Silvia - ¿Llevas la cuenta?
Steve - No llevo la cuenta de las veces que discutimos aunque es obvio que últimamente es más difícil contabilizar las discusiones que tenemos que las veces que lo hacemos.
Silvia - ¿Lo que hacemos tú lo contabilizarías como relación sexual?
Steve - Pues sí, otra cosa es el grado de intensidad. Sobre eso sí podríamos hablar pero yo cuando lo hago ...
Silvia - Pues yo no Steve. Hace mucho que trato de engañarme a mí misma. Intento convencerme de que debe ser por el cansancio acumulado, por el estrés, por el hecho de que mi madre viva ahora en la misma casa, pero la realidad es que el problema no está fuera de nuestra cama.

Silvia se sienta en el borde de la cama junto a Steve. Ambos miran al frente pero no dicen nada. Frente a ellos un espejo radiografía el estado de su relación. Ambos asisten al diagnóstico que les muestra la triste realidad.

Steve - ¿Cuánto tiempo llevas fingiendo?
Silvia - No finjo Steve.
Steve - ¿Cuánto?
Silvia - No lo sé. Uno no decide un día comenzar a fingir. Y sinceramente no me importa que el tiempo sea más o menos. Lo que de verdad me importa es que yo sí te quiero y quiero que volvamos a disfrutar el uno del otro como antes.
Steve - ¿ Insinúas que yo no te quiero?
Silvia - ¡No!. Steve ambos llevamos demasiado tiempo alejados el uno del otro. ¿Cuanto tiempo hacía que no disfrutábamos de un fin de semana los dos solos?
Steve - No sé, ¿seis?, ¿siete años?
Silvia - Demasiado tiempo.
Steve - Todo ha cambiado a nuestro alrededor durante estos años. Ya no somos aquellos jóvenes universitarios que querían comerse el mundo. Ya no somos aquellos soñadores libres de ataduras.
Silvia - Ahora yo soy una prometedora doctora y tú un hombre de negocios.
Steve - Tenemos dos maravillosos hijos.
Silvia- La casa que siempre habíamos soñado.
Steve - Un perro
Silvia - Y ahora también a mi madre.

Los dos sonríen.

Steve - La vida ha cambiado y nos ha cambiado.
Silvia - Pero seguimos juntos. Es normal que hayamos perdido un poco el Norte. Que estemos un poco desorientados y no sepamos muy bien si vamos o venimos. Pero para mí lo más importante es que todo lo he conseguido a tu lado y son muchas más las cosas que quiero seguir logrando junto a ti.
Steve - Los primeros noviazgos de Clara y Robert.
Silvia - Sus primeros llantos cuando les rompan el corazón.
Steve - A ti vestida de madrina.
Silvia - Y tú llevando a tu hija hasta el altar.

Ambos se miran a través del espejo y entrelazan sus dedos. Giran sus cabezas, se miran frente a frente y se dan un largo y apasionado beso.

Steve - Te quiero, Silvia. Nunca he dejado de quererte. Desde el día que te vi bajar de aquel autobús supe que serías mía.
Silvia - Yo también te quiero, te amo. No soy capaz de imaginar una vida sin ti.

Ambos se echan sobre la cama y comienzan a amarse con toda la fuerza y delicadeza con la que llevaban años sin demostrarse.