miércoles, diciembre 15, 2010

El brillo de tus ojos

Escribo estas palabras siendo consciente de que tu recuerdo, como suele ser habitual en mí, ha podido ser idealizado y que tan solo se trate de un efecto psicológico que persigue ofrecerme una visión menos realista de la realidad para seguir obteniendo energías en el duro día a día.

Aquella mañana en la que tus ojos y los míos se juntaron por primera vez me sentí algo nervioso, temeroso de no sé muy bien qué, inseguro de no transmitir tampoco sé muy bien qué. No nos conocíamos en persona, habíamos intercambiado un par de palabras a través de estos nuevos medios en los que Cupido ha invertido. Hablo de Cupido, perdona mi atrevimiento, porque aquella mañana sin saber muy bien el motivo no me dirigía simplemente a reencontrarme con una persona y conocer una nueva.

Por esa incomprensible tendencia al suicidio emocional que llevo años practicando, un par de imágenes tuyas y unas cuantas frases me habían ayudado a generar a tu alrededor todo un retrato genético de tu cuerpo y sobre todo de tu alma. Tal vez el sueño que tuve una vez, y que provocó una reacción en alguien no muy alejada de ti y con quien me reencontré aquella mañana, no fue del todo desacertado, tal vez pude soñar contigo sin ni siquiera haberte visto en persona.

Aquella fue la primera vez que nos vimos en persona o al menos yo a ti. Y es que recuerdo haber estado en tu casa, incluso me vienen a la mente una frase "se han escondido porque una de ellas te ha visto en foto y le gustas". Nos podríamos haber conocido mucho antes, o mejor dicho nos podríamos haber visto mucho antes. Porque conocerse es otra cosa, ahora puedo afirmar que pocas veces llegas a conocer a las personas. Pero ese momento finalmente no se produjo.

Te vi, os vi, desde lejos, demasiado lejos para estos ojos que poco a poco van sufriendo los años. Y luego el tráfico de la ciudad me mantuvo a la espera durante algunos segundos, eternos para mi, en los que tuve tiempo de pensar qué diría, en los que tuve tiempo de pensar si a caso era necesario decir algo. El hombrecillo del semáforo estaba quiero y en rojo, parecía como si quisiera mofarse de mí. "¿No te parece ridículo estar pensando qué decir?, ¿a caso crees que esperan algo de ti?, ¿esperas tú algo de ella?" Y la verdad es que no esperaba gran cosa, como mucho que mis elevadas expectativas no se vieran truncadas en aquella primera vez. No esta vez, no otra vez.

Hombrecillo verde. ¿seré de otra galaxia? No es la primera, ni será la última vez que lo piense. En un mundo en el que todo parece moverse por frivolidades, me siento minúsculo, casi inexistente cuando la gente me habla de sus pensamientos y acciones. A veces pienso si están siendo ellos mismos, la mayoría de las veces siento que simplemente tratan de seguir un papel para no quedar apartados del bullicio. Para alguien como yo que no cree en divinidades, la única fe que puedo depositar es en el ser humano. Y por todo ello muchas veces siento angustia, desasosiego, vértigo, porque no sé si tengo fé en una especie que no existe, o si no existo para una especie que no tiene fé.

El encuentro contigo fue algo especial. Intercambio de palabras, risas, energías deslizándose por todo mi cuerpo. Todas ellas reflexivas, positivas, nuevas, regeneradoras. Recuerdo sentirme en paz por ser capaz de conectar con un pensamiento atípico, milagrosamente atípico. Reconstituyentemente atípico. Y hay una sensación que recuerdo de aquel par de horas que pasamos juntos: tus ojos. Y no sabría decirte el color, como casi siempre, pero sé que brillaban, que brillaban mucho pero no por lo que estaban mirando (o esa no fue la sensación que percibí) sino por lo que proyectaban desde el interior. Y recuerdo que dejando metáforas a un lado, brillaban tanto que hubo un momento en el que tuve que dejar de mirarlos porque me cegaban. Fue una sensación increíble y a la vez aniquiladora. Y es que para un romántico con alas como yo, aquellos rayos de luz que se escapaban por tus pupilas pueden iluminar este corazón sediento durante miles de vidas.

No he sido capaz de olvidar el brillo de tus ojos. Debe ser que no puedo dejar de pensar en ellos a pesar de que al hacerlo soy consciente de la locura que cometo. Si me preguntan diré que no es más que la locura de un ciego.


viernes, noviembre 12, 2010

Cuando un momento deja de existir

¡ Qué puta que puede llegar a ser la vida !

¿Recuerdas ese día en el que de pequeño venían los Reyes Magos?, ¿Recuerdas el día de tu comunión?, ¿Recuerdas el día que diste el primer beso?, ¿Y el primer día que te rompieron el corazón?, ¿recuerdas algún momento triste?, ¿y cuantos felices te vienen ahora mismo a la mente? Seguramente muchos y muy variados, cada uno de vosotros tendréis recuerdos distintos con personas distintas, en momentos distintos y en lugares también distintos.

¡Qué buenos recuerdos! o ¡Qué mal que lo pasamos en aquel momento!, ¿cuantas veces habrás oído contar a una persona una misma anécdota varias veces?, ¿y cuantas veces te has reído en la enésima vez que la has escuchado?

¿has llorado recordando un momento? Seguro que sí, haya sido bueno o malo. Pero en algún lugar de tu cerebro ese recuerdo quedó grabado ¿para siempre? No, para siempre no.

Cierra los ojos por un momento. Por favor, ciérralos.

Ahora cuando los vuelvas a cerrar piensa en una gran pared en blanco. Muy grande, enorme, tanto que lo único que vas a visualizar cuando cierres los ojos es un todo en blanco.

Ahora piensa en una palabra, frase o dibujo que quieras pintar en esa pared. Tómate el tiempo que necesites, es tu pared y sólo la vas a pintar tú. Piensa en esa persona que te hace sentir especial, acuérdate de tus padres que te hicieron así de especial, piensa en un amig@, en tu vecin@ del quinto o en el del primero. O si lo prefieres piensa en algunos de tus hobbies. Da igual, es tu pared y puedes pintar en ella lo que quieras pero estaría bien que fuera algo que significara mucho para ti.

¿Ya? Bueno, no te ha quedado del todo mal. La verdad es que sí, te define muy bien.

Ahora cuando cierres los ojos vas a ver como una enorme brocha pinta toda tu pared de negro. Lo siento no es decisión mía yo prefiero lo que has pintado tú que el color negro pero así es la vida.

¿Recuerdas lo que has escrito? Imagino que sí pero ¿lo ves escrito en tu muro? Yo tampoco. Debe estar debajo de la capa de pintura negra pero siento tener que decirte que no hay más pintura para volver a pintar sobre ella. Ahora tu pared es una gran pared negra, vacía, sin nada que te identifique. Tú seguramente recuerdas lo que había en ella pero los demás no ven nada, absolutamente nada más que una pared en negro. Y lo siento pero no tienes opción de comunicarte con ellos, la pared era el único medio de comunicación con el exterior.

¡Qué puta que puede llegar a ser la vida!

jueves, noviembre 11, 2010

Abriendo la válvula

Situación 1:

Estoy sentado en clase mientras un profesor escribe la resolución de un ejercicio en la pizarra. Miro la pizarra, escribo en el papel, miro la pizarra, ... me mareo. ¡Joder! creo que debería ir a la óptica a decirles que llevo solo dos meses las gafas y me dan mareos. ¡Qué calor que hace! Y eso que está puesto el aire acondicionado. A ver si el mareo es por el calor. ¡Ey!, espera, ¿por qué no soy capaz de pensar claramente? A ver si esto va a ser como ... pero si esto ya estaba superado, ¿no? A ver, tranquilízate. A ver, sientes que el aire no está entrando por tu nariz pero sí está entrando, ¡Sí está entrando!, ¿sientes el aire? yo tampoco. Me cago en la puta que me estoy mareando. ¿salgo de clase? pero a ver si al ir hacia la puerta me voy a desmayar, claro que si tampoco voy me puedo desmayar aquí mismo. Definitivamente es lo mismo de la otra vez, ya está aquí la puta opresión pectoral. A ver, respira, respira, respira. ¿Cómo era esto? ¡Ah si! lo de respirar con el abdomen, venga hazlo. Respira profundamente, y ahora expulsa el aire lentamente. Que no, que no, que no me sale. Que me voy a desmayar y encima ahora si me levanto seguro que me caigo porque me siento las piernas sin fuerzas.

Finalmente no me desmayé.

Situación 2:

Llego a un bar donde están esperándome mi madre y su marido. Acabo de tener una conversación en la que he confirmado que mi comportamiento en un momento no fue entendido pero tampoco se ha hecho el esfuerzo de entenderlo. El camarero nos toma nota de lo que hemos pedido y nos trae las bebidas. Mi madre comienza a contar algo que no recuerdo pero que debía ser gracioso porque se reía al contarlo. De repente siento unas ganas incontroladas de llorar. No es pena, no estoy pensando en nada en concreto, simplemente siento ganas de llorar pero evidentemente no puedo hacerlo porque estoy en un bar, y las dos personas que tengo enfrente no van a entender que me ponga a llorar y yo no voy a ser capaz de explicarles que ni yo mismo sé por qué tengo ganas de llorar. Así que inicio un proceso de controlar el llanto a pesar de que tengo las lágrimas en el mismísimo pórtico que separa a mi cuerpo del exterior. El director de escena consigue finalmente frenar a las lágrimas pero estas no deben de quedar muy satisfechas y van a poner una reclamación en mi propio cuerpo y en la que el juez les debió dar la razón en un juicio rápido. A los pocos segundos la ansiedad viene a tomarse la revancha de las lágrimas y vivo en menos tiempo una experiencia como la de más arriba con el agravante de que en clase puedo pasar desapercibido y aquí la persona que tengo enfrente trata de mantener una conversación conmigo y yo soy incapaz de articular dos palabras seguidas que tengan un significado. ¡¡¡ Alerta, alerta !!! es necesario encontrar una salida a esta situación. De repente veo el móvil enfrente mía, lo cojo y simulo que he recibido una llamada. Me salgo del bar y comienzo a respirar y expirar, respirar y expirar, y por un momento creo (suele pasar en estos casos a menudo) que de verdad voy a expirar. Tranquilo, relájate, te ha pasado dos veces en poco tiempo pero no tiene por qué ser lo mismo que la otra vez. Tienes una ventaja esta vez y es que sabes que realmente no te está pasando nada y que nunca llegaste a desmayarte. Venga no tienes mucho tiempo, piensa en algo positivo o haz algo. Vuelvo a mirar el móvil y decido llamar a ... mi padre, ¿por qué? porque era el último número que me aparecía. ¿había dicho ya que era incapaz de conectar dos ideas? Tengo una conversación con mi padre y mi hermano pero no recuerdo sobre qué. Durante la conversación mi madre sale para decirme que entre que la comida está ya servida. ¿comida?, ¿cómo decirte que se me acaba de cerrar el estomago?, ¿cómo decirte que solo pensando en volver a entrar me entra angustia?, ¿cómo decirte que ha vuelto? No puedo entrar y decirte "mamá, me voy a casa porque me acaba de dar un ataque de ansiedad, ¿te acuerdas de ella?" Vale, tengo angustia, creo que eso se me debe notar en la cara. Entra y dile que no te apetece comer porque tienes el estómago un poco jodido y que te vas a casa.

Y me fui a casa, no comí, y cuando volvió tuve que responder a un interrogatorio.

Situación X:

Estoy en algún lugar y siento el mareo, la opresión en el pecho, la falta de aire, la angustia, la incapacidad de pensar claramente.

Estoy en algún lugar y de repente siento unas ganas terribles de llorar sin ningún motivo.

Y ni me desmayo, ni lloro.

Conclusión:

No quiero desmayarme pero sí quiero y necesito llorar.

miércoles, noviembre 03, 2010

Mis aventuras en Sapanā

En la vida de cada uno hay días que siempre se recuerdan incluso a pesar de que hayan pasado muchos, muchísimos años. Yo recuerdo cientos de días de mi vida. Y recuerdo unos pocos de mi infancia pero hay uno que no olvidaré jamás. Los acontecimientos que ocurrieron a partir de aquel día cambiaron para siempre mi vida y la manera de vivirla. Aquel fue el día en el que viajé por primera vez a un lugar mágico en el que no existen los límites, los imposibles, un lugar en el que el sueño se vive despierto, un lugar en el que se cruzan mundos que nunca hubiera imaginado. Esa tierra, llamada Sapanā, fue desde aquel día mi único y verdadero país.

Pero como te estaba contando todo comenzó un día de noviembre. Era un día lluvioso, oscuro, triste, de esos en los que es mejor estar en casa recogido a la espera de que la lluvia pare y poder salir a jugar con Jon y Shalim. Normalmente en este tipo de días mi madre me permite quedarme en casa. Cuando tenía cinco años una vez estuve varios días con fuertes fiebres y según me contaba mi madre estuve no demasiado lejos de morir. Desde aquel día mi madre siempre que llovía o las temperaturas eran muy bajas me permitía quedarme en casa. Sin embargo, mi abuelo llevaba ya varios meses hospitalizado y no había nadie que se pudiera quedar en casa conmigo y con Tom, mi hermano pequeño. Así que aquel primer día lluvioso de la temporada no tuve más remedio que ir al colegio.

Pasé toda la mañana mirando cómo llovía desde mi clase. No pudimos salir al patio y en el pabellón no había espacio para todas las clases. Yo no tuve la suerte de ir a uno de esos colegios religiosos con grandes instalaciones. El Instituto Gandhi disponía de unas clases en las que la calefacción funcionaba cuando funcionaba. Y aquel no fue uno de esos días. Sin embargo, yo no podía alejarme de aquella ventana. Los días lluviosos como aquel mi abuelo solía contarnos sus viajes por los mares de la India y cómo en días tormentosos el barco en el que navegaba luchaba titánicamente contra las fuertes olas de hasta ¡¡20 metros!!. La verdad es que yo por entonces no era muy consciente de cómo de grande podía ser una ola de veinte metros pero por los gestos de mi abuelo a mi me parecían auténticos monstruos marinos.

Continuará ...

sábado, octubre 30, 2010

Viaje a una conversación en el pasado

Estos días circulan en mi cabeza varios temas que me tienen agarrados los intestinos. Los dichosos temas pululan por mi cabeza como si fueran zombies chocando de una pared a otra de mi cerebro provocándome en ocasiones fuertes dolores de cabeza. Lo cierto es que estoy un poco harto ya de ellos y sé que lo único que tengo que hacer es abrirles las puertas para que vuelvan a sus tumbas pero ¿quién no quedaría en estado de shock al comprobar cómo el salón de su casa ha recibido la visita inesperada de unos apestosos zombies?

Uno de esos temas me ha traído el recuerdo de una conversación que tuve en una ocasión con una amiga y que metafóricamente podría ser hoy aplicado a uno de los zombies.

Yo - ¿Qué te pasa?
Amiga - Pues que no soporto más esta situación.
Yo - ¿Qué no soportas exactamente?
Amiga - Pues yo entiendo que trabajando en el mismo lugar que ella tenga que verla y como parte de mi trabajo que es tenga que hablar con ella cuando sea necesario y callarme cuando no tenga más remedio. Pero lo que no estoy dispuesta a aguantar es a que en mi propia casa, en mi espacio de desconexión tenga que callarme también, aquí sí que no estoy dispuesta a hacer concesiones por el bien general. Si mi compañero de piso no es capaz de entender esta situación no tendré más remedio que explicársela claramente.

A esto yo añadiría una frase de Macaulay Culkin en Sólo en casa : "Esta es mi casa y tengo que defenderla".


domingo, octubre 24, 2010

Le jour qui a changé ma vie

Adrián está sentado en una silla junto a la cama de su padre en una habitación de hospital. El habitual silencio en sus vidas esta vez no se rompe por una discusión sino por una conversación entre dos personas que son conscientes que puede ser la última.

Adrián - Padre, usted y yo nunca hemos hablado mucho. Especialmente cuando murió mamá y no sé si este es o no un buen momento pero creo que aún no es tarde. Padre me gustaría que antes de que se marchara usted se llevara un buen recuerdo de su relación conmigo y yo quiero recordar que al final usted y yo fuimos capaces de mirarnos a los ojos, olvidarnos de las rectitudes, de las normas, de todos los pesares que han marcado su vida y que seamos un padre y un hijo más.

Padre - Hijo, yo ... (se detiene, en un intento de controlar la emoción que le impide hablar), yo siento haber sido tan duro. Pero, solo quería ... yo solo quería prepararte para este mundo. La vida es muy dura Adrián.

Adrián - Lo sé, padre, la estoy conociendo poco a poco.

Padre - Adrián, la muerte de tu madre fue un momento muy duro para mí. Tu madre estaba tan bien, tenía tantos años por delante.

Las lágrimas y los sollozos se intensifican. Por primera vez en su vida Adrián observa a su padre llorar ante él. El hombre está completamente desmoronado, las lágrimas que tantos años han sido reprimidas salen ahora como un torrente y se deslizan entre los surcos de la cara regando la piel áspera por los años de sequía.

Adrián - Lo sé, padre. Para todos fue muy duro asumir que mamá había muerto. Yo solo tenía doce años y ya sabe que mamá y yo teníamos una relación especial. Cesar estaba en una edad complicada, y además de asumir su pérdida tuvo que sustituir en algunos campos el espacio dejado por ella. Pero usted perdió a su mujer, su compañera, la persona que le equilibraba. Tal vez la única mujer de su vida.

Padre - Sí, tu madre fue la única.

El silencio vuelve a generarse entre ellos dos pero esta vez no hay tensión. El estallido de emoción ha creado esta vez un estado de confianza y cordialidad entre padre e hijo. Ambos lo sienten, por eso cuando Adrián coge a su padre de su mano derecha el padre recuerda el día en que en algún lugar de aquel mismo hospital su hijo recién nacido agarraba con su pequeña mano uno de los dedos del padre.

Adrián - Recuerdo que de pequeño me encantaba escucharla contarme una y otra vez la historia del día que os conocisteis. Pero nunca le he escuchado hablar de aquel día.

Padre - Aquel día sobreviviría en mi recuerdo incluso al olvido de la vejez. Aquel fue el día que mi vida cambió.

Adrián - Me gustaría mucho que me lo contara.

Padre - ¿En serio?

Adrián - Nada me gustaría más.

Padre - Bueno, pero que sepas que te has aprovechado de mi y de mi estado.

Padre e hijo ríen juntos por primera vez en muchos años. Aquel momento formaría parte del colectivo de recuerdos de Adrián para toda su vida. Dos días después el padre falleció.

sábado, octubre 23, 2010

Agotamiento

Este espacio no es un lugar en el que me expreso de manera autobiográfica o al menos no suelo hacerlo de manera tan clara como pretendo hacerlo en esta entrada.

Hoy me siento profundamente agotado. Siento el cansancio en cada uno de los músculos de mi cuerpo. Anoche me fui a la cama como si acabara de subir y bajar el Himalaya en tiempo récord, como si hubiese cruzado el Atlántico a nado y me encontrara en la otra orilla, en definitiva, como si acabara de hacer un esfuerzo físico desmesurado.

Y en el fondo así ha sido durante los últimos días. Esta semana he estado en una tensión continua que me ha impedido estar en pocas ocasiones concentrado, me he sentido más predispuesto a la confrontación, he estado muy irascible, y no he conseguido disfrutar ni siquiera de momentos con aquellas personas que considero mi círculo más cercano.

Esta semana incluso he vuelto a vivir una experiencia corporal que hacía seis años que no sufría. En mitad de clase, un pequeño mareo se ve continuado por un incremento en el ritmo del corazón y un inicio de sofocos. De repente me vi de nuevo en un espacio rodeado de personas y ante la duda de si levantarme y salir de clase o quedarme y dar lugar a que el mareo fuera a más y me pudiera desmayar. Finalmente fui capaz de retomar el control de mi propio cuerpo y continuar en clase.

Y este agotamiento y los recuerdos de ciertos fantasmas del pasado vienen motivados por mi escasa capacidad de adaptarme a ambientes en los que no me siento cómodo con una persona. Una de mis debilidades, de esas que no me duelen prendas en admitir, es no saber actuar, no ser capaz de mostrarme indiferente ante situaciones o personas que me incomodan. Y en estos momentos no me siento cómodo con una persona principalmente por su actitud con una persona básica (pero de verdad) en mi vida, por su manera de tratar a mi mejor amiga, a mi brazo derecho, y por lo tanto por su manera de tratarme también a mi mismo.

Anoche fue una jornada corta en cuanto al tiempo a debatir pero profundamente extenuante. No puedo reprimir la rabia que siento por la capacidad de manipulación de las situaciones que algunas personas pueden desarrollar. Cómo algunas personas son capaces de dar la vuelta a una situación y pasar de verdugo a víctima.

Hoy me siento agotado física pero también psicológicamente. Porque al final la sensación que me ha quedado es que yo tenía un problema con una persona, que yo he sido quién no ha ido a hablar las cosas a la cara, que anoche fui agresivo en mi manera de comunicarme y en resumen que el tiempo empleado ha sido inútil.

Hoy no tengo ni fuerzas, ni ganas de intentar nada. Hoy simplemente me apetece estar en casa, descansar en mi cama mientras veo películas, y no pensar en absolutamente nada. Hoy quiero ser una ameba porque me siento como tal. Hoy simplemente quiero ser más tortugo que nunca. Hoy no quiero saber nada de falsedades, ni de falsos dramas, ni de excusas para justificar una actitud, un comportamiento o una mala cara. Hoy quiero estar solo conmigo mismo. Mañana, mañana será otro día.

viernes, agosto 06, 2010

Pisa la vida, písala

Habitación de un hotel lujoso. Una mujer está en el cuarto de baño arreglándose para salir mientras su marido está sentado en el borde de la cama con una copa de vino en la mano.

Silvia - ¿Pero cómo que no puedes? Si habíamos planeado esta cena desde hace dos semanas.
Steve - Lo sé, Silvia, pero no me encuentro ... no me siento con ganas.
Silvia - ¿Y crees que yo si me encuentro?
Steve - No sé cómo te encuentras tú, yo sólo sé cómo me siento yo.
Silvia - ¿Y cómo te sientes?
Steve - A ver, Silvia, no me apetece ir, ni me apetece hablar. Si quieres ir a esa cena ve y díles lo que se te ocurra. Que me he puesto malo, que he recibido una llamada de trabajo a lo que no podía decir que no, lo que quieras.
Silvia - ¿Pero tú te estás escuchando?

Steve suspira y gira la cabeza de izquierda a derecha.

Silvia - ¿Qué?
Steve - ¿Qué de qué?
Silvia - ¿Qué significa ese resoplo?, ¿Qué pasa por tu cabeza?, ¿Qué te pasa Steve? Dime algo, lo que sea, dí que estás así por el trabajo, por lo de mi madre, por los niños, por mí. Dí algo, por Dios, demuestra que estas vivo.
Steve - Estás desvariando.
Silvia - Steve, ¿tú me quieres?
Steve - No, eso sí que no. No pienso volver a discutir sobre este tema por enésima vez. Silvia, hemos hablado ya de esto unas veinte veces en las últimas dos semanas.
Silvia - ¿Llevas la cuenta?
Steve - No llevo la cuenta de las veces que discutimos aunque es obvio que últimamente es más difícil contabilizar las discusiones que tenemos que las veces que lo hacemos.
Silvia - ¿Lo que hacemos tú lo contabilizarías como relación sexual?
Steve - Pues sí, otra cosa es el grado de intensidad. Sobre eso sí podríamos hablar pero yo cuando lo hago ...
Silvia - Pues yo no Steve. Hace mucho que trato de engañarme a mí misma. Intento convencerme de que debe ser por el cansancio acumulado, por el estrés, por el hecho de que mi madre viva ahora en la misma casa, pero la realidad es que el problema no está fuera de nuestra cama.

Silvia se sienta en el borde de la cama junto a Steve. Ambos miran al frente pero no dicen nada. Frente a ellos un espejo radiografía el estado de su relación. Ambos asisten al diagnóstico que les muestra la triste realidad.

Steve - ¿Cuánto tiempo llevas fingiendo?
Silvia - No finjo Steve.
Steve - ¿Cuánto?
Silvia - No lo sé. Uno no decide un día comenzar a fingir. Y sinceramente no me importa que el tiempo sea más o menos. Lo que de verdad me importa es que yo sí te quiero y quiero que volvamos a disfrutar el uno del otro como antes.
Steve - ¿ Insinúas que yo no te quiero?
Silvia - ¡No!. Steve ambos llevamos demasiado tiempo alejados el uno del otro. ¿Cuanto tiempo hacía que no disfrutábamos de un fin de semana los dos solos?
Steve - No sé, ¿seis?, ¿siete años?
Silvia - Demasiado tiempo.
Steve - Todo ha cambiado a nuestro alrededor durante estos años. Ya no somos aquellos jóvenes universitarios que querían comerse el mundo. Ya no somos aquellos soñadores libres de ataduras.
Silvia - Ahora yo soy una prometedora doctora y tú un hombre de negocios.
Steve - Tenemos dos maravillosos hijos.
Silvia- La casa que siempre habíamos soñado.
Steve - Un perro
Silvia - Y ahora también a mi madre.

Los dos sonríen.

Steve - La vida ha cambiado y nos ha cambiado.
Silvia - Pero seguimos juntos. Es normal que hayamos perdido un poco el Norte. Que estemos un poco desorientados y no sepamos muy bien si vamos o venimos. Pero para mí lo más importante es que todo lo he conseguido a tu lado y son muchas más las cosas que quiero seguir logrando junto a ti.
Steve - Los primeros noviazgos de Clara y Robert.
Silvia - Sus primeros llantos cuando les rompan el corazón.
Steve - A ti vestida de madrina.
Silvia - Y tú llevando a tu hija hasta el altar.

Ambos se miran a través del espejo y entrelazan sus dedos. Giran sus cabezas, se miran frente a frente y se dan un largo y apasionado beso.

Steve - Te quiero, Silvia. Nunca he dejado de quererte. Desde el día que te vi bajar de aquel autobús supe que serías mía.
Silvia - Yo también te quiero, te amo. No soy capaz de imaginar una vida sin ti.

Ambos se echan sobre la cama y comienzan a amarse con toda la fuerza y delicadeza con la que llevaban años sin demostrarse.

sábado, julio 24, 2010

Cada palabra tiene su momento

Qué fácil sería poder vivir con el guión de tu vida sobre tus manos. Qué fácil sería saber en cada momento lo que nos va a tocar vivir. Levantarse por la mañana y saber que hoy vas a tener discusión en el trabajo por la mañana, una siesta llena de pasión con la mujer que recientemente se ha convertido en tu esposa y acabar la tarde riendo con los hijos de tu anterior matrimonio y la madre de estos. Sería fácil tener ese guión porque podríamos permitirnos improvisar de vez en cuando pero sin salirnos de la línea argumental previamente escrita por algún guionista celestial.

Sería sencillo saber que ahora toca decir "te quiero" o "perdón". Y que si en cualquiera de los dos casos nos equivocamos siempre podremos decir que nosotros simplemente nos ceñimos al guión que nos han dado. Sólo somos personajes de la compañía "El destino". En caso de reclamación consulte a mi guionista para todo lo demás: actuar.

Pero lo sencillo al final resulta monótono, previsible y poco emocionante. Y el ser humano necesita en general de emociones nuevas que le impulsen a seguir hacia adelante. Necesita objetivos, de mayor o menor tamaño, por los que luchar y sobrepasar las adversidades. Afortunadamente no existen guionistas que nos hagan la vida más sencilla o al menos no somos conscientes de ello.

Me gusta vivir en un mundo en el que yo elijo cuando pido perdón o cuando digo lo mucho que quiero a una persona. Me gusta equivocarme por errar en las palabras. Me gusta equivocarme por errar en los hechos. Me gusta ser un humano. Y también me gusta aprender de mis errores y descubrir que en ese aprendizaje crezco, maduro, me hago más sabio. Y disfruto viendo que en mi sabiduría de la vida, sin comparaciones con la de los demás, sigo siendo el mismo en algunas cosas en las que espero no cambiar nunca. Porque son esas cosas que me hacen sentirme vivo. Son esas pequeñas dosis de éxtasis hormonal las que recorren todo mi cuerpo y conectan directamente con mi alma.

Cada palabra tiene su momento y quizá este no sea el suyo pero me gustaría pedir perdón por todos los "te quiero" que me he callado. Cada uno de ellos provenía de lo más íntimo de mi ser y al silenciarlos me estaba silenciando a mí mismo. Cada uno de ellos también tenía su momento y ese momento voló al "País de los sentimientos contenidos" de donde ningún sentimiento ha podido escapar nunca. He decidido formar un ejercito de sentimientos buenos para dirigirnos hacia el castillo donde tienen secuestrados a mis sentimientos y liberarlos. No se derramará ni una gota de sangre, no habrá ni una lágrima. Solo un ejercito de amor como nunca antes se haya formado. Un ejercito de amor ante el que ni el más perverso ser de este mundo sería capaz de enfrentarse. Una vez tenga mis "te quiero" recuperados los liberaré y serán ellos mismos los que ejerciendo su libertad decidirán su futuro.

Cada palabra tiene su momento pero éste no tiene por qué ser único.

jueves, junio 03, 2010

Si el instinto te habla ...

Extraña sensación la que he sentido. Extraña aunque habitual desde un tiempo a esta parte. Extraña aunque ya casi familiar. Extraña aun habiendo dejado de ser extraña. Y es que es extraño cómo podemos llegar a normalizar lo en otro tiempo era anormal. Cómo podemos interiorizar estados de ánimo, comportamientos, reacciones que cuando eramos otras personas nos habría resultado imposible de interpretar. Pero el tiempo, las circunstancias, la vida que es muy puñetera nos va poniendo en nuestro camino pequeños obstáculos que a veces decidimos saltar y otros rodear. Pruebas que, en la mayoría de las veces, el ritmo acelerado de esta intoxicada civilización impide analizar. Unas por acumulación de ficticias tareas que nos impiden detenernos. Otras porque somos conscientes que debajo de ese obstáculo hay algo que nos hará más pesado, aunque tan solo sea durante un tramo, el camino de la vida.

Y es por todo esto por lo que quizá hoy, un día cualquiera, he tenido un segundo de desconexión o tal vez excepcionalmente hoy he conectado brevemente con ese yo que habita dentro de mi y que en aquellos tiempos, que hoy parecen tan lejanos, conectaba tan bien con tu otro tú.

Mientras hablábamos no recuerdo muy bien sobre qué, he escuchado un profundo suspiro que provenía de lo más hondo de tu ser. Casi, casi diría que ese suspiro me ha dicho algo pero lo ha hecho en un tono tan bajo que a penas he sabido interpretarlo. El silencio a través del altavoz nos ha dado tiempo a los dos para reaccionar pero he sido más rápido. Te he soltado un "¿estás bien?" que no esperabas pero que seguro sabías por qué venía. El mismo ser que ha emitido tu suspiro te ha impedido dar una respuesta firme, contundente, clara y creíble. Por ello lo único que me ha llegado ha sido un ahogado "sí" que me ha convencido tan poco como tu intento de cambiar de tema. Por ello y porque hace mucho tiempo que los dos extrañamos he vuelto a lanzarte la misma pregunta.

El instinto, ese duendecillo sabelotodo que habita en nosotros, me ha dicho que algo te pasa y mi abuela, a la que tanto echo de menos y de la que tanto he aprendido de la vida, me enseñó que son pocas las veces que se equivoca. Por eso seguiré haciéndole caso a mi duendecillo sabelotodo e insistiré hasta que tu otro ser y el mío se deshagan de las extrañezas y juntos sigan caminando por un sendero nuevo.

sábado, marzo 06, 2010

Reunión clandestina

En el sótano húmedo de un edificio en estado deplorable de un barrio olvidado por la administración se reúnen un grupo de militantes y activistas de distintos grupos antiglobalización que hartos ya de la desidia a la que las distintas administraciones han llevado a la sociedad han decidido tomar una decisión conjunta. El ambiente está bastante caldeado no solo porque sea verano y la temperatur exterior roce a las 22 horas los cuarenta grados sino porque los últimos sucesos han provocado un sentimiento generalizado.

Sobre una tarima encontramos a los líderes de distintos movimientos que intercambian opiniones rodeados de un grupo de personas también activas aunque con menor repercusión mediática. Todos han adaptado nombres de revolucionarios históricos para facilitar la identificación de los ciudadanos con la causa.

Santiago - Por favor, señores, silencio. Vamos a intentar que existan unos mínimos para que todos podamos expresarnos y de esa forma podamos llegar a un acuerdo común. Creo que si estamos hoy aquí es porque son muchas más las cosas que nos unen que las que nos separan. Ahí fuera son miles las personas que esperan de nosotros una respuesta contundente a la muerte de tantas personas. En este momento la Historia nos pide compromiso y capacidad de entendimiento. No seamos el corazón de nuestra ideología sino la voz de nuestro pueblo.

Ernesto - Compañeros, Santiago tiene razón. Vamos a tratar de que la euforia, las ganas de acabar con el enemigo no nos lleve a tomar medidas precipitadas. Yo soy partidario de la lucha callejera ...

En un lado de la tarima Iosif y Fidel conversan en voz baja.

Iosif - No podemos permitir que de nuevo la vía del diálogo se imponga. Este es nuestra oportunidad para que nuestra voz se oiga más que las del resto.
Fidel - Debemos situar a los nuestros por toda la sala para que vayan caldeando el ambiente.

Fidel llama a uno de sus colaboradores.

Fidel - Posicionamiento estratégico inmediato. La orden es bien clara: de aquí tenemos que salir con una victoria contundente. Lucha callejera.

Santiago da la palabra a Mahatma que rodeado de los suyos lleva varios minutos tratando de intervenir.

Mahatma - Compañeros, quiero que me escuchéis bien lo que voy a decir. Condeno con rotundidad el fallecimiento de los quince manifestantes. El Gobierno ha demostrado una vez más que no sabe controlar a las fuerzas del orden, sin embargo ...
Emiliano - ¡Lucha callejera!
Raul - ¡Muerte a los opresores!

Santiago - Por favor, compañeros, vamos a intentar escuchar al compañero Mahatma ...
Génrij - Se acabó el tiempo del diálogo, es la hora de la lucha.
Mahatma - Ya sabemos lo que traerá la lucha.
Fidel - Ya sabemos lo que nos trae el diálogo. No podemos seguir callados mientras los que nos apoyan son atacados y asesinados. Nuestro silencio puede interpretarse como una concesión a los que aprietan el gatillo.

Vladimir - Compañero Mahatma creo que hemos dado demasiado tiempo al diálogo y no nos han escuchado. Ahora es la hora de actuar y yo quisiera proponeros que lo hagamos con apoyo de compañeros que en otras partes trabajan bajo nuestra misma causa.
Iosif - No podemos esperar Vladimir. A todos nos gustaría poder unirnos con los compañeros de Inglaterra o Francia pero la brutalidad de los hechos marcan una respuesta contundente e inmediata.
Sergéi - No más esperas. ¡A las armas!
Lev - Yo apoyo la postura de Vladimir de buscar apoyos en nuestros compañeros europeos. En estos momentos nuestra fortaleza en ciertos frentes no es la suficiente como para abordar una lucha con unos mínimos de posibilidades de obtener la victoria.
Fidel - Compañero Lev, todos somos conocedores de las debilidades que tus hombres poseen en el frente de Algarra pero nuestra superioridad en frentes cercanos nos llevará a darte todo el apoyo que tú y tus hombres necesitéis.

Iosif - Compañeros de revolución creo que esta noche ha quedado bastante claro que es tiempo de acción. Es tiempo de tomar las calles, de quemar todo símbolo de poder. Debemos dar una orden clara a nuestros hombres. Ningún ciudadano de la clase obrera debe ser asaltado, atacado o ser sometido. Debemos sumar el apoyo de todo trabajador a nuestra causa y el rechazo a cualquier signo de poder opresor. Propongo que para evitar confusiones se haga extensiva a toda la ciudadanía un listado con aquellas personas que pertenecen a la clase opresora. Siendo consciente de que en el día de hoy, y tras los últimos acontecimientos, estaríamos la mayoría de acuerdo en que es la hora de la acción callejera he elaborado yo mismo esta lista. Podéis estar seguros que todos los que integran la misma han demostrado en reiteradas ocasiones su rechazo a dialogar con nosotros. Ahora deben pagar por ello. Debemos apropiarnos de todas sus propiedades. Doy plena libertad al pueblo para que las viviendas sean asaltadas y convertidas en lugar de acogida de los que no disponen de un espacio en el que poder habitar como un digno ser humano. Propongo que se habiliten espacios públicos en las calles en donde quemar los coches que han exhibido durante todos estos años y que han sido construidos por las manos desgastadas de miles de compañeros. Propongo el ataque a los medios de las fuerzas opresoras, para que su capacidad de reacción se reduzca. Propongo que asaltemos las entidades bancarias y que se nacionalicen todas estas entidades pasando sus fondos a propiedad del nuevo Estado. Estimados compañeros esta noche debemos dar un fuerte golpe sobre la mesa y de manera excepcional aplicar las mismas normas que nuestro enemigo lleva imponiendo durante décadas. Y una vez apagadas las llamas de los últimos restos del capitalismo será el momento de construir una nueva era.

Los aplausos y gritos de aprobación silencian cualquier réplica. Los delegados defensores de la lucha callejera salen a la calle a dar la orden que ya esperan ansiosos los enlaces callejeros. La rebelión está a punto de producirse y un hombre se sienta en aquel sótano para meditar sobre qué no ha hecho bien para demostrar a sus compañeros que aquella no es la solución. Sabe que van a haber muchos muertos pero a la misma vez piensa cuantos no habría podido evitar el diálogo.

sábado, febrero 27, 2010

En un lugar de Comillas (3/3)

Adrián - Estaba contestando a un email.
César - ¿Qué?
Adrián - Antes de que entraras. Estaba contestando a un email. Por lo visto hay una editorial que se encarga de promover nuevos escritores y tienen a personas que leen los blogs para seleccionarlos y uno de ellos me ha estado siguiendo, le ha pasado el enlace a su jefe y quieren entrevistarme.
César - ¿Quieren entrevistarte?, (alza la voz)¡que quieren entrevistarte!
Adrián - Shhhh ... que vas a despertar a papá.
César - Tranquilo que papá después de tomarse la pastilla no se despierta ni aunque se derrumbara ahora el cielo.
Adrián - No sé que hacer.
César - ¿Que no sabes qué hacer? Pues vas a darle a las teclitas como sólo tú sabes hacerlo y les vas a decir que estarás a la hora que te digan en el lugar que te digan. Y esto, escúchame bien, es una orden de tu hermano mayor. ¿Me has entendido?
Adrián - Sí
César - ¡Qué quieren entrevistarte! Ya verás cuando se lo diga ahora a mi reina.
Adrián - César, por favor, no se lo digas a nadie. Es sólo una entrevista, que les haya gustado no significa que ...
César - Calla, calla, calla...me acabas de dar una alegría tan grande que creo que esta noche voy a poder hacerlo hasta dos veces.
Adrián - Al menos espero que mientras lo haces no se te pase por tu mente ni una sola vez una imagen mía.
César - ¿Cómo que no? Voy a estar toda la noche dándole y dándole y diciendo ¡este va por ti Adrián!... por cierto, ¿lo haces o no?
Adrián - ¿Que si hago qué?
César - ¿te la meneas viendo porno en internet o no?
Adrián - Ahora ya no.
César - ¡Ah, no!, ¿y cómo se llama esa chica que te ha quitado el vicio por internet?
Adrián - No me ha quitado el vicio porque todavía no somos nada y no hemos hecho nada.
César - ¿Y a qué esperas? las chicas no están esperando eternamente.
Adrián - Estoy esperando el momento. Es especial. Mai es especial.

martes, febrero 23, 2010

En un lugar de Comillas (2/3)

Adrián - ¿Mirar para otro lado?
César - Sí, soy tu hermano y te conozco, hace más de siete años que trato de hablar contigo sobre esto y siempre te muestras esquivo. Pero hasta aquí, Adrián, hasta aquí hemos llegado.

(ambos hermanos combinan miradas directas y perdidas bajo un incómodo silencio)

César - ¿Lo haces por ella?
Adrián - ¿Y tú?
César - Sí, lo hago por ella, por él, por ti y por mi familia. Cuando ella murió yo ya tenía mi vida en ese maldito bar. Yo nunca pensé en vivir más allá de las paredes de aquel bar en el que crecí. Para mi el bar no fue nunca un lugar en el que encerrarme sino un espacio en el que he conocido a muchos de los que hoy son mis amigos, he conocido a la que hoy es mi mujer y gracias a él puedo mantener una familia. ¿Y para ti?, ¿Qué es para ti el bar?
Adrián - El bar es sobre todo el lugar en el que más siento a mamá. La sigo viendo cómo te ayuda en la cocina, cómo sale a saludar al panadero o cómo anima las partidas de cartas con "los Panzas". El bar está lleno de recuerdos de mamá. Y además está papá.
César - ¿Papá?, ¿lo dices en serio? pero si os pasáis el día uno junto al otro y la mayoría de ellos sólo os habláis por cosas de trabajo.
Adrián - Papá y yo nunca hemos tenido grandes conversaciones.
César - Papá no ha tenido grandes conversaciones ni contigo ni con nadie.
Adrián - Mamá me dijo antes de morir ...
César - A mí también me dijo muchas cosas Adrián. Y una de ellas fue que no te dejara llegar a este punto. Y lo he hecho. Pero no te voy a dejar que desperdicies el don que tienes. Y mucho menos te voy a dejar que lo hagas porque creas que papá se puede enfadar y con ello no estés cumpliendo una promesa con mamá. De papá me ocupo yo, de mamá ya se encarga Dios.

(De nuevo los dos hermanos se quedan en silencio. Se miran con afecto)

jueves, febrero 18, 2010

En un lugar de Comillas (1/3)

(Noche lluviosa y ventosa. En una habitación, bajo la tímida luz de un flexo, un chico escribe sobre su portátil. De repente escucha un ruido cerca de su puerta y deja a un lado el portátil y coge un lápiz y una libreta de pasatiempos).

César - ¿Se puede?
Adrián - Pasa, pasa.
César - ¿Qué haces?
Adrián - Aquí, con este crucigrama.
César - Digo antes de que yo entrara.
Adrián - Pensando en qué palabra será. Porque estoy dándole vueltas una y otra vez y nada de nada.
César - ¿Qué definición?
Adrián - ¿Cómo?
César - ¿Cual es la definición de la palabra?
Adrián - Pues ... - Adrián comienza a pasar sus ojos por el crucigrama en búsqueda de alguna definición complicada.
César - ¿Por qué lo haces?
Adrián - Me relaja. Después de todo el día en el bar acabo un poco saturado y esto me despeja la mente.
César - No hablo del crucigrama, sino de ¿por qué sigues en el bar?
Adrián - ¿A que viene esa pregunta?
César - Adrián, he leído lo que escribes y sinceramente creo que eres bueno.
Adrián - Pero si es un periódico local. Admito que comparado con el resto de los que escriben ...
César - No hablo del periódico.
Adrián - ¿Entonces?
César - Tu blog.
Adrián - ¿Cómo sabes que escribo un blog?
César - Bueno el otro día tuve que utilizar tu ordenador para buscar información para un trabajo del colegio de Nico y comencé a investigar.
Adrián- ¿Y qué creías que ibas a encontrar?
César - No sé, pensé que como últimamente no sales mucho, pues quizá te la meneabas un poco mirando páginas porno.
Adrián - ¿En serio pensabas que me la cascaba mirando páginas de porno en internet?
César - Sí, pero de lo que ahora quiero hablar es que leído lo que escribes y sobre todo he leído lo que tus seguidores escriben sobre tus textos y sinceramente Adrián creo que no puedes seguir mirando para otro lado.

martes, febrero 09, 2010

Podríamos, pero no pudimos

Sentados en el mismo incómodo sofá Flavia y Berni miran hacia el infinito sin hablar, todo lo dicen en su interior en donde reflexionan sobre una conversación que ambos tenían ganas de haber mantenido desde hace años pero que ninguno de los dos tuvieron la valentía suficiente de afrontar por la situación de cada uno de ellos y por qué no decirlo, también por su relación familiar.

Flavia - Tienes razón - dice Flavia con una media sonrisa que refleja la conversación personal que ha tenido antes de hablar.
Berni - Lo sé - Le responde Berni con una mezcla entre seguridad y picardía
Flavia - Pero si no te he dicho en qué.
Berni - ¿A caso eso importa?
Flavia - Hemos hablado de muchas cosas y no en todas tenías razón.
Berni - Pero ¿a que tengo razón en lo que te estás refiriendo?.
Flavia - Sí, la tienes. Es que mira que nos llevábamos bien.
Berni - ¿Por qué no íbamos a hacerlo?
Flavia - Bueno, Berni, no se puede decir que cuando nos conocimos eramos precisamente uña y carne.
Berni - No, la verdad es que más bien tú para mí eras como un grano en el culo. Un grano al que no habría tenido ningún problema en extirpar si hubiese tenido la menor opción.
Flavia - ¿Y por qué no lo hiciste?
Berni - Pues supongo que porque en aquel momento tenía otros granos más grandes que me molestaban aún más.
Flavia - ¿Te refieres a mi ...?
Berni - Sí, me refiero a tu ...(señala con las manos hacia la dercha) y a tu ... (señala con las manos a la izquierda) a los dos. Comparados con ellos, tú en ese instante eras menos molesta.
Flavia - ¿Y cuando comenzó a cambiar eso?
Berni - Supongo que el día en que falleció tu padre.

Flavia sonríe y sus ojos comienzan a llenarse de lágrimas. Berni rodea con sus brazos el cuerpo de Flavia mientras desplaza su mano derecha de arriba a abajo por la espalda de ella en un intento de consolarla.

Flavia - Aquel día también cambió mi manera de verte. No esperaba que reaccionaras de esa manera, que estuvieran tan a la altura cuando a mi lado había una persona ausente que no fue capaz ni de articular palabra.
Berni - No todos sabemos reaccionar siempre igual Flavia. Cuando Violeta perdió a su abuela, que ya sabes lo importante que era para ella, yo no estuve a a altura. Imagino que siempre es más fácil estar a la altura cuando nadie espera que lo estés.
Flavia - ¿Qué pasó con Violeta?
Berni - ¿Qué pasó con Violeta? Buena pregunta. - Berni agacha la cabeza y no dice nada.
Flavia - ¿Y la respuesta es?
Berni - Mi respuesta es ¿Qué pasó con Luis?
Flavia - Tal vez lo mismo que pasó con Violeta.
Berni - ¿Y qué nos pasó a nosotros, Flavia?
Flavia - Nos pasó que podríamos haber sido, pero no pudimos.
Berni - Yo creo que podríamos y pudimos. No sé si llegar a ser algo pero sí al menos haber tenido algo. Yo no estaba enamorado de ti, eso lo admito. Pero recuerdo que cada vez que nos despedíamos por la noche, cada vez que cerrabas la puerta de tu habitación sentía una fuerza impresionante que me atraía hasta puerta. Incluso alguna noche llegué a colocarme delante de ella, pero nunca tuve el valor suficiente para llamar a la puerta o abrirla.
Flavia - Yo te estuve esperando Berni. Te esperaba con deseo. Yo solo te esperaba a ti. Sólo te necesitaba a ti. Y fantaseaba una y mil veces con que algún día llamaras a la puerta y me preguntaba por qué no iba yo a la tuya. Pero tampoco pude.
Berni - ¿Y la noche de la playa?
Flavia - La noche de la playa tuvimos el valor de dormir juntos pero no el suficiente de desatar toda la pasión y el deseo que sentíamos el uno por el otro. Yo no dormí en toda la noche y de vez en cuando miraba hacia tu lado para ver si tal vez tus ojos esperaban a los míos.
Berni - Los míos también te buscaron. Pero creo que por algún motivo no sucedió. A pesar de lo que deseáramos con todas nuestras fuerzas, no pasó, y aunque después me he arrepentido muchas veces de no haber llamado a tu puerta, de no haberte besado cuando tus labios estuvieron tan cerca de los míos, o de no haber sido capaz de tocarte aquella noche en la playa cuando tu cuerpo y el mío estuvieron por fin solos y sin tener que crear ningún tipo de excusa para ello.
Flavia - ¿Y ahora podría ser?
Berni - No, Flavia, ahora no. Ahora nuestras vidas han cambiado mucho. Y estoy convencido de que no somos los mismos. Tú te has casado, te has divorciado y has sido madre. Yo he conocido a muchas mujeres, he disfrutado con cada una de ellas, casi llego al matrimonio y ahora la verdad creo que no sería bueno para los dos que tuviéramos nada. Incluso aunque siga sintiendo la misma atracción que hace 15 años. Aunque nuestros cuerpos sigan siendo los mismos, nuestras almas no.
Flavia - Tienes razón.
Berni - Lo sé.

miércoles, enero 13, 2010

¡ feliz 2010 a ti también!

hola compañero de viajes, solo quería escribirte unas palabras para que sepas que no te he olvidado. sí, ya sé que estoy escribiendo en minusculas, ¡ay si nos leyera la correctora ortográfica!, pero lo hago precisamente porque escribo y no transcribo y porque a fin de cuentas este es un mensaje casi privado entre nosotros. digo casi privado porque como mucho lo vamos a leer tú y nuestra correctora.

sé que debería llamarte pero lo cierto es que también sé que en ese sentido tú y yo somos tan similares que la ausencia de contacto prolongado no va a dar lugar a ningún tipo de cabreos entre nosotros. en el fondo creo que no te llamo porque me da cierta cosa hacerlo. sé que suena raro pero siempre he sentido cierta admiración por ti. tal vez por lo poco que sé de ti. tal vez porque te he imaginado como un aventurero que luego me cuenta sus andanzas para que yo un simple sedentario las cuente al mundo.

tengo poco que contarte de mi vida. desde que hablamos hace más de un mes han pasado ciertas cosas que de alguna manera me han llevado a replantearme qué hacer con mi mismo ahora y tal vez en el futuro cortomediano. a veces pienso que me gustaría ser como tú, meter un par de camisetas, pantalones y calzoncillos en una mochila y ponerme el mundo por montera. pero creo que hay cierta cobardía en mi que me ha llevado al estancamiento, a la comodidad, y creo también que si te cuento ésto es porque me he dado cuenta e imagino que de una u otra manera algo querré hacer al respecto.

si miro hacia atrás en los 6 meses anteriores mi vida ha sido un cúmulo de proyecto inacabados a veces y en su mayoría siquiera iniciados. tal vez no he tenido la fuerza o los cojones suficientes para iniciarlos. o quizá es que en la realidad no quería llevarlos a cabo. sea como fuere creo que lo que debería hacer a partir de ahora es no decir lo que quiero hacer a nadie y simplemente hacerlo y después contarlo. pero a la vez que te escribo esto pienso si al hacerlo no estaré cometiendo el mismo error.

adrián realmente te echo de menos porque aunque sea duro admitirlo mi vida en los últimos meses se ha basado en ir avanzando poco a poco hacia la felicidad y curiosamente he llegado sin hacer realmente grandes cosas. he disfrutado con pequeñas cositas como salir a dar una vuelta, ver nuevas películas, jugar al fútbol con mi amigo/compañero de piso, y quedar con unas buenas amigas que espero algún día conozcas y reir una y otra vez. te echo de menos no solo porque quiera que me cuentes tus historias sino porque me gustaría acompañarte en alguna de ellas.

querido amigo, admirado aventurero, espero que puedas pronto leer estas palabras y hablemos de todo lo que te he contado.

un fuerte y cálido abrazo desde la gélida madrid.
mule