miércoles, octubre 29, 2008

Diario de bitalaxia – Capítulo 6

Ausencia

- Hola Antioquia
- ¡Ey!, Washington, ¿qué tal?
- Bueno, te llamo porque hace una hora que no sé nada de Lisboa.
- ¡1 hora!
- Sí, a mi también me extraña. Es que quedamos hace una hora en mi casa y bueno la estuve esperando un par de segundos. Cuando vi que no estaba en casa, ni tampoco llegaba empecé a preocuparme. No quise venir ayer porque bueno, no quería molestarte, pero realmente ahora sí estoy algo preocupado. Y como no tengo ninguna manera de contactar con ella.
- Pues, lo siento Washington, pero yo no sé nada de ella. Hablé con ella hace dos horas y sí me dijo que habíais quedado a la hora siguiente pero no me dijo nada que me pudiera dar a entender que tuviera otros planes.
- ¿y qué hago ahora Antioquia?
- Pues si te digo la verdad Washington, tampoco sé muy bien a donde ir porque ...
- Es que algo me dice que han sido ellos.
- ¿Quiénes?
- Los vigilantes
- ¿tú crees?
- Sí, estoy seguro, es decir tengo la intuición de que han sido ellos.
- ¿Ha pasado algo?, ¿Ha hecho algo que no sepa?
- No, bueno, ya sabes que estamos planeando marcharnos a La Tierra ...
- ¿Qué?, ¿que os queréis ir a La Tierra y tienes dudas de si han sido ellos? Washington, me juego mi canal izquierdo a que han sido ellos.
- ¿y qué hacemos?
- Esperar.
- No podemos quedarnos aquí esperando a que venga.
- Washington, si la han cogido, estarán interrogándola, seguro que en estos momentos estarán utilizando algunas de sus técnicas para sacarle la información pero ella no es como los demás, Lisboa es fuerte y aguantará. Así que ellos te están esperando.
- ¿a mi?, ¿para qué?
- Pues porque tú eres un conectado, estás programado para guardar la información y a ti sólo tendrán que enchufarte y sacarte toda la información. ¡no puede ir!
- Pero ... pero si yo no... es decir, no hemos...
- Ya lo sé Washington, pero no se puede ir por ahí por Einstein diciendo que os vais a La Tierra como me estoy imaginando a Lisboa. Os puede oir uno de los agentes de vigilancia y seguridad o cualquier conectado.
- ¿y por qué iba un conectado a decirle nada a los agentes?
- Pues porque no sois todos como tú. Porque a los desconectados nos ven como un peligro para el sistema, para el buen funcionamiento de Einstein y os habrán estado vigilando. Una desconectada que sale con un conectado. Dan por hecho que tú te vas a desconectar.
- Pero yo no voy a hacerlo.
- Pero ellos no lo saben.
- Pues que vengan y me lo pregunten y yo ...
- ¡Ay!, Washington, ¿qué os meterán entre tanta información?

No podía quedarme esperando. ¿Y si le estuviesen haciendo daño?, ¿Y si no hubiesen sido ellos y simplemente estaba en algún centro de recomposición de partículas?, o tal vez ...no, eso ni pensarlo. Ella estaba bien seguro, tal vez se había despistado en algún lugar, habría conocido a alguien que nos podría ayudar en nuestra salida de Einstein y estaba contándole con esa cara iluminada que se le pone cuando habla de la Tierra y de la integridad del ser humano que allí debe quedar. Pero no podía evitar que sintiera algo en el interior que hacía que algunas lágrimas se acercaran al exterior, pero mi cuerpo no estaba preparado para llorar, así que me senté junto a la ventana del piso de Antioquia y esperé a que Lisboa volviera y se marchara su ausencia.

Traducción al castellano de Madrid Marlanga, directora del Instituto de Identidad Lunar.

domingo, octubre 26, 2008

Diario de bitalaxia – Capítulo 5

¿y tu por qué ...?

- ¿por qué hemos quedado hoy aquí? – Le pregunté a Lisboa
- ¿y por qué no?
- No sé, con el odio que tienes hacia la figura de George Bush VI, quedar en una plaza que lleva su nombre.
- (Sonrió). Tienes razón te he traído aquí por una razón.
- ¿cuál?
- Mira, vamos a sentarnos en ese banco y te lo explico.
- No pienso llevar a cabo ningún acto de apareamiento aquí en medio que esto está lleno de agentes de vigilancia y seguridad.
- Tranquilo Washington que lo que menos me apetece es ser observada mientras mantengo relaciones por una banda de salidos sean conectados o desconectados.
- Vale, ¿entonces?
- Bien como veras en esta plaza los arquitectos decidieron colocar la biblioteca. Por si no lo sabes la biblioteca tiene un gran peso ideológico ...
- Sí, porque es fuente de sabiduría ...
- ¡Que no!, déjame que hable. La biblioteca es un guiño al pasado, a cómo nuestros antepasados adquirían los conocimientos y como sabes también en su interior se proyectan películas.
- ¿pero las bibliotecas no son museos de libros?
- Sí, y tú un resto antropológico.
- ¿cómo?
- Así que en la actualidad la biblioteca es un lugar al que acuden mayoritariamente algunos desconectados y unos pocos conectados.
- ¿hay conectados que acuden a la biblioteca?
- Sí, y en el fondo tanto unos como otros no son tan diferentes. Los conectados entran para parecer “diferentes” que fue el mismo motivo que llevó a los desconectados que van a la biblioteca a “desconectarse”.
- No entiendo nada.
- Tranquilo, tú grábate la información y ya la analizarás luego.
- ¿estas siendo sarcástica conmigo?
- ¡Vaya!, algo de inteligencia humana asoma por tu cabecita.
- Lisboaaaaaaa ...
- Ahora miras enfrente de la biblioteca y ¿qué hay? El mayor centro de introrrealidad de Einstein. ¿Casualidad? No. El pasado y el futuro unidos en una misma plaza que casualmente lleva el nombre del fundador de la primera colonia de Einstein.
- Ahora sí que se me está sobrecalentando el sistema.
- Y para completar el trío enfrente nuestra el mayor restaurante de Mc Pill´s de todo Einstein.
- ¿hemos venido aquí porque quieres ver una película y después una rica píldora de hamburguesa y queso?
- ¡Exacto!
- ¿y para eso tanto rollo?
- Que no, ¿aún no lo has entendido?
- ¿He de decir no para que te des cuenta?
- A un lado los que van a la biblioteca y se creen diferentes al otro los que van al mayor centro de introrrealidad y creen que van a la última y en medio un McPill´s. ¿Qué hacen unos y otros cuando salen de lugares aparentemente diferentes?
- Lo mismo.
- ¡Sí!, hacen lo mismo. ¿y por qué hacen lo mismo? Porque el sistema les ha creado una serie de marcas que ellos sin detenerse a pensar siguen. Einstein es un lugar en el que solo tienes una opción aunque en realidad parezca que son varias. Y es precisamente por ese motivo por el que quiero ir a La Tierra. Porque allí radican nuestros orígenes y estoy convencida que los humanos que se quedaron habrán sido libres, habrán desarrollado un sistema nuevo, liberador, distinto.
- Alucino contigo.
- Y yo contigo. A ver, ¿y tú por qué quieres ir a La Tierra?


¡Vaya pregunta! ¿Qué podía responder? Es cierto que no había entendido nada de lo que me había dicho en toda aquella parrafada pero intuía que algo de ideología, de pensamiento había en ella por lo que no podía decirle la verdad. No podía contestarle que me iba por ella, porque había encontrado una chica con la que era feliz aún cuando no entendiera la mayoría de las cosas que dijese. No podía admitirle que le dije sí a lo de ir La Tierra como le podría haber dicho sí a irnos a cualquier punto del universo.

- Mira Lisboa después de tu discurso cualquier cosa que añada solo la va a cagar así que como decían en la región terrestre de Estados Unidos los que se presentaban a las elecciones “soy Washington Smith y apruebo este anuncio”. ¿te hace esa píldora?

Traducción al castellano de Praga Khalo, directora del Centro Cultural “Paris Hilton”

viernes, octubre 24, 2008

Diario de bitalaxia – Capítulo 4

Los conectados no sois tan malos

- Y entonces, ¿qué haces en tu tiempo libre? – Le pregunté a Antioquia
- Pues solemos quedar en la casa de alguno de los del grupo y hablamos.
- ¡Ahm!, ¿y no os gustaría probar la introrrealidad de nuevo?
- Bueno, lo cierto Washington, es que nosotros tenemos nuestra propia introrrealidad.
- No me lo digas. La imaginación
- (se rió) Sí, ya veo que Lisboa te ha hablado de la imaginación.
- ¿que si me ha hablado? Es que no hace otra cosa más que contarme las bondades de la imaginación.
- Es que él – intervino Lisboa – aunque poco a poco se está humanizando, todavía tiene demasiado integrado el sistema en su cabecita. Y no entiende el concepto de leer una historia y sentirla o ver una película en una pantalla plana y estar sintiendo lo mismo que el personaje.
- A ver, Antioquia, ¿cuándo te desconectaste?
- ¿yo?, muy jovencita, a los ocho años.
- Vale, ¿y qué recuerdas de la introrrealidad?
- Pues, bueno recuerdo que me fascinaba acompañar a Caperucita roja por el bosque. ¡Pobre lobo!, la de veces que tenía que salir huyendo... es que yo era muy traviesa.
- Pero entonces, se puede decir que te divertías con la introrrealidad.
- Sí, pero la introrrealidad Washington es una recreación que una maquina genera en tu mente haciéndote creer que es cierta aun no siéndolo.
- Ya, pero nosotros somos conscientes de que no es real.
- Tú quizá sí, pero te puedo asegurar que hay muchas personas que carecen de la capacidad suficiente para hacer esa diferencia. Y en ocasiones viven en la introrrealidad creyendo que lo hacen en la realidad y en otras viven en su realidad pensando que lo están haciendo en la introrrealidad.
- Eso son casos aislados que la Autoridad está estudiando porque tal vez se trate de algún defecto de algún nexo de unión o del adaptador.
- ¿de verdad te crees esa versión?
- Sí, además conozco a un amigo que su padre trabaja en IRE (Introrrealidad de Einstein) y me ha dicho que esto es cierto.
- ¡Já! – Exclamó Lisboa – Habrá que ver si ese amigo tuyo existe de verdad o es sólo un invento más de la propaganda que os meten.
- ¡Esa es mi chica! – Dijo Antioquia.
- Ya está con su teoría de la utilización de la introrrealidad como medio para controlarnos.
- No es una teoría sino una realidad. Y lo sabes.
- ¿por qué dices eso? – Le contesté.
- ¿de verdad quieres que lo diga?
- Sí, puedes decirlo. Antioquia ya es amiga mía y no tengo secretos para ella.
- Gracias Washington.
- Pues resulta querida amiga que aquí el que cree controlar a su introrrealidad perdió su virginidad con una “chica”.
- Pero hay muchos chicos conectados que hoy en día la pierden de esa manera.
- Ya, pero resulta que él tenía un virus.
- Lisboa, ¡ya vale! – Le dije para intentar frenarla, pero ya era tarde.
- No, no, no ... ahora vas a tener que soportar la vergüenza de mirar a Antioquia a la cara. ¿no querías que lo contara? Pues lo cuento.
- Bueno, tampoco hace falta que ...
- ¿Sabes por dónde intentó aquí el independiente penetrarme?
- Lis ...
- Por el ombligo. Quiso meterme sus 21 centímetros de pene por el ombligo. Y todo porque un virus le había afectado al sistema de recreación corporal y había situado nuestros genitales unos pocos centímetros más arriba.

Empezaron a bromear sobre las diferentes posturas que se podrían practicar si los genitales femeninos estuvieran allí llegando a la conclusión de que si estaban donde estaban era sin duda porque ese debía ser su lugar para el mayor disfrute sexual.

- Lo siento Washington, pero te aseguro que no me estoy riendo de ti sino de las cosas que dice la petarda esta.
- No te preocupes si ya tengo asumido que los conectados somos unos seres detestables, manipulados y carentes de sensibilidad.
- ¡Washington!, yo nunca te he dicho eso. Los conectados no sois tan malos. Y tú especialmente. Ya sabes que si no fuera por ese pequeño apéndice que tienes implantado en el cogote para mí serías perfecto. Eres todo lo sensible que tu introrrealidad te permite y además, pasado el suceso del ombligo... no me puedo quejar.

De nuevo tenía que mirarle a la cara y disimular que no le estaba mintiendo. Y cada vez me iba costando más ya que yo estaba sufriendo el proceso inverso al que vive toda persona que se vuelve mentirosa compulsiva. Yo tenía que pasar de creerme mi realidad a no hacerlo para acabar viviendo en la realidad. Y en esta ocasión la realidad era que lo que nos permitía disfrutar de noches de pasión a Lisboa y a mi, esos 21 centímetros, no eran tan humanos como ella siempre creyó. Aunque ya puedo adelantaros que jamás llegó a saber la verdad.


Traducción al castellano de Porto Alegre Jordan, Traductor del Congreso de los accionistas de Einstein.

Diario de bitalaxia – Capítulo 3

Estoy yendo a clases de escritura

- Hoy te veo un poco apagada
- Claro, ¿cómo quieres que esté?
- Pero, ¿te pasa algo?
- Pues claro, Washington, claro que me pasa. Hace ya una semana que compramos la libreta y dos que decidimos que nos íbamos a La Tierra y míranos aquí seguimos tumbados en un banco.
- Pero, mi estrella, si es que ya te dije que la nave de mi padre estaba averiada y yo ahora mismo no tengo dinero suficiente para comprar una ni de enésima mano.
- Pero si no te estoy pidiendo eso. Si yo tampoco tengo dinero suficiente y aunque juntásemos tus unidades monetarias con las mías no nos llegaría ni para una pieza del motor.
- No te preocupes, estoy seguro que de aquí a poco todo nos va a salir bien. Lo sé.
- Además estoy harta de ver por todos lados la imagen de George Bush VI y de escuchar lo bueno y generoso que fue con todos nosotros al permitirnos vivir en Einstein y salvarnos de la muerte segura en la que se había convertido La Luna.
- Bueno, tengo que darte una buena noticia.
- ¿sí?
- Estoy yendo a clases de escritura
- ¡Washington! (me besó)
- No veas lo difícil que es hacer signos mínimamente legibles con ese palito, pero me ha dicho el profesor que tal vez en un par de semanas mi cerebro y mi mano se lleven mejor.
- ¡Qué listo que es mi chico! Y sin necesidad de soportes de datos externos. Me siento orgullosa de ti. Y creo que día a día te vas demostrando que sí eres capaz de aprender nuevas materias sin todas esas maquinas.

La vi tan feliz que a penas fui capaz de decirle que en ocasiones sí tuve que acudir a soportes de información externos para avanzar. Pero lo cierto es que tenía toda la razón, estaba comenzando a darme cuenta de que aunque de manera mucho más lenta también se podían tener nuevos conocimientos. Comencé a sentir una alegría por dentro cuando a la cuarta semana ya fui capaz de escribir correctamente mi nombre sin necesidad de los puntitos iniciales. Además en aquellos talleres de desconectados comencé a conocer a otras personas que como Lisboa trabajaban por la recuperación de algo de lo que por aquella época yo no era consciente. Ella quería que yo escribiera nuestro futuro cuaderno de bitácora como lo hacían los antiguos navegadores de naves acuáticas, a mano. Y yo no podía negarme ante sus ojos tiernos y su sonrisa de humano asexual con alas.

Traducción al castellano de Waikato Schopenhauer, profesor de Historia Lunar de la Universidad de Saturno.

miércoles, octubre 22, 2008

Diario de bitalaxia – Capítulo 2

Imaginando

- ¿por qué siempre miras al cielo?
- Estoy imaginando
- ¿Cómo?
- Imaginando ...¿Tú nunca has pensado en como debe ser todo por detrás de esos paneles? Yo sí y creo que tiene que ser fantástico. Debe de haber miles de lugares por descubrir y de seres que estoy segura ni sabemos que existen o si lo sabemos los de arriba no nos lo quieren decir. ¿te imaginas lo que tiene ser que te llueva agua pero de verdad?, que te caiga por cada uno de los poros de tu piel pequeñas gotas de agua y te mojen la ropa y se deslicen por todo el cuerpo. He leído que el olor del agua con la tierra es algo insuperable. Y que el agua forme charcos y poder pisotearlos, saltar sobre ellos una y otra vez. La lluvia, Washington, tiene que ser increíble ... (volvió su mirada hacia mi) ¿qué haces?
- Estoy navegando.
- ¿Ya estas otra vez viendo los vídeos de esas ...?
- Que no, Lisboa, ya te dije que desde que estoy contigo no veo esos vídeos. Estoy buscando lo que significa “imaginando”, pero no me aparece nada.
- Claro, ¿cómo quieres que te aparezca? Ese tipo de palabras no vienen en los ficheros de datos que os meten.
- (En tono irónico, casi cantando) Ya está la señorita “Los libros son sabiduría” aquíiiiii
- No, tranquilo que no te volveré a decir nada de lo bueno que es leer.

Lisboa estaba siempre hablándome de libros que había conseguido en lugares clandestinos de Einstein. Una vez acudí con ella al sector 4N a por un libro. En aquella zona los agentes de vigilancia y seguridad aún no habían llegado y unos pocos desconectados se reunían para el intercambio de material. Los desconectados eran humanos que habían desactivado su acceso de datos y se limitaban a recopilar la información leyendo o viendo vídeos en soportes anticuados. Una vez fui a casa de Lisboa y me mostró un DVD, un aparato rectangular de unos 10 centímetros de altura en el que se metía un soporte redondo con un agujero en el centro y en el que habían datos que podían ser vídeos, música, imágenes estáticas y otras cosas. Lo recuerdo porque hasta ese día sólo había visto uno de esos en el “Museo de Historia de la Tierra”.

- No te enfades Lisboa que sabes que no me gusta verte así.
- Si no me enfado. En el fondo lo que siento es pena por todos vosotros.
- ¿de verdad sientes pena por mi? – Le dije en un tono de iniciación copular.
- Sí, así que voy a hacer algo por ti.
- ¿en serio? – Volví a insistir casi seguro de que aquello sólo podía acabar de una forma.
- Sí, te voy a ayudar a imaginar.
- ¡eh!, ¿qué?, ¿cómo que imaginar?
- Sí, cierra los ojos
- Pero Lisboa ...
- Tú, cierra los ojos.
- (con resignación) Vale
- Si te digo la palabra playa, ¿qué ves?
- Nada
- ¿Y si te digo que estoy metiendo mi mano entre la arena calentita de la playa mientras el viento que sopla en mi cara me trae la brisa del mar y el sol eleva la temperatura de mi cuerpo?
- Nada
- ¿Cómo que nada?
- No, no veo nada. Está todo oscuro. Pero eso lo arreglo yo ...
- No lo intentes porque he desconectado tu introrrealidad.
- ¿qué has hecho qué?, ¿por qué? Sabes que no puedes hacerlo o ... o ...
- ¿o qué?, ¿Cuántas veces la has apagado?, ¿Cero?, ¿Cuántas personas conoces que la hayan apagado y al volver a encenderlas no haya funcionado?, ¿Ninguna? Washington, por favor, esas maquinas os han quitado hasta la posibilidad de soñar con otras realidades que no sean las que ellos han creado.

Aquella última frase de Lisboa me hizo procesar algunos datos. Si yo cerraba los ojos y no podía ver nada con el sistema de introrrealidad apagado es que algo no funcionaba bien. Tenía que conseguir que el sistema de introrrealidad siguiera funcionando aunque se apagara externamente.

Traducción al castellano de Kandahar Arquímedes, periodista del "Moon Post”.

Diario de bitalaxia – Capítulo 1

El cuadernillo

- Diario de vitácora ... ¿se escribe así?
- No, es con b.
- Joder, es que estos españoles sí que eran los amos de la galaxia en complicarse la cabeza con tanta b y v, la h y sino esos de al andalus que cogían la s, la c y la z, la metían en un unificador de partículas y las decían como les salía de la boca.
- Andalucía
- ¿qué?
- Que no eran de al-Andalus, sino de Andalucía. Al-Andalus era el territorio que conquistaron los musulmanes en la Península Ibérica y era mucho más que Andalucía.
- Ayyy, ahora sé por qué me siento más tranquilo en esto al ir contigo.


No era del todo cierto lo que le dije, de hecho no estaba para nada tranquilo. Irnos a La Tierra, ¿se podía hacer una estupidez mayor?. La Tierra era, por si alguno de los lectores no lo saben, el primer planeta en el que el ser humano habitó. Bueno de hecho fue allí donde empezamos a ser humanos ya que por lo visto procedemos de un animal peludo llamado silio, sinio, simio o algo así.
Yo sentía miedo porque jamás había salido de Einstein, de hecho a penas había visitado un par de lagos artificiales. Pero es que ya vivía en un lugar que me parecía perfecto. En Einstein teníamos todo lo que cualquier humano podía necesitar: nuestro propio Sol, playas diseñadas especialmente para las necesidades de cada uno, trabajo en la fábrica de pastillas alimenticias Mc´Pill, la mayor sala de introrealidad e incluso una biblioteca.
Pero Lisboa era de ese tipo de chica que no quería lo que la mayoría, ella estaba harta de tanta aparente perfección, de lo que ella llamaba “falsa felicidad”. Y yo sentía algo especial cuando estaba con ella. Por algún motivo con ella no necesitaba píldoras Cupido para sentir ese cosquilleo por dentro que no sé si alguno de vosotros lo habrá experimentado pero os aseguro que es mucho más ... creo que la palabra sería humano o tal vez natural, sí creo que al decir natural, digo también que es humano. Bueno, si alguno de vosotros habéis tenido la fortuna de sentirlo, ya me entendéis.

- Vale, y ahora ¿qué hay que escribir?
- Pues ahora no podemos escribir nada hasta que no consigamos una nave, pero Washington, querido amigo, ya tenemos el primer elemento en común de esta aventura: el cuadernillo.

Traducción al castellano de Barcelona Lenin, periodista del "Thirth Galaxy Times"