sábado, octubre 30, 2010

Viaje a una conversación en el pasado

Estos días circulan en mi cabeza varios temas que me tienen agarrados los intestinos. Los dichosos temas pululan por mi cabeza como si fueran zombies chocando de una pared a otra de mi cerebro provocándome en ocasiones fuertes dolores de cabeza. Lo cierto es que estoy un poco harto ya de ellos y sé que lo único que tengo que hacer es abrirles las puertas para que vuelvan a sus tumbas pero ¿quién no quedaría en estado de shock al comprobar cómo el salón de su casa ha recibido la visita inesperada de unos apestosos zombies?

Uno de esos temas me ha traído el recuerdo de una conversación que tuve en una ocasión con una amiga y que metafóricamente podría ser hoy aplicado a uno de los zombies.

Yo - ¿Qué te pasa?
Amiga - Pues que no soporto más esta situación.
Yo - ¿Qué no soportas exactamente?
Amiga - Pues yo entiendo que trabajando en el mismo lugar que ella tenga que verla y como parte de mi trabajo que es tenga que hablar con ella cuando sea necesario y callarme cuando no tenga más remedio. Pero lo que no estoy dispuesta a aguantar es a que en mi propia casa, en mi espacio de desconexión tenga que callarme también, aquí sí que no estoy dispuesta a hacer concesiones por el bien general. Si mi compañero de piso no es capaz de entender esta situación no tendré más remedio que explicársela claramente.

A esto yo añadiría una frase de Macaulay Culkin en Sólo en casa : "Esta es mi casa y tengo que defenderla".


domingo, octubre 24, 2010

Le jour qui a changé ma vie

Adrián está sentado en una silla junto a la cama de su padre en una habitación de hospital. El habitual silencio en sus vidas esta vez no se rompe por una discusión sino por una conversación entre dos personas que son conscientes que puede ser la última.

Adrián - Padre, usted y yo nunca hemos hablado mucho. Especialmente cuando murió mamá y no sé si este es o no un buen momento pero creo que aún no es tarde. Padre me gustaría que antes de que se marchara usted se llevara un buen recuerdo de su relación conmigo y yo quiero recordar que al final usted y yo fuimos capaces de mirarnos a los ojos, olvidarnos de las rectitudes, de las normas, de todos los pesares que han marcado su vida y que seamos un padre y un hijo más.

Padre - Hijo, yo ... (se detiene, en un intento de controlar la emoción que le impide hablar), yo siento haber sido tan duro. Pero, solo quería ... yo solo quería prepararte para este mundo. La vida es muy dura Adrián.

Adrián - Lo sé, padre, la estoy conociendo poco a poco.

Padre - Adrián, la muerte de tu madre fue un momento muy duro para mí. Tu madre estaba tan bien, tenía tantos años por delante.

Las lágrimas y los sollozos se intensifican. Por primera vez en su vida Adrián observa a su padre llorar ante él. El hombre está completamente desmoronado, las lágrimas que tantos años han sido reprimidas salen ahora como un torrente y se deslizan entre los surcos de la cara regando la piel áspera por los años de sequía.

Adrián - Lo sé, padre. Para todos fue muy duro asumir que mamá había muerto. Yo solo tenía doce años y ya sabe que mamá y yo teníamos una relación especial. Cesar estaba en una edad complicada, y además de asumir su pérdida tuvo que sustituir en algunos campos el espacio dejado por ella. Pero usted perdió a su mujer, su compañera, la persona que le equilibraba. Tal vez la única mujer de su vida.

Padre - Sí, tu madre fue la única.

El silencio vuelve a generarse entre ellos dos pero esta vez no hay tensión. El estallido de emoción ha creado esta vez un estado de confianza y cordialidad entre padre e hijo. Ambos lo sienten, por eso cuando Adrián coge a su padre de su mano derecha el padre recuerda el día en que en algún lugar de aquel mismo hospital su hijo recién nacido agarraba con su pequeña mano uno de los dedos del padre.

Adrián - Recuerdo que de pequeño me encantaba escucharla contarme una y otra vez la historia del día que os conocisteis. Pero nunca le he escuchado hablar de aquel día.

Padre - Aquel día sobreviviría en mi recuerdo incluso al olvido de la vejez. Aquel fue el día que mi vida cambió.

Adrián - Me gustaría mucho que me lo contara.

Padre - ¿En serio?

Adrián - Nada me gustaría más.

Padre - Bueno, pero que sepas que te has aprovechado de mi y de mi estado.

Padre e hijo ríen juntos por primera vez en muchos años. Aquel momento formaría parte del colectivo de recuerdos de Adrián para toda su vida. Dos días después el padre falleció.

sábado, octubre 23, 2010

Agotamiento

Este espacio no es un lugar en el que me expreso de manera autobiográfica o al menos no suelo hacerlo de manera tan clara como pretendo hacerlo en esta entrada.

Hoy me siento profundamente agotado. Siento el cansancio en cada uno de los músculos de mi cuerpo. Anoche me fui a la cama como si acabara de subir y bajar el Himalaya en tiempo récord, como si hubiese cruzado el Atlántico a nado y me encontrara en la otra orilla, en definitiva, como si acabara de hacer un esfuerzo físico desmesurado.

Y en el fondo así ha sido durante los últimos días. Esta semana he estado en una tensión continua que me ha impedido estar en pocas ocasiones concentrado, me he sentido más predispuesto a la confrontación, he estado muy irascible, y no he conseguido disfrutar ni siquiera de momentos con aquellas personas que considero mi círculo más cercano.

Esta semana incluso he vuelto a vivir una experiencia corporal que hacía seis años que no sufría. En mitad de clase, un pequeño mareo se ve continuado por un incremento en el ritmo del corazón y un inicio de sofocos. De repente me vi de nuevo en un espacio rodeado de personas y ante la duda de si levantarme y salir de clase o quedarme y dar lugar a que el mareo fuera a más y me pudiera desmayar. Finalmente fui capaz de retomar el control de mi propio cuerpo y continuar en clase.

Y este agotamiento y los recuerdos de ciertos fantasmas del pasado vienen motivados por mi escasa capacidad de adaptarme a ambientes en los que no me siento cómodo con una persona. Una de mis debilidades, de esas que no me duelen prendas en admitir, es no saber actuar, no ser capaz de mostrarme indiferente ante situaciones o personas que me incomodan. Y en estos momentos no me siento cómodo con una persona principalmente por su actitud con una persona básica (pero de verdad) en mi vida, por su manera de tratar a mi mejor amiga, a mi brazo derecho, y por lo tanto por su manera de tratarme también a mi mismo.

Anoche fue una jornada corta en cuanto al tiempo a debatir pero profundamente extenuante. No puedo reprimir la rabia que siento por la capacidad de manipulación de las situaciones que algunas personas pueden desarrollar. Cómo algunas personas son capaces de dar la vuelta a una situación y pasar de verdugo a víctima.

Hoy me siento agotado física pero también psicológicamente. Porque al final la sensación que me ha quedado es que yo tenía un problema con una persona, que yo he sido quién no ha ido a hablar las cosas a la cara, que anoche fui agresivo en mi manera de comunicarme y en resumen que el tiempo empleado ha sido inútil.

Hoy no tengo ni fuerzas, ni ganas de intentar nada. Hoy simplemente me apetece estar en casa, descansar en mi cama mientras veo películas, y no pensar en absolutamente nada. Hoy quiero ser una ameba porque me siento como tal. Hoy simplemente quiero ser más tortugo que nunca. Hoy no quiero saber nada de falsedades, ni de falsos dramas, ni de excusas para justificar una actitud, un comportamiento o una mala cara. Hoy quiero estar solo conmigo mismo. Mañana, mañana será otro día.