En el sótano húmedo de un edificio en estado deplorable de un barrio olvidado por la administración se reúnen un grupo de militantes y activistas de distintos grupos antiglobalización que hartos ya de la desidia a la que las distintas administraciones han llevado a la sociedad han decidido tomar una decisión conjunta. El ambiente está bastante caldeado no solo porque sea verano y la temperatur exterior roce a las 22 horas los cuarenta grados sino porque los últimos sucesos han provocado un sentimiento generalizado.
Sobre una tarima encontramos a los líderes de distintos movimientos que intercambian opiniones rodeados de un grupo de personas también activas aunque con menor repercusión mediática. Todos han adaptado nombres de revolucionarios históricos para facilitar la identificación de los ciudadanos con la causa.
Santiago - Por favor, señores, silencio. Vamos a intentar que existan unos mínimos para que todos podamos expresarnos y de esa forma podamos llegar a un acuerdo común. Creo que si estamos hoy aquí es porque son muchas más las cosas que nos unen que las que nos separan. Ahí fuera son miles las personas que esperan de nosotros una respuesta contundente a la muerte de tantas personas. En este momento la Historia nos pide compromiso y capacidad de entendimiento. No seamos el corazón de nuestra ideología sino la voz de nuestro pueblo.
Ernesto - Compañeros, Santiago tiene razón. Vamos a tratar de que la euforia, las ganas de acabar con el enemigo no nos lleve a tomar medidas precipitadas. Yo soy partidario de la lucha callejera ...
En un lado de la tarima Iosif y Fidel conversan en voz baja.
Iosif - No podemos permitir que de nuevo la vía del diálogo se imponga. Este es nuestra oportunidad para que nuestra voz se oiga más que las del resto.
Fidel - Debemos situar a los nuestros por toda la sala para que vayan caldeando el ambiente.
Fidel llama a uno de sus colaboradores.
Fidel - Posicionamiento estratégico inmediato. La orden es bien clara: de aquí tenemos que salir con una victoria contundente. Lucha callejera.
Santiago da la palabra a Mahatma que rodeado de los suyos lleva varios minutos tratando de intervenir.
Mahatma - Compañeros, quiero que me escuchéis bien lo que voy a decir. Condeno con rotundidad el fallecimiento de los quince manifestantes. El Gobierno ha demostrado una vez más que no sabe controlar a las fuerzas del orden, sin embargo ...
Emiliano - ¡Lucha callejera!
Raul - ¡Muerte a los opresores!
Santiago - Por favor, compañeros, vamos a intentar escuchar al compañero Mahatma ...
Génrij - Se acabó el tiempo del diálogo, es la hora de la lucha.
Mahatma - Ya sabemos lo que traerá la lucha.
Fidel - Ya sabemos lo que nos trae el diálogo. No podemos seguir callados mientras los que nos apoyan son atacados y asesinados. Nuestro silencio puede interpretarse como una concesión a los que aprietan el gatillo.
Vladimir - Compañero Mahatma creo que hemos dado demasiado tiempo al diálogo y no nos han escuchado. Ahora es la hora de actuar y yo quisiera proponeros que lo hagamos con apoyo de compañeros que en otras partes trabajan bajo nuestra misma causa.
Iosif - No podemos esperar Vladimir. A todos nos gustaría poder unirnos con los compañeros de Inglaterra o Francia pero la brutalidad de los hechos marcan una respuesta contundente e inmediata.
Sergéi - No más esperas. ¡A las armas!
Lev - Yo apoyo la postura de Vladimir de buscar apoyos en nuestros compañeros europeos. En estos momentos nuestra fortaleza en ciertos frentes no es la suficiente como para abordar una lucha con unos mínimos de posibilidades de obtener la victoria.
Fidel - Compañero Lev, todos somos conocedores de las debilidades que tus hombres poseen en el frente de Algarra pero nuestra superioridad en frentes cercanos nos llevará a darte todo el apoyo que tú y tus hombres necesitéis.
Iosif - Compañeros de revolución creo que esta noche ha quedado bastante claro que es tiempo de acción. Es tiempo de tomar las calles, de quemar todo símbolo de poder. Debemos dar una orden clara a nuestros hombres. Ningún ciudadano de la clase obrera debe ser asaltado, atacado o ser sometido. Debemos sumar el apoyo de todo trabajador a nuestra causa y el rechazo a cualquier signo de poder opresor. Propongo que para evitar confusiones se haga extensiva a toda la ciudadanía un listado con aquellas personas que pertenecen a la clase opresora. Siendo consciente de que en el día de hoy, y tras los últimos acontecimientos, estaríamos la mayoría de acuerdo en que es la hora de la acción callejera he elaborado yo mismo esta lista. Podéis estar seguros que todos los que integran la misma han demostrado en reiteradas ocasiones su rechazo a dialogar con nosotros. Ahora deben pagar por ello. Debemos apropiarnos de todas sus propiedades. Doy plena libertad al pueblo para que las viviendas sean asaltadas y convertidas en lugar de acogida de los que no disponen de un espacio en el que poder habitar como un digno ser humano. Propongo que se habiliten espacios públicos en las calles en donde quemar los coches que han exhibido durante todos estos años y que han sido construidos por las manos desgastadas de miles de compañeros. Propongo el ataque a los medios de las fuerzas opresoras, para que su capacidad de reacción se reduzca. Propongo que asaltemos las entidades bancarias y que se nacionalicen todas estas entidades pasando sus fondos a propiedad del nuevo Estado. Estimados compañeros esta noche debemos dar un fuerte golpe sobre la mesa y de manera excepcional aplicar las mismas normas que nuestro enemigo lleva imponiendo durante décadas. Y una vez apagadas las llamas de los últimos restos del capitalismo será el momento de construir una nueva era.
Los aplausos y gritos de aprobación silencian cualquier réplica. Los delegados defensores de la lucha callejera salen a la calle a dar la orden que ya esperan ansiosos los enlaces callejeros. La rebelión está a punto de producirse y un hombre se sienta en aquel sótano para meditar sobre qué no ha hecho bien para demostrar a sus compañeros que aquella no es la solución. Sabe que van a haber muchos muertos pero a la misma vez piensa cuantos no habría podido evitar el diálogo.