(Voz en off) - Acceso autorizado, ¡bienvenida Lisboa!
Llevaba horas esperando esa frase y cuando por fin la escuché allí estaba ella. Su rostro reflejaba que algo duro le había pasado durante aquellas horas de ausencia, pero su entereza, su férrea actitud ante la vida era la misma, nada hacía entrever que había pasado todas aquellas horas con un par de agentes de vigilancia y seguridad que una y otra vez le preguntaban los motivos que le habían llevado a desconectarse, por qué andaba conmigo, qué intereses tenía en ello y un sin fin de preguntas que tenían como único objetivo conseguir que se desmoronara pero aquellos agentes no sabían con qué chica estaban tratando.
- Lisboa, ¿qué ha pasado?
Por supuesto, no me respondió en aquel momento. Tan solo nos dimos un abrazo en el que pude sentir algo de necesidad afectiva por su parte y al que me habría gustado poder corresponder con algo más de calor por mi parte pero mi sistema seguía conteniendo cualquier tipo de emotividad.
- Está bien, no te preocupes ya estás en casa.
- Tenemos que encontrar una nave cuanto antes Washington.
- Pero, ¿qué ha pasado?
- No puedo contarte nada en estos momentos y no lo podré hacer hasta que bien te desconectes bien salgamos de Einstein. Y además te pediría que diariamente eliminaras toda información relacionada conmigo y nuestras conversaciones.
- Pero Lisboa necesito saber por qué me pides esto, necesito saber.
- Washington llevas 31 meses sin saber, podrás aguantar unos cuantos minutos más. Estoy convencida de ello.
- Está bien, confío en ti Lisboa, pero no sé si podré encontrar una nave antes de dos horas.
- Bueno, a partir de ahora Washington, cada uno va a intentar por su lado encontrar una nave o cualquier medio de transporte que se le parezca y que nos pueda sacar de Einstein. Si no podemos conseguir una nave aquí, la conseguiremos en otro planeta o galaxia, el universo es muy grande, pero lo importante ahora es saber si sigues queriendo venir conmigo, si realmente lo deseas y quieres dar este paso conmigo.
- ¿bromeas? Claro que quiero Lisboa. Quiero hacer esto contigo, estamos juntos en esto.
Por lo visto dije algo importante pues se abalanzó sobre mi y nos dimos un largo y sentido beso que fue como nuestra firma de un pacto por supuesto no escrito. Desde aquel momento tenía que moverme con cautela pero rápidamente para ver de qué manera podíamos salir de Einstein. Cada milésima de segundo era una oportunidad perdida y no disponíamos de muchas en nuestra cuenta atrás.
1 comentario:
No sé cuántos capítulos les quedan a Lisboa y Washintong, ni a dónde les llevará su huida del gris Einstein, pero cada vez más siento (qué egocéntrica) que hay un mensaje medio en clave, medio a voces, para mí en esta historia. Espero con ganas la próxima entrega (y la siguiente confesión a gritos de letras).
Publicar un comentario