lunes, noviembre 24, 2008

Diarios de bitalaxia – Capítulo 9

La decisión más difícil



Si algo me había demostrado Lisboa siempre es que si se proponía algo lo conseguía y con la búsqueda de la nave de nuevo había logrado su meta lo que no hacía más que enviarme mensajes de confianza que dicho sea de paso los necesitaba en cantidades industriales.

Mi chica había conseguido en unos pocos minutos reunir por numerosos cementerios de naves las piezas suficientes para que Frankfurt, novio de Antioquia y ex empleado de Mercedes-BMW, nos fabricase una nave que al menos aguantara para salir de Einstein. Una vez fuera del planeta estudiaríamos la posibilidad de salir de la galaxia en esta misma nave o utilizar naves transportadoras.

A las 7:22:48:09 habíamos quedado enfrente de la casa de Antioquia. Desde allí Lisboa y yo seriamos guiados hasta el lugar donde estaba escondida la nave. Estoy seguro que Lisboa conocía ya dónde era ese lugar pero lo importante era que yo en ningún momento lo supiera para en caso de ser abordados por un agente de vigilancia y seguridad no pudieran sacarme información alguna.

Del concesionario de FIAT-Ford-Skoda me fui directamente a mi casa a recoger algo de ropa y a tomar la decisión sin duda más difícil: mirar a mi madre a la cara y decirle que me marchaba.

Cuando llegué a casa allí estaba mi madre hipnotizada ante su emisión diaria introrreal favorita : “Los Bushimpson”. De nuevo estaba viendo el capítulo 2.657.982 que podrían haber repetido unas 2000 ocasiones como mínimo pero que ella disfrutaba cada día. Y lo cierto es que la serie tenía su gracia: un alcohólico padre de familia que un día descubre un combustible de color negro similar al oxígeno pero bajo tierra y con el dinero de vender el líquido decide convertirse en el Cesar de todo su planeta y conquistar nuevos territorios y todo como decían en España sin saber hacer la “o” con un canuto.

¿cómo podía decirle a mi madre que me iba a La Tierra?, ¿sabía ella donde estaba La Tierra?, ¿lo sabía yo?, ¿cómo podía transmitirle seguridad a mi madre cuando ni siquiera yo la sentía?

- ¡Hola mamá!, ¿viendo los Bushimpson?
- Sí
- Mamá ...
- Mira, mira, ahora es cuando se atraganta con la galleta
- Mamá, si ya te lo sabes de memoria, ¿por qué lo sigues viendo?
- Porque aunque me lo sepa me sigue haciendo reír
- Ya, pero podrías ver otras cosas que también hacen gracia.
- Pero si a mi me sigue haciendo reír, ¿por qué voy a cambiar?
- Ehhhh ...
- Venga que han hecho el descanso, dime, ¿qué quieres?
- Pues que me voy.
- ¡Ah! Vale, pues no vuelvas tarde Washington que luego estoy preocupada.
- ¿por qué mamá?
- Por si te pasa algo.
- ¿como qué?
- Bueno, pues que alguien te haga daño.
- Mamá, vivimos en Einstein aquí nadie hace daño. ¿conoces a alguien que conozca a alguien al que le hayan hecho daño?
- No.
- ¿entonces?
- Pero yo tengo miedo. Washington cariño cuando tu padre y yo tuvimos que huir de Da Vinci ...
- Sí, mamá ya lo sé, pero eso fue hace meses, pero Einstein es un planeta más tranquilo, más seguro, en Einstein todo es siempre como tiene que ser, todo el mundo se dedica a cumplir las normas y todo el mundo sabe lo que le espera si las incumple, en Einstein mamá ...
- ... nunca pasa nada. Tienes razón hijo.

Mi madre acababa de darme la mejor definición de Einstein que jamás había escuchado. Toda mi vida había estado viviendo en un planeta en el que nunca sucedía nada y justo el día que me iba mi madre me había ayudado a darme cuenta.

Definitivamente no podía decirle a mi madre la verdad y menos aún a la cara. Así que solo fui capaz de ingestar en su sistema una introrrealidad bajo la cual ella siempre creería que como cada día yo volvía de la fábrica de Mc´Pildors y le saludaba como siempre, le hacía las mismas preguntas y le daba el mismo beso cada noche. Mi madre vivía desde hacía meses en su propia introrrealidad hecha a partes iguales de momentos de realidad e introrrealidad. Y yo no había hecho nada por evitarlo pero tampoco estaba dispuesto a convertirme en un conectado más y pasar a formar parte de un sistema que nos manejaba a su antojo.

1 comentario:

niña noe.- dijo...

XD
¿¿Los Bushimpson?? ¿El capítulo de cuando se atraganta con un galleta?

Me parece que estoy enganchada a esta historia: abro el blog cada día varias veces por si tú o tu transcriptor os habéis asomado por aquí y habéis dejado algún regalo para la imaginación de esta fiel lectora, me enternezco con la torpeza e inocencia de Washington, me admiro con la decisión y valentía de Lisboa, envidio esa historia indefinible que les va a llevar lejos de unas vidas en las que "nunca pasa nada".

Espero que tengas preparado el antídoto, aunque sea una metadona en forma de letras...

P.D.: Pobre mamá de Washington...