Y es por todo esto por lo que quizá hoy, un día cualquiera, he tenido un segundo de desconexión o tal vez excepcionalmente hoy he conectado brevemente con ese yo que habita dentro de mi y que en aquellos tiempos, que hoy parecen tan lejanos, conectaba tan bien con tu otro tú.
Mientras hablábamos no recuerdo muy bien sobre qué, he escuchado un profundo suspiro que provenía de lo más hondo de tu ser. Casi, casi diría que ese suspiro me ha dicho algo pero lo ha hecho en un tono tan bajo que a penas he sabido interpretarlo. El silencio a través del altavoz nos ha dado tiempo a los dos para reaccionar pero he sido más rápido. Te he soltado un "¿estás bien?" que no esperabas pero que seguro sabías por qué venía. El mismo ser que ha emitido tu suspiro te ha impedido dar una respuesta firme, contundente, clara y creíble. Por ello lo único que me ha llegado ha sido un ahogado "sí" que me ha convencido tan poco como tu intento de cambiar de tema. Por ello y porque hace mucho tiempo que los dos extrañamos he vuelto a lanzarte la misma pregunta.
El instinto, ese duendecillo sabelotodo que habita en nosotros, me ha dicho que algo te pasa y mi abuela, a la que tanto echo de menos y de la que tanto he aprendido de la vida, me enseñó que son pocas las veces que se equivoca. Por eso seguiré haciéndole caso a mi duendecillo sabelotodo e insistiré hasta que tu otro ser y el mío se deshagan de las extrañezas y juntos sigan caminando por un sendero nuevo.
1 comentario:
leído, 7 de junio de 2010 a las 8:13 de la mañana...
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