viernes, septiembre 11, 2009

Entre las sangrientas humedades

Tres veces uno son siempre más que dos

Desde la ventana podía apreciar parte del callejón al que daba la casa pero no lo suficiente como para asegurarme que podía abandonar la casa. Debía salir de aquel lugar cuanto antes porque a mayor tiempo en él, mayores eran las posibilidades de dejar todo tipo de rastros de mi presencia. De hecho llevaba ya más de diez minutos con ganas de vaciar la vejiga y por supuesto no podía arriesgarme a hacerlo allí mismo, pero esto me llevó a moverme por toda la casa con mayor celeridad y nerviosismo y no me ayudó en nada a la resolución de la situación.

Mi mayor problema era cómo explicar lo que había sucedido con ella. ¿Cómo iba a explicarle a Návhr que por un error acababa de matar a su hija porque sin que nadie lo previera se encontraba en casa?

De repente la luz de la escalera se encendió y me alarmé porque ello implicaba que a escasos metros de mi alguien estaba despierto y de alguna manera podía convertirse en un posible descubridor de la escena del crimen. El temporizador de la luz comenzó a jugar con mi paciencia con su sonidito de bomba a punto de estallar que parecía advertirme de que mi vida también se dirigía hacia una cuenta atrás con un final poco alentador para mi. Por debajo de la puerta principal entraba un gran chollo de luz que de repente se vio interrumpido por la sombra que proyectaba el cuerpo de la persona que estaba al otro lado que se detuvo delante de la puerta. Estaba claro, fuese la policía o fuesen los miembros de la banda venían a por mi. Cogí la pistola, me la metí en la boca, coloqué el dedo en el gatillo y cerré los ojos con fuerza. Mi rostró se llenó de un frío sudor cálido y durante a penas unos segundos decidí recordar lo que había sido yo hasta llegar a aquel día. Y por estúpido que parezca la primera imagen que me vino a la cabeza fue la de mi primer día de colegio. Aquel día mi madre y mi padre me acompañaron hasta la puerta desde donde se despidieron con una gran sonrisa henchida de orgullo por ver cómo por fin su hijo iba a iniciar un proceso académico que ellos desearían haber tenido. Yo era lo que ellos nunca pudieron ser y sin embargo acabé siendo lo que ellos nunca quisieron ser. Mis padres habían nacido en los suburbios de Hurben donde el ser humano se mostraba en su versión más perversa. Sin embargo, a pesar de haber tenido la posibilidad de acceder al mundillo de la droga ambos huyeron de allí y las fuerzas de lo previsto los llevó a conocerse muy lejos de sus orígenes. Ellos me lo dieron absolutamente todo lo que un padre puede ofrecer a su hijo, sin embargo, según el razonamiento de mi abuela paterna - así como un río vuelve a sus orígenes a pesar de los intento del hombre por desviar su cauce, el hombre no puede escapar de su destino.- Y allí me encontraba yo con una pistola en la boca a punto de ser apretada por los caprichosos del jodido destino.

Cinco, cuatro ... la sombra seguía allí justo delante de la puerta. Inmovilizada, y por la dirección de los zapatos parecía que de frente a la puerta.

Tres, dos ... Un fuerte golpe aporreó la puerta, no parecía ser de una mano, sino de una superficie mayor, aspiré fuerza por última vez como para llenar los pulmones del suficiente oxígeno como para aguantar lo suficiente en el largo viaje que me esperaba.

Uno ... Mi dedo estaba agarrotado. Uno ... empujé la pistola con más fuerza hacia la garganta para intentar darle impulso a la bala pero no podía apretar el gatillo. Uno ... Mi mano comenzó a temblar y lentamente comencé a sacar la pistola de mi boca entre llantos. Respiré, me dije que debía de hacerlo y ... ¡Cuatro!, ¿cuatro?, joder de repente habían cuatro sombras que se asomaban bajo la pared. Cuatro sombras correspondientes a cuatro piernas con sus respectivos dos propietarios que a las 4 de la mañana desataban toda su pasión justo delante de la casa en la que me encontraba hasta que el fuerte golpe provocado por la pasión los llevó a estampar la espalda de ella contra la puerta y a huir hasta su piso para proseguir con su ritual sexual.

1 comentario:

niña noe.- dijo...

um... en serio, Adrián, cielo, ¿estás bien?

mule, ¿no le has notado nada raro cuando te ha dado esto? oye, que si quereis os paso el teléfono de mi psicoanalista... es cojonudo, el tío; ya me veis a mí.

(juas!!)