miércoles, octubre 22, 2008

Diario de bitalaxia – Capítulo 2

Imaginando

- ¿por qué siempre miras al cielo?
- Estoy imaginando
- ¿Cómo?
- Imaginando ...¿Tú nunca has pensado en como debe ser todo por detrás de esos paneles? Yo sí y creo que tiene que ser fantástico. Debe de haber miles de lugares por descubrir y de seres que estoy segura ni sabemos que existen o si lo sabemos los de arriba no nos lo quieren decir. ¿te imaginas lo que tiene ser que te llueva agua pero de verdad?, que te caiga por cada uno de los poros de tu piel pequeñas gotas de agua y te mojen la ropa y se deslicen por todo el cuerpo. He leído que el olor del agua con la tierra es algo insuperable. Y que el agua forme charcos y poder pisotearlos, saltar sobre ellos una y otra vez. La lluvia, Washington, tiene que ser increíble ... (volvió su mirada hacia mi) ¿qué haces?
- Estoy navegando.
- ¿Ya estas otra vez viendo los vídeos de esas ...?
- Que no, Lisboa, ya te dije que desde que estoy contigo no veo esos vídeos. Estoy buscando lo que significa “imaginando”, pero no me aparece nada.
- Claro, ¿cómo quieres que te aparezca? Ese tipo de palabras no vienen en los ficheros de datos que os meten.
- (En tono irónico, casi cantando) Ya está la señorita “Los libros son sabiduría” aquíiiiii
- No, tranquilo que no te volveré a decir nada de lo bueno que es leer.

Lisboa estaba siempre hablándome de libros que había conseguido en lugares clandestinos de Einstein. Una vez acudí con ella al sector 4N a por un libro. En aquella zona los agentes de vigilancia y seguridad aún no habían llegado y unos pocos desconectados se reunían para el intercambio de material. Los desconectados eran humanos que habían desactivado su acceso de datos y se limitaban a recopilar la información leyendo o viendo vídeos en soportes anticuados. Una vez fui a casa de Lisboa y me mostró un DVD, un aparato rectangular de unos 10 centímetros de altura en el que se metía un soporte redondo con un agujero en el centro y en el que habían datos que podían ser vídeos, música, imágenes estáticas y otras cosas. Lo recuerdo porque hasta ese día sólo había visto uno de esos en el “Museo de Historia de la Tierra”.

- No te enfades Lisboa que sabes que no me gusta verte así.
- Si no me enfado. En el fondo lo que siento es pena por todos vosotros.
- ¿de verdad sientes pena por mi? – Le dije en un tono de iniciación copular.
- Sí, así que voy a hacer algo por ti.
- ¿en serio? – Volví a insistir casi seguro de que aquello sólo podía acabar de una forma.
- Sí, te voy a ayudar a imaginar.
- ¡eh!, ¿qué?, ¿cómo que imaginar?
- Sí, cierra los ojos
- Pero Lisboa ...
- Tú, cierra los ojos.
- (con resignación) Vale
- Si te digo la palabra playa, ¿qué ves?
- Nada
- ¿Y si te digo que estoy metiendo mi mano entre la arena calentita de la playa mientras el viento que sopla en mi cara me trae la brisa del mar y el sol eleva la temperatura de mi cuerpo?
- Nada
- ¿Cómo que nada?
- No, no veo nada. Está todo oscuro. Pero eso lo arreglo yo ...
- No lo intentes porque he desconectado tu introrrealidad.
- ¿qué has hecho qué?, ¿por qué? Sabes que no puedes hacerlo o ... o ...
- ¿o qué?, ¿Cuántas veces la has apagado?, ¿Cero?, ¿Cuántas personas conoces que la hayan apagado y al volver a encenderlas no haya funcionado?, ¿Ninguna? Washington, por favor, esas maquinas os han quitado hasta la posibilidad de soñar con otras realidades que no sean las que ellos han creado.

Aquella última frase de Lisboa me hizo procesar algunos datos. Si yo cerraba los ojos y no podía ver nada con el sistema de introrrealidad apagado es que algo no funcionaba bien. Tenía que conseguir que el sistema de introrrealidad siguiera funcionando aunque se apagara externamente.

Traducción al castellano de Kandahar Arquímedes, periodista del "Moon Post”.

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