viernes, octubre 24, 2008

Diario de bitalaxia – Capítulo 4

Los conectados no sois tan malos

- Y entonces, ¿qué haces en tu tiempo libre? – Le pregunté a Antioquia
- Pues solemos quedar en la casa de alguno de los del grupo y hablamos.
- ¡Ahm!, ¿y no os gustaría probar la introrrealidad de nuevo?
- Bueno, lo cierto Washington, es que nosotros tenemos nuestra propia introrrealidad.
- No me lo digas. La imaginación
- (se rió) Sí, ya veo que Lisboa te ha hablado de la imaginación.
- ¿que si me ha hablado? Es que no hace otra cosa más que contarme las bondades de la imaginación.
- Es que él – intervino Lisboa – aunque poco a poco se está humanizando, todavía tiene demasiado integrado el sistema en su cabecita. Y no entiende el concepto de leer una historia y sentirla o ver una película en una pantalla plana y estar sintiendo lo mismo que el personaje.
- A ver, Antioquia, ¿cuándo te desconectaste?
- ¿yo?, muy jovencita, a los ocho años.
- Vale, ¿y qué recuerdas de la introrrealidad?
- Pues, bueno recuerdo que me fascinaba acompañar a Caperucita roja por el bosque. ¡Pobre lobo!, la de veces que tenía que salir huyendo... es que yo era muy traviesa.
- Pero entonces, se puede decir que te divertías con la introrrealidad.
- Sí, pero la introrrealidad Washington es una recreación que una maquina genera en tu mente haciéndote creer que es cierta aun no siéndolo.
- Ya, pero nosotros somos conscientes de que no es real.
- Tú quizá sí, pero te puedo asegurar que hay muchas personas que carecen de la capacidad suficiente para hacer esa diferencia. Y en ocasiones viven en la introrrealidad creyendo que lo hacen en la realidad y en otras viven en su realidad pensando que lo están haciendo en la introrrealidad.
- Eso son casos aislados que la Autoridad está estudiando porque tal vez se trate de algún defecto de algún nexo de unión o del adaptador.
- ¿de verdad te crees esa versión?
- Sí, además conozco a un amigo que su padre trabaja en IRE (Introrrealidad de Einstein) y me ha dicho que esto es cierto.
- ¡Já! – Exclamó Lisboa – Habrá que ver si ese amigo tuyo existe de verdad o es sólo un invento más de la propaganda que os meten.
- ¡Esa es mi chica! – Dijo Antioquia.
- Ya está con su teoría de la utilización de la introrrealidad como medio para controlarnos.
- No es una teoría sino una realidad. Y lo sabes.
- ¿por qué dices eso? – Le contesté.
- ¿de verdad quieres que lo diga?
- Sí, puedes decirlo. Antioquia ya es amiga mía y no tengo secretos para ella.
- Gracias Washington.
- Pues resulta querida amiga que aquí el que cree controlar a su introrrealidad perdió su virginidad con una “chica”.
- Pero hay muchos chicos conectados que hoy en día la pierden de esa manera.
- Ya, pero resulta que él tenía un virus.
- Lisboa, ¡ya vale! – Le dije para intentar frenarla, pero ya era tarde.
- No, no, no ... ahora vas a tener que soportar la vergüenza de mirar a Antioquia a la cara. ¿no querías que lo contara? Pues lo cuento.
- Bueno, tampoco hace falta que ...
- ¿Sabes por dónde intentó aquí el independiente penetrarme?
- Lis ...
- Por el ombligo. Quiso meterme sus 21 centímetros de pene por el ombligo. Y todo porque un virus le había afectado al sistema de recreación corporal y había situado nuestros genitales unos pocos centímetros más arriba.

Empezaron a bromear sobre las diferentes posturas que se podrían practicar si los genitales femeninos estuvieran allí llegando a la conclusión de que si estaban donde estaban era sin duda porque ese debía ser su lugar para el mayor disfrute sexual.

- Lo siento Washington, pero te aseguro que no me estoy riendo de ti sino de las cosas que dice la petarda esta.
- No te preocupes si ya tengo asumido que los conectados somos unos seres detestables, manipulados y carentes de sensibilidad.
- ¡Washington!, yo nunca te he dicho eso. Los conectados no sois tan malos. Y tú especialmente. Ya sabes que si no fuera por ese pequeño apéndice que tienes implantado en el cogote para mí serías perfecto. Eres todo lo sensible que tu introrrealidad te permite y además, pasado el suceso del ombligo... no me puedo quejar.

De nuevo tenía que mirarle a la cara y disimular que no le estaba mintiendo. Y cada vez me iba costando más ya que yo estaba sufriendo el proceso inverso al que vive toda persona que se vuelve mentirosa compulsiva. Yo tenía que pasar de creerme mi realidad a no hacerlo para acabar viviendo en la realidad. Y en esta ocasión la realidad era que lo que nos permitía disfrutar de noches de pasión a Lisboa y a mi, esos 21 centímetros, no eran tan humanos como ella siempre creyó. Aunque ya puedo adelantaros que jamás llegó a saber la verdad.


Traducción al castellano de Porto Alegre Jordan, Traductor del Congreso de los accionistas de Einstein.

1 comentario:

niña noe.- dijo...

jajajaja!! lo del ombligo es muy bueno... espero que haya cien capítulos.

estos personajes... ummm...