Recuerdo lo nerviosa que estabas cuando volví de las vacaciones navideñas y lo que disfruté en los días previos a éstas preparando tus regalos. Recuerdo tus miradas en la noche de fin de año aún estando bajo los efectos sedantes del tío JB. Recuerdo los celos incontrolables hacia franceses y suizos y cómo ese sentimiento me llevaba a odiar a personas a las que no conocía. Recuerdo miles de discusiones que tuvimos y el horrible sentimiento de profundo dolor por una vez más haber dicho o escuchado cosas que nunca debieron salir de nuestras bocas. Recuerdo el día en que decidí abrirme a ti y contártelo todo y cómo siempre había un problema que lo evitaba. Y por supuesto recuerdo el día en que te escribí un email para decirte que ante la dificultad para hacerlo en persona no me quedaba otra que hacerlo por ese medio. Recuerdo al día siguiente de haberte enviado el email que discutimos por unos aros de cebolla y yo estaba seguro que aquello era tu reacción al contenido del mismo cuando en realidad se trataba de un día bajo los efectos de las nubes grises. Recuerdo tu cara al día siguiente de esa discusión, mucho más cercana, algo más picara y recuerdo ese "ayer leí tu email". Recuerdo la conversación que vino después y cómo por un momento mi corazón hacia un pum, pum, pum, diferente al habitual como si por él no fluyera sangre sino el agua que emana la mismísima fuente de la vida. Recuerdo cómo fueron sucediendose los días y yo no podía dejar de pensar que aquello iba a acabar como en los cuentos de hadas. Recuerdo cómo un extraño sentimiento se apoderó del cuento y poco a poco todo fue cambiando y el sol ya no brillaba porque una oscura nubecita se lo impedía. Recuerdo cuando volvimos a hablar del tema, acostados frente a frente bajo los ojos de un tímida bombilla que iluminaba diagonalmente una parte de tu cara y cómo aquella noche no dormí sobre mi colchón sino encima de una estrella. Recuerdo cómo los momentos buenos dejaron paso a los malos. Recuerdo cómo poco a poco comenzamos a separarnos y a penas podía sentirte. Recuerdo ir caminando por las calles de la Gran Ciudad con tu brazo agarrado al mío simulando que te sucedía lo mismo que a los protagonistas de la peli que acababámos de ver y cómo aquel instante me pareció inmejorable. Recuerdo cómo tus abrazos me resultaban fríos y aquello se me clavaba bien adentro. Recuerdo miles de segundos dedicados en mi pensamiento a tu mirada, tu sonrisa, tu pelo, tus labios, tus bellas manos con sus para mi inmejorables deditos. Recuerdo lo bonito que era poder ver reflejada la luz de la pantalla de cine en tus ojos en mitad de la oscuridad. Recuerdo cómo deseaba besar cada uno de tus barros. Recuerdo cómo comencé a sentir que ya no podía volver a empezar, que no había vuelta atrás, que habíamos perdido aquello que un día sí tuvimos, aquello que era suficiente para los dos. Recuerdo cuando después de muchos meses mi cuerpo necesitó derramar lágrimas y cómo aquello me alivió y a la vez me advirtió de que definitivamente algo no iba bien en mi alma. Recuerdo cuando entre mi brazo derecho y yo nos dimos cuenta, aunque él ya hacía tiempo que lo sabía, que había llegado el momento de alejarme físicamente de ti. blog destinado a que un don nadie como yo pueda permitirse volar sin rumbo fijo
miércoles, junio 17, 2009
Recuerdos
Recuerdo el día en que te conocí, eras una compañera de clase de mi amigo y también compañero de piso. Una chica de muy lejos que por lo visto buscaba un piso de manera desesperada porque debía salir del que ocupaba. Recuerdo que cuando entraste al piso ya sentí ese primer fuerte latido que suelo sentir cuando creo estar viendo la tapa de otro cuento de fantasía. Recuerdo que empezaste a hablar con mi amigo y a penas si reparaste en mi presencia hasta que decidí llevar un poco las riendas de la entrevista. Recuerdo que me preguntaste a qué me dedicaba y me dijiste que por el aire de mi manera de vestir daba el perfil de ese mundo en el que desde hace un año intento abrirme camino. Para mí el casting había terminado. Ya tenías mi voto y lo único que tuve que hacer fue conseguir el del resto y así fue. Recuerdo que quise ser yo mismo el que te llamara cuando lo normal hubiese sido que lo hiciera quien ya te conocía, pero lo cierto es que aún sintiendo en aquellos momentos algo por otra chica ya habías empezado a atraerme y de ahí a tenerme a tu disposición era cuestión de tiempo y de convivencia. Recuerdo que el Verano fue poco a poco calentando ese sentimiento y con la llegada del otoño me convertí en una hoja más y caí rendido a tus pies, iniciándose así una larga historia en la que la confianza fue poco a poco ganando terreno y el amor hacia ti se disparó hasta límites insospechados. Recuerdo que durante semanas disfruté jugando contigo en algo que a mí me parecía el inicio de una bonita historia de amor. Recuerdo jugar a deslizarte por debajo de la puerta un CD que tú me devolvías. Recuerdo jugar al escondite por el pasillo ante la mirada de nuestros compañeros. Recuerdo un día que volvíamos de compras en la máquina de hierro y estuviste varios minutos con tu cabecita apoyada sobre mi hombro.
Recuerdo lo nerviosa que estabas cuando volví de las vacaciones navideñas y lo que disfruté en los días previos a éstas preparando tus regalos. Recuerdo tus miradas en la noche de fin de año aún estando bajo los efectos sedantes del tío JB. Recuerdo los celos incontrolables hacia franceses y suizos y cómo ese sentimiento me llevaba a odiar a personas a las que no conocía. Recuerdo miles de discusiones que tuvimos y el horrible sentimiento de profundo dolor por una vez más haber dicho o escuchado cosas que nunca debieron salir de nuestras bocas. Recuerdo el día en que decidí abrirme a ti y contártelo todo y cómo siempre había un problema que lo evitaba. Y por supuesto recuerdo el día en que te escribí un email para decirte que ante la dificultad para hacerlo en persona no me quedaba otra que hacerlo por ese medio. Recuerdo al día siguiente de haberte enviado el email que discutimos por unos aros de cebolla y yo estaba seguro que aquello era tu reacción al contenido del mismo cuando en realidad se trataba de un día bajo los efectos de las nubes grises. Recuerdo tu cara al día siguiente de esa discusión, mucho más cercana, algo más picara y recuerdo ese "ayer leí tu email". Recuerdo la conversación que vino después y cómo por un momento mi corazón hacia un pum, pum, pum, diferente al habitual como si por él no fluyera sangre sino el agua que emana la mismísima fuente de la vida. Recuerdo cómo fueron sucediendose los días y yo no podía dejar de pensar que aquello iba a acabar como en los cuentos de hadas. Recuerdo cómo un extraño sentimiento se apoderó del cuento y poco a poco todo fue cambiando y el sol ya no brillaba porque una oscura nubecita se lo impedía. Recuerdo cuando volvimos a hablar del tema, acostados frente a frente bajo los ojos de un tímida bombilla que iluminaba diagonalmente una parte de tu cara y cómo aquella noche no dormí sobre mi colchón sino encima de una estrella. Recuerdo cómo los momentos buenos dejaron paso a los malos. Recuerdo cómo poco a poco comenzamos a separarnos y a penas podía sentirte. Recuerdo ir caminando por las calles de la Gran Ciudad con tu brazo agarrado al mío simulando que te sucedía lo mismo que a los protagonistas de la peli que acababámos de ver y cómo aquel instante me pareció inmejorable. Recuerdo cómo tus abrazos me resultaban fríos y aquello se me clavaba bien adentro. Recuerdo miles de segundos dedicados en mi pensamiento a tu mirada, tu sonrisa, tu pelo, tus labios, tus bellas manos con sus para mi inmejorables deditos. Recuerdo lo bonito que era poder ver reflejada la luz de la pantalla de cine en tus ojos en mitad de la oscuridad. Recuerdo cómo deseaba besar cada uno de tus barros. Recuerdo cómo comencé a sentir que ya no podía volver a empezar, que no había vuelta atrás, que habíamos perdido aquello que un día sí tuvimos, aquello que era suficiente para los dos. Recuerdo cuando después de muchos meses mi cuerpo necesitó derramar lágrimas y cómo aquello me alivió y a la vez me advirtió de que definitivamente algo no iba bien en mi alma. Recuerdo cuando entre mi brazo derecho y yo nos dimos cuenta, aunque él ya hacía tiempo que lo sabía, que había llegado el momento de alejarme físicamente de ti.
Recuerdo lo duro que fue tomar aquella decisión por todo lo que suponía, por todo lo duro que iba a ser y está siendo y por todos los cambios que en mi vida supondrían. Recuerdo en todo lo que pensé en cómo eso te afectaría y cómo sabía que tú no lo verías así. Recuerdo lo duro que fue decírtelo y cómo tuve que contenerme las lágrimas. Recuerdo lo duro que fue decirte una y otra vez que ya había tomado una decisión y que no podía seguir. Recuerdo cada uno de los sentimientos que tuve mientras hacía mi maleta y cómo mi corazón brincó cuando escuché la puerta y el sonido típico de tus pasitos. Recuerdo tu cara, mirándome mientras terminaba mi maleta y cómo me decía que me quedara. Recuerdo que no quisiste despedirte aquella noche y tuve que esperar hasta la mañana siguiente, hasta tu último intento porque me quedara. Recuerdo aquel último abrazo que nos dimos y te recuerdo alejándote por el pasillo en aquella última vez que nos vimos. Recuerdo cómo se me escapó un lágrima cuando el tren inició su marcha y con ella la mía y cómo todos estos y muchos más pensamientos me vinieron en esos momentos a través de miles de diapositivas que forman ese álbum de sentimientos que ahora eres tú. Te sigo recordando y te recordaré pero ahora necesito abrir un nuevo álbum, con nuevas imágenes, nuevas ideas, nuevos proyectos, del que espero muy pronto formes parte ocupando un nuevo lugar en el que todos estos recuerdos no sean más que parte del pasado y tus nuevas diapositivas me vuelvan a traer un cielo despejado sin nada más allá que el simple horizonte.
Recuerdo lo nerviosa que estabas cuando volví de las vacaciones navideñas y lo que disfruté en los días previos a éstas preparando tus regalos. Recuerdo tus miradas en la noche de fin de año aún estando bajo los efectos sedantes del tío JB. Recuerdo los celos incontrolables hacia franceses y suizos y cómo ese sentimiento me llevaba a odiar a personas a las que no conocía. Recuerdo miles de discusiones que tuvimos y el horrible sentimiento de profundo dolor por una vez más haber dicho o escuchado cosas que nunca debieron salir de nuestras bocas. Recuerdo el día en que decidí abrirme a ti y contártelo todo y cómo siempre había un problema que lo evitaba. Y por supuesto recuerdo el día en que te escribí un email para decirte que ante la dificultad para hacerlo en persona no me quedaba otra que hacerlo por ese medio. Recuerdo al día siguiente de haberte enviado el email que discutimos por unos aros de cebolla y yo estaba seguro que aquello era tu reacción al contenido del mismo cuando en realidad se trataba de un día bajo los efectos de las nubes grises. Recuerdo tu cara al día siguiente de esa discusión, mucho más cercana, algo más picara y recuerdo ese "ayer leí tu email". Recuerdo la conversación que vino después y cómo por un momento mi corazón hacia un pum, pum, pum, diferente al habitual como si por él no fluyera sangre sino el agua que emana la mismísima fuente de la vida. Recuerdo cómo fueron sucediendose los días y yo no podía dejar de pensar que aquello iba a acabar como en los cuentos de hadas. Recuerdo cómo un extraño sentimiento se apoderó del cuento y poco a poco todo fue cambiando y el sol ya no brillaba porque una oscura nubecita se lo impedía. Recuerdo cuando volvimos a hablar del tema, acostados frente a frente bajo los ojos de un tímida bombilla que iluminaba diagonalmente una parte de tu cara y cómo aquella noche no dormí sobre mi colchón sino encima de una estrella. Recuerdo cómo los momentos buenos dejaron paso a los malos. Recuerdo cómo poco a poco comenzamos a separarnos y a penas podía sentirte. Recuerdo ir caminando por las calles de la Gran Ciudad con tu brazo agarrado al mío simulando que te sucedía lo mismo que a los protagonistas de la peli que acababámos de ver y cómo aquel instante me pareció inmejorable. Recuerdo cómo tus abrazos me resultaban fríos y aquello se me clavaba bien adentro. Recuerdo miles de segundos dedicados en mi pensamiento a tu mirada, tu sonrisa, tu pelo, tus labios, tus bellas manos con sus para mi inmejorables deditos. Recuerdo lo bonito que era poder ver reflejada la luz de la pantalla de cine en tus ojos en mitad de la oscuridad. Recuerdo cómo deseaba besar cada uno de tus barros. Recuerdo cómo comencé a sentir que ya no podía volver a empezar, que no había vuelta atrás, que habíamos perdido aquello que un día sí tuvimos, aquello que era suficiente para los dos. Recuerdo cuando después de muchos meses mi cuerpo necesitó derramar lágrimas y cómo aquello me alivió y a la vez me advirtió de que definitivamente algo no iba bien en mi alma. Recuerdo cuando entre mi brazo derecho y yo nos dimos cuenta, aunque él ya hacía tiempo que lo sabía, que había llegado el momento de alejarme físicamente de ti.
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1 comentario:
Vaya declaración de sentimientos, Socio... Te diría muchas cosas, pero estoy terriblemente emocionada y creo que las lágrimas podrían estropear el teclado.
Lo he leído tres veces seguidas, sin ser capaz de despegar mi mirada de la pantalla, sintiendo cada palabra en lo más profundo de mis pupilas.
Emocionada y triste, por tu dolor; emocionada y feliz por tu mirada hacia delante.
Simplemente emocionada, por la belleza del sentimiento sincero, ése que se nos escapa entre líneas, ése que confesamos a gritos entre las letras, ése que nos lleva a amar.
Te diría tantas cosas... pero creo que tú ya lo has dicho todo hoy.
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