Adrián está sentado en una silla junto a la cama de su padre en una habitación de hospital. El habitual silencio en sus vidas esta vez no se rompe por una discusión sino por una conversación entre dos personas que son conscientes que puede ser la última.
Adrián - Padre, usted y yo nunca hemos hablado mucho. Especialmente cuando murió mamá y no sé si este es o no un buen momento pero creo que aún no es tarde. Padre me gustaría que antes de que se marchara usted se llevara un buen recuerdo de su relación conmigo y yo quiero recordar que al final usted y yo fuimos capaces de mirarnos a los ojos, olvidarnos de las rectitudes, de las normas, de todos los pesares que han marcado su vida y que seamos un padre y un hijo más.
Padre - Hijo, yo ... (se detiene, en un intento de controlar la emoción que le impide hablar), yo siento haber sido tan duro. Pero, solo quería ... yo solo quería prepararte para este mundo. La vida es muy dura Adrián.
Adrián - Lo sé, padre, la estoy conociendo poco a poco.
Padre - Adrián, la muerte de tu madre fue un momento muy duro para mí. Tu madre estaba tan bien, tenía tantos años por delante.
Las lágrimas y los sollozos se intensifican. Por primera vez en su vida Adrián observa a su padre llorar ante él. El hombre está completamente desmoronado, las lágrimas que tantos años han sido reprimidas salen ahora como un torrente y se deslizan entre los surcos de la cara regando la piel áspera por los años de sequía.
Adrián - Lo sé, padre. Para todos fue muy duro asumir que mamá había muerto. Yo solo tenía doce años y ya sabe que mamá y yo teníamos una relación especial. Cesar estaba en una edad complicada, y además de asumir su pérdida tuvo que sustituir en algunos campos el espacio dejado por ella. Pero usted perdió a su mujer, su compañera, la persona que le equilibraba. Tal vez la única mujer de su vida.
Padre - Sí, tu madre fue la única.
El silencio vuelve a generarse entre ellos dos pero esta vez no hay tensión. El estallido de emoción ha creado esta vez un estado de confianza y cordialidad entre padre e hijo. Ambos lo sienten, por eso cuando Adrián coge a su padre de su mano derecha el padre recuerda el día en que en algún lugar de aquel mismo hospital su hijo recién nacido agarraba con su pequeña mano uno de los dedos del padre.
Adrián - Recuerdo que de pequeño me encantaba escucharla contarme una y otra vez la historia del día que os conocisteis. Pero nunca le he escuchado hablar de aquel día.
Padre - Aquel día sobreviviría en mi recuerdo incluso al olvido de la vejez. Aquel fue el día que mi vida cambió.
Adrián - Me gustaría mucho que me lo contara.
Padre - ¿En serio?
Adrián - Nada me gustaría más.
Padre - Bueno, pero que sepas que te has aprovechado de mi y de mi estado.
Padre e hijo ríen juntos por primera vez en muchos años. Aquel momento formaría parte del colectivo de recuerdos de Adrián para toda su vida. Dos días después el padre falleció.
1 comentario:
Hace muchos años, cerca del Submarino Peral, me contaste por primera vez lo que había en tu cabeza respecto a "Un billete de esperanza"... incluso te he regalado una pluma y un libro en blanco para que lo escribas... tantos años amando a Adrián, tantos años conociendo a Mai, tantos años anhelando recibir ese billete de 5 euros...
No lo dejes ir.
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