miércoles, noviembre 03, 2010

Mis aventuras en Sapanā

En la vida de cada uno hay días que siempre se recuerdan incluso a pesar de que hayan pasado muchos, muchísimos años. Yo recuerdo cientos de días de mi vida. Y recuerdo unos pocos de mi infancia pero hay uno que no olvidaré jamás. Los acontecimientos que ocurrieron a partir de aquel día cambiaron para siempre mi vida y la manera de vivirla. Aquel fue el día en el que viajé por primera vez a un lugar mágico en el que no existen los límites, los imposibles, un lugar en el que el sueño se vive despierto, un lugar en el que se cruzan mundos que nunca hubiera imaginado. Esa tierra, llamada Sapanā, fue desde aquel día mi único y verdadero país.

Pero como te estaba contando todo comenzó un día de noviembre. Era un día lluvioso, oscuro, triste, de esos en los que es mejor estar en casa recogido a la espera de que la lluvia pare y poder salir a jugar con Jon y Shalim. Normalmente en este tipo de días mi madre me permite quedarme en casa. Cuando tenía cinco años una vez estuve varios días con fuertes fiebres y según me contaba mi madre estuve no demasiado lejos de morir. Desde aquel día mi madre siempre que llovía o las temperaturas eran muy bajas me permitía quedarme en casa. Sin embargo, mi abuelo llevaba ya varios meses hospitalizado y no había nadie que se pudiera quedar en casa conmigo y con Tom, mi hermano pequeño. Así que aquel primer día lluvioso de la temporada no tuve más remedio que ir al colegio.

Pasé toda la mañana mirando cómo llovía desde mi clase. No pudimos salir al patio y en el pabellón no había espacio para todas las clases. Yo no tuve la suerte de ir a uno de esos colegios religiosos con grandes instalaciones. El Instituto Gandhi disponía de unas clases en las que la calefacción funcionaba cuando funcionaba. Y aquel no fue uno de esos días. Sin embargo, yo no podía alejarme de aquella ventana. Los días lluviosos como aquel mi abuelo solía contarnos sus viajes por los mares de la India y cómo en días tormentosos el barco en el que navegaba luchaba titánicamente contra las fuertes olas de hasta ¡¡20 metros!!. La verdad es que yo por entonces no era muy consciente de cómo de grande podía ser una ola de veinte metros pero por los gestos de mi abuelo a mi me parecían auténticos monstruos marinos.

Continuará ...

3 comentarios:

niña noe dijo...

¿has leído cometas en el cielo o el contador de historias? sutilmente, recuerdan un poco a ellos...

mule dijo...

imagino que me lanzas esa pregunta sabiendo de antemano que mi respuesta va a ser que no. pero esto es el inicio de algo demasiado grande que hay en mi cabeza (bueno dentro de ella)y que como tarde en parirlo tanto como "Un billete de esperanza" tal vez necesite un par de vidas

niña noe.- dijo...

bueno, existimos los que anhelamos que A.C.B. y Mai por fin cobren vida... ¿por qué no hacernos fans, también, de este nuevo aventurero?

p.d.: sabía que no te los habías leído, eran simples referencias literarias...