- Hoy te veo un poco apagada
- Claro, ¿cómo quieres que esté?
- Pero, ¿te pasa algo?
- Pues claro, Washington, claro que me pasa. Hace ya una semana que compramos la libreta y dos que decidimos que nos íbamos a La Tierra y míranos aquí seguimos tumbados en un banco.
- Pero, mi estrella, si es que ya te dije que la nave de mi padre estaba averiada y yo ahora mismo no tengo dinero suficiente para comprar una ni de enésima mano.
- Pero si no te estoy pidiendo eso. Si yo tampoco tengo dinero suficiente y aunque juntásemos tus unidades monetarias con las mías no nos llegaría ni para una pieza del motor.
- No te preocupes, estoy seguro que de aquí a poco todo nos va a salir bien. Lo sé.
- Además estoy harta de ver por todos lados la imagen de George Bush VI y de escuchar lo bueno y generoso que fue con todos nosotros al permitirnos vivir en Einstein y salvarnos de la muerte segura en la que se había convertido La Luna.
- Bueno, tengo que darte una buena noticia.
- ¿sí?
- Estoy yendo a clases de escritura
- ¡Washington! (me besó)
- No veas lo difícil que es hacer signos mínimamente legibles con ese palito, pero me ha dicho el profesor que tal vez en un par de semanas mi cerebro y mi mano se lleven mejor.
- ¡Qué listo que es mi chico! Y sin necesidad de soportes de datos externos. Me siento orgullosa de ti. Y creo que día a día te vas demostrando que sí eres capaz de aprender nuevas materias sin todas esas maquinas.
La vi tan feliz que a penas fui capaz de decirle que en ocasiones sí tuve que acudir a soportes de información externos para avanzar. Pero lo cierto es que tenía toda la razón, estaba comenzando a darme cuenta de que aunque de manera mucho más lenta también se podían tener nuevos conocimientos. Comencé a sentir una alegría por dentro cuando a la cuarta semana ya fui capaz de escribir correctamente mi nombre sin necesidad de los puntitos iniciales. Además en aquellos talleres de desconectados comencé a conocer a otras personas que como Lisboa trabajaban por la recuperación de algo de lo que por aquella época yo no era consciente. Ella quería que yo escribiera nuestro futuro cuaderno de bitácora como lo hacían los antiguos navegadores de naves acuáticas, a mano. Y yo no podía negarme ante sus ojos tiernos y su sonrisa de humano asexual con alas.Traducción al castellano de Waikato Schopenhauer, profesor de Historia Lunar de la Universidad de Saturno.
1 comentario:
estoy enganchada.
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